Fotopress: Diego A. Manrique

Autor:

«Más que los títulos en sí, lo que importa es que compré discos –EPs y LPs– antes de tener un tocadiscos. Lo cual da una idea de lo seriamente tocado que estaba»

 

Aquí está el Fotopress más esperado, el de ese señor al que casi todos reconocemos como el maestro del extraño oficio de periodista musical, Diego A. Manrique, la enciclopedia andante: Sería inaguantable si no tuviera ese punto de desconcertante socarronería. Su biografía es tan extensa que resulta imposible condensarla, baste decir que en la actualidad se le puede leer en «El País», que, aunque a veces le duela, es el padre de EFE EME y que hace siete meses que el director de RNE le (nos) quitó su «Ambigú».


Foto: PACO MANZANO.


Fecha y lugar de nacimiento.
Simbólicamente, quiero pensar que nací el 6 de abril de 1923, en Richmond (Indiana). Allí y entonces fue donde Louis Armstrong grabó su primer disco como solista, comenzando la reinvención de la música afroamericana que nos ha llevado hasta aquí.

¿Qué música sonaba en tu casa cuando eras niño?
Mi padre había sido violinista pero no era melómano. Sonaba la radio: copla, boleros, ‘La vaca lechera’, etc. Hasta que un día capté una emisora francesa que estaba emitiendo un concierto de los Beatles desde el Olympia…

¿Cuál fue el primer disco que compraste?
Más que los títulos en sí, lo que importa es que compré discos –EPs y LPs– antes de tener un tocadiscos. Lo cual da una idea de lo seriamente tocado que estaba.

¿Y el último?
Aunque sea muy patoso en la pista, me gusta la música de baile. Acabo de pillar una recopilación de Ace, «Land of 1000 dances-Special soul & funk edition».

Selecciona tres discos internacionales esenciales de tu colección.
«O gringo», de Bernard Lavilliers. Lo atesoro en tres versiones: LP sencillo, LP doble y CD. Es un favorito personal e intransferible: Cuenta vivencias muy parecidas a las que yo experimenté viajando por América.

Selecciona tres discos nacionales esenciales de esa misma colección.
«19 días y 500 noches», de Joaquín Sabina. Tengo la edición española, la argentina y el libro-disco de «El País».

Un disco doble al que no le sobra nada.
¿No vale el doble de Lavilliers? De acuerdo: el «Grayfolded», de John Oswald/The Grateful Dead.

Un grupo o cantante a quien rescatarías del olvido.
Milagro, el grupo donde estaba Chema Rey. Su (único) single no les hacía justicia.

¿Cuál fue el primer concierto al que asististe?
Un grupo de Valladolid, allá por 1968. Como muchos de los conjuntos españoles de entonces, estaban muy marcados por el Spencer Davis Group y sus interpretaciones tenían pellizco.

¿Y el mejor concierto que has visto?
Espero no quedar demasiado esnob si elijo un ensayo de la «bateria de la escola de samba de Mangueira» en Río, hacia 1990. Al impacto físico de escuchar aquella música feliz brotando a diez metros de mis orejas no era ajeno el mujerío que pululaba por aquel hangar. Alguien me sacó de allí un minuto antes de que mis entusiasmos me pusieran en peligro mortal.

Elige y razona tu elección:

Serrat/Aute.
Joan Manuel ha hecho muchas más canciones universales que Aute. Pero el modelo de artista de Luis Eduardo –investigador, experimentador, flexible– es admirable. Aute parece vivir en el siglo, lo que no puedes decir de Serrat.

Sabina/Calamaro.
Aunque no lleve una gran racha en los últimos años, me quedo con Andrés. Joaquín parece que ya ha renunciado a hacer música vital: el personaje se ha comido al creador.

Nacha Pop/Los Planetas.
Me parece que llevo toda la vida nutriéndome de Nacha Pop. No obstante, han llegado a saturarme por la beatería de sus propagandistas, empeñados en santificar a Antonio Vega. Los Planetas casi siempre son estimulantes en disco y no se desgastan tan brutalmente.

Nacho Vegas/Quique González.
Un problema: ambos han desarrollado unos manierismos muy incómodos.

La Mala/La Bien Querida.
La Bien Querida es un futurible muy atractivo. La Mala es una realidad: tiene obra potente pero, ay, lo fastidia cuando habla y suelta tantas necedades.

Jacques Brel/Serge Gainsbourg.
Tengo la integral de Brel y menos discos de Serge. Pero la amplitud de registros de Gainsbarre es tan deslumbrante que, oye, igual me equivoqué al comprar la caja. Pedro Calleja tenía la idea correcta: iba a la FNAC (cuando era una buena tienda de discos) y se compraba los CDs de Gainsbourg de dos en dos. Las cajas lucen bonito pero los discos sueltos se escuchan mejor.

Frank Sinatra/Elvis Presley.
No hay color. Por volumen de grabaciones, por finura de los acompañantes, por categoría de los compositores… Frankie.

Marvin Gaye/Bruce Springsteen.
Han envejecido mejor los discos clásicos de Marvin. Que conste que tengo simpatía por Bruce desde que escuché ‘Rosalita’ en 1974.

Tom Waits/Lou Reed.
Dicen que en el mundo del rock hay dos tipos de personas: las que aman a Lou Reed y las que se han encontrado con él.

Michael Jackson/Prince.
Ambos son/eran imposibles. Sin embargo, la carrera y el modus operandi de Prince resultan mucho más fascinantes.

The Rolling Stones/The Velvet Underground.
¡Esto no es serio!

Bob Dylan/John Lennon.
Los dos hicieron su música más extraordinaria en los sesenta y enloquecieron en los setenta. Supongo que me identifico más con John.

Neil Young/Elvis Costello.
Neil. Es un artista tosco y le vendría bien algo del autocontrol de Costello pero es emocionante verle tropezar, caerse en el barro y volver a probar con algo igualmente imposible.

Youssou N’Dour/Fela Kuti.
Me intriga más el salvajismo vital y musical de Fela, aunque sé que era mala gente.

¿Por qué decidiste dedicarte a la crítica musical?
No había prácticamente nada de crítica de rock en España cuando yo empecé (sí, ya sé, me vas a citar dos o tres nombres de aquella época pero, ¡no me hagas hablar!). Estaba tan indignado con lo que se publicaba que me ofrecí a demostrar lo que se podía hacer, ¡y me tomaron la palabra!

¿Quién fue tu maestro periodístico?
Es muy estimulante leer lo que se hace fuera de la crítica musical. Por ejemplo, me encantaban los escritos cinematográficos de Pauline Kael, textos largos para «The New Yorker», que luego se juntaban en libros con títulos pícaros. Me divertían por su belicosidad y su capacidad para comprometerse. Y también por una enseñanza profesional: Se dejó seducir por los cantos de sirena de Warren Beatty, terminó en Hollywood y allí fue triturada. Traducción a nuestro campo: con la industria y los músicos, las mínimas relaciones.

Un equipo de fútbol.
El FC St. Pauli. Hinchas antifascistas, atmósfera rockera, presidente homosexual, jugadores sufridos. Y vienen del barrio de las putas de Hamburgo, la verdadera academia para los Beatles.

Un político.
Me gusta leer sobre los malos, incluso sobre los malvados. Napoleón, Stalin, Hitler, Mao, Sadam Husein, Churchill. Sí, Winston Churchill tuvo su momento de gloria cuando se plantó frente al Tercer Reich pero fue el cabrón que impidió que los Aliados derribaran a Franco en 1945.

Una ciudad para vivir.
En plan política-ficción, La Habana sin los Castro… y sin mirar a Miami. Pero también podría decir San Francisco. Hasta tienen una gira para visitantes que te permite recorrer los lugares relacionados con «El halcón maltés». Y una de las mejores tiendas de discos del mundo: Amoeba.

El disco que detestas y que despierta alabanzas entre tus compañeros.
El último «hype» de Pitchfork.

¿Vinilo, CD o mp3?
Da lo mismo, a no ser que tengas una bonita mansión con una gran habitación para audiciones perfectas.

La película que nunca te cansas de volver a ver.
Uno de estos días voy a revisar el «Apocalypse now redux». No, «Goodfellas»: si alguien conoce una mejor combinación de música, imágenes y paranoia farlopera que el recorrido de Ray Liotta haciendo sus últimos recados como mafioso, que me avise.

El libro que nunca te cansas de releer.
Los de Guillermo Brown. O «La conjura de los necios», de John Kennedy Toole: el otro día pillé una edición en inglés y me lo estoy reservando para un fin de semana tranquilo.

Una serie de televisión.
Por profilaxis, no tengo televisión. Veo algo de tele, incluyendo series, en casas de amigos. Disfruté largos meses con «Los Soprano».

Si estuviera en tus manos elegir la música que suena en los supermercados, ¿qué discos seleccionarías?
Nada de música. En todo caso, esos discos de “nature sounds”: lluvia, olas tranquilas, viento en el bosque, pájaros y arroyos, selvas… ¡Vacaciones para los oídos!

Anterior entrega de Fotopress: Fernando Navarro.

Artículos relacionados