Discos: “Agent Cooper”, de Russian Red

Autor:

“El desvío de la hoja de ruta previa depara un balance en el que algunas luces conviven con unas pocas sombras”

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Russian Red
“Agent Cooper”
SONY MUSIC

 

 

Texto: CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.

 

 

El giro operado en su tercer trabajo es de enjundia, pero llega a cansar ya un poco que se ponga sistemáticamente en tela de juicio la autonomía creativa de Lourdes Hernández: sea mucha o poca, no debe distar demasiado de la que guía los pasos de sus homólogos masculinos, y todos sabemos quiénes son. Cierto es que sacudirse el oropel “vintage” que recubría sus precuelas por el fulgor de los entramados de neón que aquí luce, tan inequívocamente expansivos, induce al arqueo de cejas. Pero no menos cierto es que la jugada, sin ser plenamente redonda, depara algunas resultonas muestras de inteligente recauchutado. Algo que –al fin y al cabo– debería ser lo primordial, aunque el tránsito suponga enajenar a parte de la base de fans que esperaba más de lo mismo, y que tardará en asimilar que las nuevas piezas de pedrería se incrusten en los setlists (ya veremos en qué armonía, que esa es otra) de sus frecuentes y concurridos directos.

Grabado en Los Ángeles con el cotizado Joe Chiccarelli (Counting Crows, The Shins, Elton John o el próximo Morrissey) a los mandos, “Agent Cooper” transcurre entre conseguidas (e indisimuladas) apelaciones a la radio fórmula de los ochenta (con ‘John Michael’ a la cabeza) y fibrosas evocaciones del rock (corporativamente) alternativo de los noventa (‘Anthony’, que no anda lejos de la épica de saldo de The Killers, si bien modulada con mayor finura). Hay esquejes algo más indefinibles, de desarrollo extraviado (‘Casper’), singles en potencia que apuntan una comercialidad algo forzada (‘William’, que podrían pellizcar el recuerdo de unos Blondie muy licuados) y algunas piezas que cuajan mejor por cuanto se desligan del patrón eléctrico, ganando en desenvoltura y  naturalidad (‘Xabier’, ‘Alex T’ o ‘Neruda’).

El desvío de la hoja de ruta previa depara un balance en el que algunas luces conviven con unas pocas sombras, pero refrenda el crecimiento de una propuesta que, con su voz como santo y seña, siempre ha buscado el esteticismo del huecorrelieve bien resuelto. Y en esa lid, no se puede negar que este álbum sigue sumando.

Anterior crítica de discos: “Blue film”, de Lo-Fang.

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