Darkadelic, de The Damned

Autor:

DISCOS

«La técnica no la han perdido y la ejecución es sublime en otro grupo de canciones que conservan la rabia de sus primeros tiempos»

 

The Damned
Darkadelic
EDEL, 2023

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Vaya, vaya. Aquellos chicos que sacaron el primer disco de punk en el 77 —su primigenio “New rose”—, siguen en marcha. El punk, ese movimiento efímero, el que únicamente era una explosión de unos segundos que enseguida iba a pasar, un grito que no iba a ir más allá, todavía tiene a sus adalides editando álbumes casi cincuenta años después. Han cambiado de estilo muchas veces, han sido modelo del hardcore o del rock gótico, han relevado a sus miembros…, pero el vocalista Dave Vanian y el Captain Sensible —con sus guitarras setenteras— siguen capitaneando el barco y son una baza a favor.

En este Darkadelic las oscilaciones entre varios estilos, pues, son marcas de la casa. Así nos encontramos con “Western promise”, que tiene el aire de las escenas calmadas de las películas del oeste, con “Wake the dead”, una pequeña sinfonía, con su parte oscura, su parte funky y hasta un puente lleno de delicadeza, o con “Beware of the clown”, donde bajo el tema político se presentan mucho más pop, nueva oleros incluso. “Follow me” combina fragmentos de crooner del lado oscuro, como Johnny Cash o Nick Drake, con un estribillo, por el contrario, que es pura luz.

El culmen llega con el último corte de los doce de los que consta el disco, “Roderick”. Ahí aparecen irreconocibles, parece que Queen haya revivido, con un piano y un fondo orquestal que cada vez se hace más palpable, con sus cuerdas y vientos. Con “Wake the dead” ocurre una cosa muy curiosa. Captain Sensible sabe que en muchos funerales de sus seguidores se utilizan las canciones de The Damned, así que se decidió a escribir una canción destinada a estos menesteres.

En todo caso, la técnica no la han perdido y la ejecución es sublime en otro grupo de canciones que conservan la rabia de sus primeros tiempos. Ahí está “Bad weather girl”, con la misma energía, la misma furia y las ganas de explotar. La construcción y la estructura, sin embargo, son más elaboradas, con sus movimientos y sus cambios de ritmo, un poco sinfónica, al fin y al cabo. “The invisible man” tampoco es tan explosiva, pero no peca de contenida. La rabia, aun como rescoldo, sigue existiendo. Hay más sutilidad, pero son igual de directos y la batería sigue yendo a piñón. Como a piñón va a en “Motorcycle man”, su homenaje al mundo motero que emerge desde una afinidad pegajosa con el rock clásico.

Es un cruce de caminos. En “Girl i’ll stop at nothing” actúan como en los viejos tiempos. Una introducción a manera de bomba que luego desarrollan, se complica, da bandazos y se convierte en una mezcla de estilos con compases más pop, solos de guitarra y recorridos lleno de fuerza. Resulta, en esencia, un buen relato del estado de forma de The Damned y un recuerdo a las decenas de grupos —fructíferos, enormes— que han sido a lo largo de varias décadas.

Anterior crítica de discos: The record, de Boygenius.

 

Artículos relacionados