David Bowie: El disco de los tres nombres

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«El segundo disco de Bowie era un trabajo orientado hacia el folk acústico con matices de todo tipo, abierto a instrumentación eléctrica aunque manteniendo una base íntima. Es complicado internarse en este álbum sin perderse, hay que mantener la brújula orientada y los cinco sentidos activos para entender hacia dónde conduce cada canción»

La reedición del intenso «David Bowie» (1969) en formato de lujo nos lleva a repasar el que, a pesar de su título, fue el segundo disco del rockero más cool, el hombre de los ojos de dos colores, grabado cuando solo contaba 22 años de edad.

 

Texto: JUANJO ORDÁS.


¿Qué es «David Bowie»? ¿Es rock? ¿Es folk? ¿Quizás pop? ¿Psicodelia tal vez? El segundo disco de su autor es todo eso y más. Aunque hay que saber qué esperar de un disco así. En 1969, el año de su edición, Bowie aún estaba lejos de sus futuros grandes discos («The man who sold the world», «Hunky dory») y a gran distancia de su primera obra maestra («The rise and fall of Ziggy Stardust and the spiders from mars»). Con todo, «David Bowie», resulta un disco sumamente interesante, pues se trata de un mundo en sí mismo. Para entrar en él hay que olvidarse de Ziggy Stardust, del Delgado Duque Blanco y del experimentador paneuropeo. Aquí lo único que hay es un chico de 22 años con canciones en la cabeza. Aunque se trate de un chico muy especial y de canciones palpitantes.

david-bowie-cd-26-10-09«David Bowie» se editó en Inglaterra bajo el mismo nombre que el primer disco del músico, conduciendo a error. En EEUU se le bautizó como «Man of words, man of music» (sí, terrible título) y años después Gran Bretaña conocería una reedición titulada «Space Oddity». Hoy, años después y sin temor a errores, EMI lo recupera bajo su nombre original, en un suculento paquete que incluye un completísimo libreto, un CD con el disco original digitalmente remasterizado en los estudios Abbey Road y otro CD lleno de caras B, mezclas inéditas y tomas en vivo de la BBC. Así se hace una reedición.

Inciar el álbum con ‘Space Oddity’ fue más bien una estrategia comercial. El single fue impulsado por la hazaña americana de llevar a un hombre en la luna y por el acierto de la BBC a la hora de colocar la canción como banda sonora del evento; un sinsentido si tenemos en cuenta que la canción habla de un astronauta a la deriva. En cualquier caso, la canción fue un éxito, aunque Tony Visconti, productor del disco, cediera su labor a Gus Dudgeon pues ni la canción le gustaba ni le parecía que encajase en la tónica del disco. Y en parte era cierto.

El segundo disco de Bowie era un trabajo orientado hacia el folk acústico con matices de todo tipo, abierto a instrumentación eléctrica aunque manteniendo una base íntima, una intimidad que no resulta dañada por las secciones de cuerda, armónica o explosiones instrumentales. Es complicado internarse en este álbum sin perderse, hay que mantener la brújula orientada y los cinco sentidos activos para entender hacia dónde conduce cada canción. Así, es factible disfrutar del pop de cámara de ‘Wild eyed boy from freecloud’ o de la sigilosa y folkie ‘An ocassional dream’ (flautas incluídas).

Como tantos jóvenes de su época, Bowie, al igual que Mick Jagger, Keith Richards o Paul McCartney, fue severamente influido por el blues negro, por el rock negro americano. Así, es sencillo comprender una pieza como ‘Unwashed and somewhat slightly dazed’, con su devaneo instrumental y salvaje armónica, o la comedida guitarra eléctrica de de ‘Cygnet Comitee’ (tema en el que basaría su futura canción ‘Time’ de «Aladdin sane», con un desarrollo de notas muy semejante). En parte, Bowie también juega con los avances de Dylan a la hora de fusionar rock y folk, aunque en un nivel distinto, tomando la enseñanza pero aplicándola en su propio interés.

Y ese interés no parece ser otro que el de crear su propio mundo. Un ambiente de extrañeza y misterio rodea al disco, acechando en cada canción. Cualquier ejemplo es valido en este sentido, desde la enigmática y acústica ‘Letter to Hermione’ hasta la ensoñación hippie de ‘Memory of a free festival’.

Y en mitad de todo un joven Bowie que ya canta con su característica voz, aunque aún le quedaran años para definirse como músico. Pese a ello, este disco es un buen ejemplo de en qué medida Bowie, lejos de supeditarse a un sonido, lo que hace es servirse de él. Esta vez se trata del folk, años más tarde el rock, luego el funk, después la electrónica experimental, más adelante el pop. Pero el camaleón se serviría de todos ellos, los usaría, viviría a través de distintas sonoridades sus futuras encarnaciones, utilizando los géneros.

El segundo CD del paquete resulta tan interesante como el primero. Por un lado está lo menos interesante, es decir, las tres tomas en vivo de la BBC, dos de ellas ya editadas en su día en el doble ‘Bowie at the beep’. Por otro, encontramos relucientes gemas. A nivel histórico el disco ofrece la versión single de ‘Memory of a free festival Part. 1’ con su cara B, ‘Memory of a free festival Part. 2’, que atestiguan la primera colaboración entre Bowie y Mick Ronson, el brillante y fallecido guitarrista que le ayudaría a electrificarse y a dar con algunas de sus obras esenciales: No hay más que escucharle en estos dos temas para darse cuenta del peso que tuvo en un disco tan emblemático como «The rise and fall of Ziggy Stardust and the spiders from mars». A estos efectos, también destaca la inédita versión en estéreo de ‘The prettiest star’, single de la época grabado con la colaboración del malogrado líder de T Rex Marc Bolan. La canción anticipa el espíritu del luminoso desencanto glam gracias a su evocadora melodía, ritmo y excelente solo eléctrico a cargo de Bolan. Y es que el movimiento glam inglés no solo se basó en lentejuelas, sino también en el dolor del tiempo que escapa, esa melancolía que años después Bowie capturaría a la perfección en ‘Rock and roll suicide’. También destaca la simpática ‘London, bye, Ta-Ta’ (regrabada, pues la original data del 68) y ‘Conversation piece’ (cara B de ‘The prettiest star’).

A nivel de completismo, el compacto sacia incluso a los «connoisseurs» con las demos originales de ‘An ocassional dream’ y ‘Space oddity’, dejando para el final ‘Ragazzo solo, ragazza sola’, la infame versión en italiano de esta última.

Gran trabajo esta reedición, pues se trata de un paquete muy bien diseñado, pensado de cara a los seguidores del camaleón y, ¿por qué no?, para aquellos que deseen internarse en un bosque de extraño embrujo.

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