Diez canciones esenciales de Julio Bustamante

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Rozando las cuatro décadas de carrera, Julio Bustamante se perfila como uno de los mejores representantes de la canción de autor española. Manolo Tarancón, autor del artículo que analiza en profundidad su obra en el número 20 de Cuadernos Efe Eme, se adentra en su cancionero para demostrarnos por qué.

 

Selección y texto: MANOLO TARANCÓN.

 

Julio Bustamante es mucho más que un superviviente. Es un superviviente con un gran talento artístico. Desde que lanzara su estupendo Cambrers (1981, Ànec), que junto a Remigi Palmero con Humitat relativa (1979) y Pep Laguarda con Brossa d´ahir (1977) conforma el trío de discos que originó la llamada canción mediterránea, ha ido editando trabajos a lo largo de las décadas, montado proyectos paralelos como Maderita y recibiendo homenajes en salas de ciudades como Barcelona o Valencia por parte de músicos de generaciones muy posteriores a la suya. Su faceta de pintor se ha complementado con su faceta musical, con dibujos propios en algunas de sus portadas.

Adentrarse en su universo lírico y sonoro es una tarea tan apasionante como complicada. No hay que obviar que Bustamante ha mantenido su carácter jipi y vividor de sus inicios, incluso en los malos momentos. Lo sigue haciendo hoy, a los 66 años. Con la canción de autor como piedra angular, sus composiciones han pasado por el jazz, el pop, el rock o la chanson. Elegir diez de estas canciones no es fácil. Desde que conocí su discografía, tres temas de su repertorio siempre los entendí como una trilogía, a pesar de que la diferencia entre ellos abarca casi una década. “Mundo sereno” (Entusiastas, 1998), “Buenos momentos” (Con tal de volar, 2003) y “Hablando de Van Morrison” (Sinfonía de las horas, 2006) tienen en común la vitalidad que desprenden, la ausencia de estribillos y el carácter narrativo a la hora de afrontar la técnica para cantar.

 

 

En “Mundo sereno” Bustamante nos acerca a su propio mundo, su manera de entender las cosas. Lo hace sin miramientos. Al riff de piano inicial, al que se suman base rítmica y vientos, canta: «Ven, sígueme. Te voy a llevar a un mundo prodigioso, confortable, de categoría. Aunque tal vez hayas estado allí antes te voy a llevar igual». Nadie puede resistirse al viaje al que nos quiere acercar, que no es otro que el de la nostalgia, el de otros tiempos: «Tú calla, déjame conducirte a los tiempos anteriores, al gramófono y la radio que hoy están de nuevo aquí». Una mezcla de vitalidad y recuerdos que se contraponen para dejarnos sensaciones encontradas. Su costumbrismo más latente llega con esa vena pilla y mujeriega a la que nunca ha renunciado: «Cómo me gusta acariciarte por debajo de la ropa cuando me llevas de paseo en bicicleta y me preguntas si estoy loco. Por supuesto que sí, estoy loco por ti, y por tu amiga también. ¡Cómo iba a ser de otra manera en esta tierra de palmeras, de jazmín y de azahar!». De nuevo, su tierra como referencia.

La guitarra eléctrica de “Buenos momentos” nos traslada de nuevo a su habitual costumbrismo, donde tan bien se mueve. De nuevo con una canción en la que la música deja todo el espacio central a lo que su autor va narrando. Un tema filosófico donde reflexiona sobre la felicidad: «Sé perfectamente que sabemos entendernos como niños pequeños/ cuando nos dejamos de cuentas y de cuentos,/ y eso me hace pensar que solo estamos vivos cuando estamos contentos». Una voz femenina susurra a veces adelantándose a la letra, a veces retrasándose, dejando pasar a coros en inglés mucho más marcados a medida que la canción va creciendo. A pesar de la reflexión, vuelve a su mundo onírico y lo contrapone al práctico: «Tú me dijiste yo vengo de otro cielo, no has conocido nada parecido. / Puedes dejar tus viejas conclusiones, tus prejuicios y tus preocupaciones/ he venido nada más y nada menos que a llevarte al país de los sueños. / Por eso mismo solo hemos de vernos en los mejores momentos».

“Hablando de Van Morrison” evoca de nuevo ese carácter narrativo. Obviando la eterna línea de piano inicial, el tema empieza a caminar en el momento en que la voz comienza a evocar imágenes nostálgicas del pasado. Es aquí donde sale a relucir la maestría de su pluma, algo tan ausente en los tiempos que ahora manejamos. «Van Morrison, me recuerdas la felicidad, me recuerdas las chicas de mi edad, de mi generación (…) y los niños abrazados a las piernas en la cocina esperando el arroz/ cuando cierro los ojos aún puedo verlos, tocarlos aún (…) quisiera soñar y soñar y no despertar, y no despertar». De nuevo imágenes de la infancia a través de metáforas, sin dejar de denunciar el cambio de los tiempos, recordando aquellos años de libertad de los que ya no gozamos, donde cita al propio Morrison, a Camarón y a Dylan. «Van Morrison, Bobby Dylan, Camarón que te vi… me recuerdas la libertad total, la libertad sexual, la libertad cuando la gente vivía sin miedo a lo que le pudiera pasar, lo que pudieran pillar. Cuando la CIA ni el SIDA no nos podían parar y todo era vivir al día, y poder amar, y con tal y con cuál y con cuál y qué…». Recuerdos de otra época donde no faltan referencias a su Mediterráneo: «Los del norte vienen a tomar el sol, a quedarse aquí, a vivir aquí. Los del sur vienen corriendo con el alma en la boca huyendo de Hassan, del cabrón de Hassan. Y todos vienen buscando el buen tiempo…». Es en este tema donde resume su forma de ser: «Mi amor se llama marihuana, libertad, soledad, soledad, libertad».

“Avions” pertenece a su disco de debut Cambrers (Ànec, 1981) funciona sobre una base rítmica marcada con una nerviosa línea de bajo que contrasta magníficamente con la melodía pop de la mandolina y la flauta. Gente que viene y va, sueños que van y vienen, que nacen o se diluyen en aviones que sobrevuelan justo a la hora de cenar, lo que nos recuerda que, con los pies en la tierra, mañana habrá que levantarse pronto para ir a trabajar. Justo en este primer disco, lleno de vitalidad y de momentos oníricos, Bustamante nos brinda una de esas escasas canciones donde la realidad se impone con un rudo puñetazo sobre la mesa.

“Al sur del corazón” contiene algunos de los versos más divertidos y originales de Julio. Tan suyos, tan naturales. Una suerte de tema que se incluye en Entusiastas (Parlophone, 1998) uno de los discos más aclamados por sus seguidores y que la crítica atenta a su carrera lo considera su mejor obra en castellano (puntualicemos que el ya citado Cambrers está compuesto íntegramente en valenciano). De nuevo un homenaje a la ciudad en la que vive, o, mejor dicho, en la que se queda mientras todos se van a sus lugares de veraneo. «Valencia es más bonita todavía cuando se queda sin tráfico y vacía / se convierte en un sueño de verano mientras paseas por sus calles más antiguas». O a su anhelo de conocer nuevos sitios: «Me gustaría visitar Euskal Herria pero nadie me ha llevado hasta allí arriba/ tengo un disco de canciones en euskera que despierta en mí esa fantasía».

 

 

 

 

“Amor antiguo” pertenece a Material volátil (2005, Comboi) aunque para la ocasión revisaremos la versión de La Gran Alianza en la que el propio Julio participa en los coros. El dúo valenciano consigue infundar mucha más tensión y electricidad al pausado rock original. Una suerte de versión donde una batería que da prioridad al redoble de timbales, sumada a las crudas guitarras y la original voz de Vanessa Prado descansa en un estribillo que abre la canción dejando uno de los versos que mejor resumen la soledad y el anonimato necesarios como modo de vida: «Mira tú por dónde tengo libre hoy y me he dejado el móvil dentro de un cajón /a nadie va a importarle si vengo o si voy / o si resplandezco en un resplandor». Un claro ejemplo de lo bien que camina el repertorio de Bustamante en grupos más actuales.

Ahora sí, detengámonos en un tema del disco al que aludíamos. “Material volátil” es una nostálgica canción de reminiscencias folk que da título al trabajo del mismo nombre y primero con Comboi Records en 2005 (la fidelidad al sello duraría hasta su cierre). Una carta abierta a alguien a quien conoce bien y además analiza. Todo parecen reproches el giro en la segunda estrofa, donde el autor empatiza con el confidente al que se dirige. «Vivir. Soñar. Volar. Cantar». Esos son sus objetivos. De nuevo con infinitivos, como haría en su tema “Pasear”, marca los verbos como necesidades a cumplir. Mientras, a las guitarras acústicas se les suma una preciosa melodía de trompeta que acompaña y viste el tema que crece a medida que se desarrolla.

A continuación, y como tema de cierre del mismo trabajo, “La caseta” es uno de esos claros ejemplos que tanto aluden a su universo de sencillez y carne y hueso. La guitarra folk, junto a la percusión y la flauta, nos acerca a una casa repleta de animales. Es él mismo quien habla y pregunta a su padre si recuerda y sienta aquellas imágenes: «Te’n recordes pare l´any que morí la conilla i la gata amamantà a tots els conillets, quina vida et pegaves a la caseta, quina escola inigualable la natura».

“Atención encandilada” pertenece al disco Vivir para creer, de Maderita, otro proyecto en el que se embarcó en 2009 junto a exmiembros del grupo valenciano Ciudadano, ya disuelto y con sus componentes en otros asuntos musicales (Xema Fuertes y Cayo Bellveser tocando como músicos de Josh Rouse o Alondra Bentley y Jorge Pérez dando buena forma a su actual proyecto Tórtel). Tal y como se conocieron los cuatro, en las pinadas de la urbanización valenciana de El Vedat, el único disco hasta la fecha es una suerte sonora donde sobresalen los instrumentos de madera. Guitarras acústicas, pianos y unas cuidadísimas armonías vocales nos muestran a un Julio fuera de su hábitat natural para mostrarnos otros registros. Grabada con absoluta austeridad y pocos recursos. «La exacta proporción de ese milagro por la absoluta magia de estar siendo / en vez de no haber sido en absoluto», canta en uno de los temas más sosegados de este original trabajo que dio conciertos y algo más de notoriedad, aupados por un sello de peso como El Volcán.

Aviones de papel (2012, Comboi) es el tema de apertura de Viento desatado. Un Bustamante más reflexivo y serio construye una preciosa canción terapeútica, reconoce ciertos errores asumiendo que ciertas cosas han cambiado en su forma de pensar. Hay cierta esperanza y certezas contundentes: «Ahora que vuelvo a ver amanecer mi vida otra vez/ no aguanto ya más tonterías ni caprichos como ayer. (…) Ya no confío en apariencias ni en palabras, solo en lo que pueda hacer o tocar o comer». Lo material pasa a un primer plano diluyendo su mundo onírico. Al menos, en esta canción: «Me encantaría que pudiera ser lo que ahora sé. Que fuera todo más sencillo como aviones de papel».

Es complicado elegir diez de sus canciones con tantos discos a la espalda. Lo que no cuesta es identificar su estilo y su universo. Bustamante, un músico, un artista, que sigue dejando su huella con la naturalidad que tanto le identifica. Por mucho tiempo.

 

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