Fito Páez: Trabajando sin descanso

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Fito Páez<br /> Trabajando sin descansoEstamos de enhorabuena: Tras varios años sin que su obra conociera edición en España, el nuevo disco de Fito Páez, el directo No sé si es Baries o Madrid, se edita en nuestro país. Oportunidad que no dejamos escapar para entrevistar a este genial músico –lo de rockero hace tiempo que le viene pequeño– argentino. Uno de los más grandes.

Texto: JUAN PUCHADES.

En los últimos días de su reciente gira española, «bastante cansado y goleado», contactamos vía telefónica con Fito Páez, mientras descansa, o no, en algún hotel entre concierto y concierto. Habla con rapidez y a la primera pregunta le dedica cinco minutos de respuesta pormenorizada. Explica cómo se llegó a la grabación de No sé si es Baires o Madrid, un disco (con DVD), grabado en directo en abril de 2008 en Madrid, en el que contó con la colaboración de Ariel Rot, Diego del Morao, Gala Évora, Joaquín Sabina, Marlango (con Leonor Watling cantando en castellano) y Pereza (además de Mavi Díaz), mientras repasaba algunas grandes canciones de su repertorio acompañado únicamente de su piano y su voz.

En este disco en directo, continúas la línea abierta en Rodolfo que era trabajar tú solo con tu piano –en Moda y pueblo ya hiciste algo parecido, pero con cuarteto de cuerda–, ¿te sientes cómodo con este formato?
En realidad Moda y pueblo fue el comienzo de un laboratorio que empezó antes: en Circo Beat [su estudio de grabación] hice sesiones con gente, sin gente, con diferentes pianos, probando repertorios de otros autores, probando música mía; algunos temas, incluso, en trío, con contrabajo y batería, desligándome un poco de la banda, de la gran banda. Poco después, todo eso terminó, por esas cosas del destino, en un concierto que preparamos con Gerardo Gandini para la Biblioteca Nacional, donde hicimos un repertorio como de quince temas con mi piano y un octeto de cuerda, eso después derivó en Moda y pueblo. Y trabajamos dos años en vivo con Moda y pueblo, que me fue afilando también al trabajar con el piano, con una orquesta, sin tempo, cantando a palo seco, y eso derivó después en Rodolfo, que fue en realidad el anhelo de muchos años por hacer un disco solo. Pero lo que fui encontrando con el tiempo fue que quería hacer un disco solo pero con canciones nuevas, no quería hacer un disco de otros autores. Entonces, en la mezcla de ¿De quién es el portaligas? [el segundo largometraje de Páez como director], que es el momento menos indicado para hacer un álbum, llegaba todas las noches a mi casa y me ponía con el piano, y en dos semanas había compuesto todo el álbum. En las siguientes dos semanas terminé la película, y cuando terminé la película grabé el disco en mi casa. A partir de ahí empecé a tocar solo en vivo, y ya llevo así casi un año y medio. En el medio de todo eso, a Afo Verde, productor de Sony, se le ocurrió hacer algo con piano y voz, con el formato de Rodolfo pero con temas clásicos. La idea era buena, y durante la gira de Rodolfo me preparé los viejos temas y llegó el momento de decidir dónde lo grabamos y no era cosa de grabarlo yo solo en mi casa, entonces pensamos grabarlo en la gira y nos agarró en España. Llegamos a Madrid y el día que llegamos llamamos a todos los colegas y estaban todos disponibles para hacerlo. Así que en medio de la gira me tuve que ir y venir de la ciudad donde estaba tocando para ensayar con ellos. Fue una experiencia maravillosa, de hecho, fue de esas noches donde se alinean todos los planetas y las cosas funcionan tan bien que merece la pena sacar un álbum.

Desde Abre, has ido cambiando el sonido de tu obra, fuiste dejando aquellas producciones más ampulosas, casi spectorianas, y fuiste hacia una sonoridad más directa.
Claro, son otras formas. Eso es permanente, siempre estás intentando buscar algo que no conozcas, intentar investigarlo y ver qué aprendes.

No sé si es Baires o Madrid es un disco que, visto desde fuera, parece pensado claramente para el mercado español.
Sí, eso es lo que puede parecer, pero está lo más lejos de ello que te puedas imaginar [risas].

Por lo tiempos que se han manejado para editarlo, eso parece: Se grabó hace un año en Madrid, en Argentina se publicó en septiembre, y funcionó muy bien, pero aquí ha salido ahora, un año después de la grabación.
Por eso te digo que no hubo ninguna estrategia, nos tocó grabar acá, teníamos buena tecnología, teníamos buenas cámaras y un lugar precioso. Y pensamos «llamemos a algún colega», pero el mismo día que llegamos, y el disco se grabó a la semana. Fue la casualidad.

Es decir, fue bastante improvisado.
Pero no bastante, ¡absolutamente! Salvo los ensayos que tuvimos que realizar, por supuesto.

Acabó siendo un disco de invitados, ¿conocías a todos los colegas que participan o te echó una mano la discográfica?
A casi todos. A Gala Évora sí, porque me habían hablado de ella hacía un tiempito, y vi Lola, la película; me llamó la atención y me llevó a buscar algunas cositas de ella en internet y me gustaron mucho. Cuando llegamos a Madrid, pedí que la llamaran y vino encantada, con Marina Sorin, que es un chelista argentina extraordinaria. A Los Pereza no los conocía y me los presentó Paco Martín [de Sony], que es un viejo lobo de mar muy simpático, me cayeron muy bien; fue precioso, me recordaban a los Tequila de los años 80 «aggiornados», escuché sus discos durante la gira y me gustó el sonido que tenían, son una banda muy ajustada y muy elegante. A Dieguito del Morao, por supuesto; también quería hacer algo con él, pero no sabía qué tema, nos metimos una tarde en Casa Limón a pasar música y quedó esa canción, también grabamos una versión de «Circo Beat» que ahora no recuerdo si está en el DVD [no, no está]. Con Ariel [Rot], imagínate, es como tocar en casa. Con Joaquín [Sabina] tuvimos un almuerzo divino y ensayamos en su casa.

¿Os habíais reencontrado ya?
Sí, en un concierto suyo en el estadio de Boca Juniors.

¡Es verdad!
Y nos reencontramos aquí el mediodía antes del concierto. Y justo estaba Pablito Milanés por acá, pasaba por aquí Pablo, pero dos días, y se vino al concierto. De los Marlango conocía a Leonor [Watling], por supuesto, y conocía uno o dos temas que eran muy diferentes a lo que después terminamos haciendo en el concierto.

Es precioso lo de los Marlango en el disco.
Sí, sí, es muy hermoso, son chicos muy elegantes, y Leonor canta maravillosa. Es extraño explicar esto, porque fue como tocar con gente a la que conoces de toda la vida, y en realidad los acababa de conocer. Fue una hermosa química.

¿No te fuiste poniendo nervioso, porque estás hablando de un proceso muy rápido en el que podía haber salido así de bien o podía haber salido de otro modo?
No, los problemas en la vida son otros, no son tocar el piano y cantar; es verdad, eso es parte de tu vida, por supuesto que lo tienes que hacer bien con quien sea. Pero con la idea del registro, el día del concierto sí estaba un poco nervioso porque nunca había tenido la rutina de tener tantos invitados en una misma noche y estaba muy muy atento a todo, mucho más que siempre. Porque, imagínate, el formato del piano te da mucha libertad, estás muy solo y haces lo que quieres, y cuando tienes tantos invitados casi que es como tener una banda.

O sea, cuando estás tú solo con el piano te permites más libertad en escena.
Sí, cambias la lista, cambias los tonos, alguien del público te pide un tema y lo cantas en el medio de otro. Aquí, de alguna o de otra forma, tuve que ajustarme a un guión, y funcionó.

En principio, viniendo del rock, se podría pensar que es muy duro verte a ti solo con el piano, pero funciona muy bien, y el espectáculo no decae.
El tema es cómo haces la música, en realidad siempre todo arranca en una habitación con un piano y un tipo cantando y escribiendo. No es algo que no sea habitual, de hecho es la forma que más conozco porque, en realidad, es donde más tiempo he pasado: En soledad y al piano. Claro, al mostrarlo en un escenario las cosas adquieren otra dimensión, otro volumen, los silencios, el tiempo entre tema y tema, los cambios de tono, de ritmo, por supuesto eso sí fue nuevo. Pero el hecho de estar con el piano es como si voy a tu casa en tu cumpleaños y animo la fiesta; es más, ¡te ofrezco mis servicios por muy poco dinero! [risas].

Venga, vamos a verlo.
Sí, a ver si así termino haciendo algún negocio en España…

Sí, porque tu relación relación con España es bastante rara: Los años 90 parecía que iban a ser tu puerta de entrada, luego aquel momento que se antojaba el ideal, que fue la grabación del álbum con Sabina, Enemigos íntimos; luego te haces independendiente, regresas a una multinacional… y tus discos dejan de salir aquí. Me parece increíble que El mundo cabe en una canción o Rodolfo no se hayan editado en España.
Mira, es tan complejo el mundo en este momento… siempre lo fue, por supuesto. Pero es muy difícil leer todo, en ese sentido la vida tiene devaneos, tienes tus amigos, tus hijos, la familia, las familias que se van moviendo, que van cambiando. A veces hay cosas que se pueden hacer y otras no, hay momentos también. Entonces, creo que el vínculo está fuerte con España en el sentido de que yo vengo aquí y me siento como en casa, pero por otro lado es cómodo este momento aquí porque puedo salir a caminar por cualquier ciudad de España, y eso también es muy relajado, está muy bueno. Después, que la cosa no haya explotado para el gran público… también puede ser porque mi música no sea una música para mucha gente, y eso también entra dentro de las reglas del juego.

¿Al final será verdad que la distancia es el olvido?

No, porque hacer música no se trata de vender discos, de hecho la expresión musical es un lenguaje de una profunda intimidad, tenga la forma que tenga, compleja o sencilla, entonces eso, a veces, en unos lugares pasa y en otros no tanto. Como también hay lugares, como Colombia, Brasil o Chile que sin tener discos editados he tocado en estadios de fútbol. También puede ser cosa del lenguaje, de las formas que tiene cada lugar, también hay que pensar sobre eso. Y España tiene su forma, no es mejor ni peor que otro lugar, tiene su forma específica que requiere unos elementos que, a lo mejor, mi música no tiene. Está más acotada a un público más pequeño.

EL CINE Y LAS MANOS

Comenzaste a dirigir películas cuando ya tenías una carrera muy sólida detrás, cuando eras un ídolo de multitudes, ¿porqué dar ese paso, qué te aporta el cine que no te aporte la música?
Precisamente por eso, porque tienes el lugar tan instalado que el cine es como empezar de nuevo todo. Puede ser un desafío. Por supuesto que la música, como el cine, son lenguajes, por cierto muy complejos, y nunca terminas de aprenderlos y de aprender con ellos. Pero como desafío personal, el hecho de iniciarme en una nueva disciplina era un desafío personal, era ver cómo aplicar lo que sé en la vida para contar una historia y seguir también conociendo cosas y también para aprender cosas nuevas: A ver cómo se tira un tipo de un séptimo piso y que no se mate pero que parezca que sí se mata; y en el inmediato momento posterior resucitarlo. Aprendes mucho de cómo hacer ciertas cosas.

¿Vas a seguir dirigiendo cine?
Sí, ahora acabo de terminar la primera versión de un libro [guión] nuevo. Así que supongo que eso va a tener diez versiones más hasta que se empiece a mover. Con un poco de suerte, de aquí a un año empezaré a pensar en hacerla.

Qué tiempos se manejan en el cine.
Sí, este guión lo tenía escrito hace veinte años y por cuestiones técnicas en ese momento no se podía realizar porque habían pasado una cantidad de cosas que el proyecto quedó parado. Y ahora, después de muchos años, entre otros tantos que estuve escribiendo, volvió a cobrar fuerza y lo retomé hace unos meses y ahora ya estoy con el primer libro.

A finales de mayo tocas en Buenos Aires, en el Luna Park, y con banda eléctrica, ¿no?
Sí, con los Killer Burritos.

El grupo de Coki.
Sí, te diría que es uno de los mejores grupos de rock que hay en el mundo, con un sonido, una claridad y una precisión alucinantes. Somos el cuarteto de ellos y yo que toco guitarra eléctrica, piano y Hammond, es un sonido de rock. Cero parecido a lo que eran las bandas de El amor después del amor o Circo Beat, que eran más sinfónicas, si quieres, o más poperas. Esto va a ser más sonido de rock.

¿Es el avance de una nueva gira o va a ser un concierto exclusivo para esas dos noches?
No, esa es otra cosa sui generis que nace en el medio de todo eso que te conté antes: Teníamos la presentación de la película ¿De quién es el portaligas? y la banda de Coki hizo uno de los temas principales y tocaba en la película. Entonces, cuando presentamos la película en Rosario nos ensayamos una decena de temas y tocamos esa noche. Y después resultó que también tocamos otro aquí y otro allá y después hicimos un concierto para un montón de gente, y otro en Rosario para 30.000 personas al aire libre en el monumento a la bandera, luego Buenos Aires en un festival, después hicimos Chile, tocamos en Colombia… y ya teníamos un sonido de banda. Así que pensamos en hacer un par de Luna Park, que surgió en medio de todo.

Es decir, es un proyecto que venía de atrás.
Sí, son esas cosas que mientras vas pintando un cuadro, vas haciendo otro.

Veo que tienes muchas manos.
Sí, y me gustaría tener más para, incluso, ¡masturbarme! Tengo que dejar de pintar algún cuadro para poder hacerlo [risas].

¿Tienes nuevo disco en proyecto?
Sí, estoy bastante avanzado con él, tengo una decena de canciones que me gustan y a mitad de año, en agosto, me meteré a grabarlo.

DISCOGRAFÍA DE FITO PÁEZ

Del 63 (1984)
Giros (1985)
Corazón clandestino (CD-Maxi, 1986)
La la lá, con Luis Alberto Spinetta (1986)
Ciudad de pobres corazones (1987)
Ey! (1988)
Tercer mundo (1990)
El amor después del amor (1992)
Circo beat (1994)
Euforia (1996)
Enemigos íntimos, con Joaquín Sabina (1998)
Abre (1999)
Rey Sol (2000)
Naturaleza sangre (2003)
Mi vida con ellas 1 (directo, 2004)
Mi vida con ellas 2 (directo, 2004)
Moda y pueblo (2005)
El mundo cabe en una canción (2006)
Rodolfo (2007)
No sé si es Baires o Madrid (directo, 2008)

FILMOGRAFÍA COMO DIRECTOR

La balada de Donna Helena (mediometraje, 1993)
Vidas privadas (2001)
¿De quién es el portaligas? (2007)

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