En mi refugio interior, de Pedro Andreu

Autor:

LIBROS

«Cincuenta y dos momentos en el recuerdo de Pedro Andreu que se leen de una sentada»

 

Pedro Andreu
En mi refugio interior
EFE EME, 2020

 

Texto: CARLOS H. VÁZQUEZ.

 

Pedro Andreu no tiene despertador, si acaso «acostador». Y se ha pasado todo este confinamiento escribiendo para dar salida a un montón de reflexiones e historias acerca de su vida que serán del gusto de los fans y coleccionistas (completistas, sobre todo) de Héroes del Silencio.

No obstante, cabría recordar que el batería de Héroes y luego líder de Puravida, DAB (Digital Analog Band, con Luis Sancho) o L4 R3D, entre otros grupos, ya había comenzado a escribir un diario de gira cuando era miembro de Héroes del Silencio, allá por el 93 o 94, en plena época de El espíritu del vino. El extracto que se filtró unos muchos años más tarde prometía un contenido jugoso, quizás más que el que publicaría el propio Enrique Bunbury —mediante el club de fans Las Líneas del Kaos— sobre la última gira de la banda, en 1995, titulado Fragmentos de un diario europeo…, pero el escrito de Andreu no vería la luz finalmente, al menos de manera completa.

Con la aparición de En mi refugio interior, uno pensó que, tal vez, el aragonés se había animado a mostrar aquel diario, pero nada más lejos de la realidad; este libro que ahora presenta con Efe Eme es la muestra vital y actual de un músico que ha vivido tantas vidas como canciones ha tocado (hay, al final del todo, una extensísima lista de temas en los que Pedro ha dejado un poco de sí mismo) y que ha decidido poner negro sobre blanco durante el confinamiento. Tal y como reza en la portada, son «vivencias, recuerdos, aventuras y desventuras de un Héroe del Silencio».

Como es de esperar, las primeras páginas se inician —con lluvia— con la llegada del bueno de Pedro a su casa, el 16 de abril de 1966, un día después de su nacimiento en el hospital San Juan de Dios de Zaragoza. «Mis recuerdos más tempranos no son tan firmes como quisiera…», advierte Andreu, y no solo aquí, sino también a lo largo de todo el libro, escrito con las tripas, de una manera un tanto anárquica, saltando de año en año, volviendo adelante y atrás en el tiempo. Pero esto no es una desventaja, visto de ese modo, ya que esta suerte de memorias han ido escribiéndose según llegaban a la cabeza del músico, y es fácil que del 66 se pase al 86 y luego al 2002, para viajar después desde el 2007 al 1992. Sin olvidar las intervenciones de amigos y compañeros que, en según qué momentos del libro, apuntalan recuerdos olvidados en parte por el protagonista.

Quienes busquen episodios escabrosos o demasiado explícitos deberán saber que aquí no los encontrarán, al menos en abundancia. Noches de chicas —con Enrique Bunbury— huyendo de una piara de skinheads, habitaciones de hotel destrozadas por Juan Valdivia, un incendio en el ático de Pedro Andreu, un trip «espiritualucinógeno» en Huautla de Jiménez, visitas al hospital, encuentros y desencuentros… Algo hay, por supuesto, pero se debe leer entre líneas. Hete aquí una muestra correspondiente a la gira de regreso de Héroes del Silencio en 2007: «Como podéis imaginar, estoy evitando los temas espinosos que ocurrieron durante los preparativos. No creo que haga falta entrar en esos detalles. Me hacen daño y creo que no nos llevarán a ningún lado».

Y otra anécdota, esclarecedora en esta ocasión, referente a la futura separación del grupo, tiempo después, con Pito Cubillas como responsable y Fredi, amigo de Pedro, como narrador: «Bajé a desayunar y todo eran caras largas. Al rato bajó Juan [Valdivia] como si nada. Enrique se marchó y yo salí con él. Paseamos por los jardines del hotel y empezó a decirme que no aguantaba más, que dejaba el grupo, que Pito le había dicho que lo apoyaría en lo que hiciera. Yo intenté convencerlo de que había que ser comprensivos con Juan, que no era tan raro que uno de cuatro no asimilara bien todo lo que les había pasado en poco más de dos años. Al día siguiente volví a Zaragoza con un sabor agridulce. Habían sido unos de los mejores días de mi vida, pero con un triste final. […] Cuando una banda llega a ese nivel de estrés y al mánager lo único que le preocupa es exprimir la teta y comerle la oreja al cantante, ese grupo tiene los días contados».

Cincuenta y dos momentos en el recuerdo de Pedro Andreu que se leen de una sentada y que, incluso, pueden acompañarse de música, ya sea con la discografía de Héroes del Silencio como con las canciones que el propio Pedro menciona a lo largo del libro, centrándose en el blues, porque, como escribe el mismo autor, «la black people […] son los amos siempre». Para todo esto y mucho más, «puravida».

Anterior crítica de libros: Tiza roja, de Isaac Rosa.

 

Artículos relacionados