El árbol de la lengua, de Lola Pons Rodríguez

Autor:

LIBROS

«No es solo un libro para aprender o reflexionar sobre la lengua, es un libro fundamentalmente para divertirse»

 

Lola Pons Rodríguez
El árbol de la lengua
ARPA EDITORES, 2020

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

¿Un libro sobre lengua? No, no se asusten. Les aseguro que si son mínimamente curiosos con el mundo, les va a proporcionar momentos de grato placer. Olviden esas clases de instituto, al fin y al cabo insulsas, y prepárense para asombrarse y divertirse. El árbol de la lengua es un conjunto de casi setenta pequeñas píldoras —columnas publicadas en prensa— que, a la manera de Álex Grijelmo, intentan desbrozar cómo funcionamos cuando hablamos. No se olvide: el lenguaje que forjamos entre todos no es más que nuestra visión de la realidad, nuestra personalidad, nuestros afanes de comunidad. Nosotros somos lenguaje. Y por primera y única vez me voy a poner pedante: los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, que decía el filósofo.

Y aquí se alcanzan estos límites de una forma divulgativa y amena. ¿Sabía ustedes que veintitrés personas en España se llaman Aguinaldo? ¿Qué el nombre de los colores es lo que más cambia en una lengua y que proceden de orígenes sorprendentes? ¿Qué hay un signo de puntuación que es una mano con un dedo escondido y de ahí se sacó la forma del cursor que tiene delante?

Más datos: cuando pronuncian una «r» seguidamente pronuncian una «e», aunque no quieran hacerlo. Y al imaginarse un Cayetano lo pintan diferente que si se imaginan un Joshua, sin conocerlos siquiera. Lo que no se imaginarán nunca es un Jesús de nacionalidad francesa, porque allí no existe ese nombre. Sería tan raro como llamarse aquí Jesucristo. Y, entre este baúl de las sorpresas que se encontrarán, acabo con algo que ahora, a causa del estado de alarma y la pandemia echaremos de menos, y también nuestra economía: los guiris, palabra que no es más que un acortamiento de cristiano.

Y todo ello se salpica con ejemplos muy actuales: una conversación, una noticia, una canción. Porque para exponer los matices con los que nos comunicamos utilizan canciones de Mecano o de Rosalía. La lengua está viva en ellas, en estos lugares. Y la autora acude a donde el lenguaje bulle.

¿No se han preguntado nunca cuándo fue la primera ocasión en la que hablaron, es decir, establecieron un vínculo de comunicación oral? Pues el libro les hará ver cuándo fue —y les avivará la nostalgia—, así como muchas otras cosas de enjundia. No es solo un libro para aprender, ni para reflexionar sobre la lengua —aspectos que le vienen de serie y de género—, es un libro fundamentalmente para divertirse.

Anterior crítica de libros: De cara, de Debbie Harry.

 

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