Discos: “Especial de la casa”, de Doctor Divago

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“Como todas, sus canciones poseen el intenso aroma de la tensión vivida y la distorsión de un lenguaje que alcanza cotas líricas, aunque a veces se les ha reprochado por críptico”

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Doctor Divago
“Especial de la casa”
BONAVENA MÚSICA

 

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

 

Doctor Divago llevan veinticinco años haciendo canciones. Pronto se dice. En todo este tiempo han pasado por terrenos bastante pedregosos con cambios de miembros y sobre todo de discográficas, pero el esfuerzo no ha sido en vano, y para celebrar un aniversario nos presentan un libro, un disco recopilatorio y un documental que va incluido como DVD en el digipack que presenta su producción musical. Todo artesanía de lujo.

En realidad, se trata de su segundo recopilatorio tras un “Versión 5.0” de 2001 que integraba algunas canciones nuevas. En este, el peso de diez producciones anteriores hace que haya más caudal donde escoger y valorar. Y lo que se valora de esa trayectoria es que han sabido apuntalar un estilo propio desde cuatro o cinco afluentes que se funden a la perfección en un torrente común: se alían el pop de factura más sencilla con trallazos de deriva lisérgica, el rhythm and blues con la potente armónica de Chumillas y la transcripción costumbrista que es la que convierte su último disco –“Imperio”– en el mejor. Al conjugarse estos vectores con precisas lluvias e influencias se conforma una auténtica maratón que aparentemente vive en segundo plano, pero que resulta tan importante y productiva como la de cualquiera de los grupos que ya han saltado como clásicos. En el fondo, si existiera el pub rock en castellano, ellos serían nuestro grupo.

Tienen el excelente gusto de abrir la antología con dos canciones emblemáticas, que dan las claves y que no por ser representativas son obvias: ‘No tan bueno’ –el pop bien lustrado, la armónica y la chulería bíblica a lo Burning en la que para Manolo Bertrán es “una de mis cimas compositivas”– y ‘Los tontos buenos tiempos’, intenso brindis por los amigos que han fallado. Como todas, poseen el intenso aroma de la tensión vivida y la distorsión de un lenguaje que alcanza cotas líricas, aunque a veces se les ha reprochado por críptico. Entre estas dos se alojan ‘Ligero como una pluma’, con una diabólica explosión psicodélica final, y la historia de ‘Eva’, sacada de las revistas de contactos.

A partir de aquí ya actúa el gusto personal, escojan entre las veintitrés canciones, unas dos por disco y otras dos inéditas. Sigue habiendo toques religiosos como en ‘Silencio’, delicadezas –entre Grateful Dead y Vainica Doble, señala José Ignacio Lapido, tan cercano– en la excepcional ‘Srta. Alfa’ y los perfectos ejercicio de pop luminoso que son ‘La habitación de Charo’ o ‘Un minuto antes de la realidad’. También sigue habiendo blues eléctrico para los que gusten de sonidos más añejos en ‘El paraíso (a dos pasos de aquí)’ o ‘Frunciendo el ceño’; del mismo modo que hay reafirmación de criterios vitales en ‘Jugando a pillar en el limbo’. Mis preferidas, las que me enamoran, siguen siendo las del último disco, costumbristas y muy valencianas, ‘Gracia Imperio’ y ‘Sonaba Julio Galcerá’, esta última con la mejor entrada de voz que he escuchado en años. Hay discos que solo por un fraseo merecen la pena.

Sin embargo, hay muchísimo más, y sobre todo el regusto de que bajo todo ello hay un grupo de amigos que, tomándoselo todo con profesionalidad, no han dejado en muchos años de echar buenas risas. Eso también es música, algo indefinible que se escapa de cálculos pero que empapa todo, como la cerveza en una barra de zinc. De ello andan sobrados los amigos de Doctor Divago.

 

 

Anterior crítica de discos: ‘Maquetas perdidas’, de Los Suspensos.

 

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