Damien Jurado: El paisajista gélido

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«Nunca diría que me siento cómodo en la tristeza. Sin embargo, se me da mejor trabajar la melancolía. He intentado componer canciones alegres y no ha funcionado»


El 1 de octubre, Damien Jurado iniciará en Barcelona una gira en la que presentará en nuestro país su último disco, el noveno, “Saint Barlett”. Antes de su visita, Eduardo Tébar ha conversado con este renovador del folk, interesado ahora por los pinceles.


Texto: EDUARDO TÉBAR.
Foto: SARAH MURPHY JURADO.


La hoja de ruta de Damien Jurado (Seattle, 1972) agitaría el émbolo aventurero que todos los músicos llevan dentro. Un concierto cada noche, con descansos brevísimos y puntuales. Así hasta finales de noviembre. El plan perfecto. Para cualquiera menos para un hogareño contumaz. Esa clase de hombre consciente de lo frágil y quebradiza que resulta la felicidad. Jurado llega el 1 de octubre a Barcelona y se pateará diez ciudades españolas dentro de su gira de nunca acabar. Presenta “Saint Barlett” (Secretly Canadian/Houston Party, 2010), su noveno disco, en el que alcanza el clima, los mimbres y el sentimiento que siempre había soñado.

Grabado en un semana con Richard Swift, el álbum contiene piezas ya imborrables en su repertorio (‘Cloudy shoes’, ‘Rachel & Cali’, ‘Wallingford’, ‘The falling snow’). Y no, no busquéis chutes de optimismo. Tampoco es lo que se espera de un renovador de las neblinas del folk del noreste. El autor de prodigios como “Ghost of David” (Sub Pop, 2000) y “Where shall you take me” (Secretly Canadian, 2003) disfruta de los suyos en su casa de Washington antes de salir de viaje. En la intimidad del hogar desarrolla su otra faceta artística: la pintura. “Tengo dos cuadros en faena ahora mismo aquí, en una habitación. Necesito acabarlos para centrarme con tranquilidad en esta gira”.

¿Ves las canciones como un lienzo?
Más bien, las observo como películas. Películas que se ven con el corazón y no con los ojos.

¿Tienes ganas de salir a tocar?
No lo llevo bien. Es muy duro. Mi hijo estará lejos, en casa con su madre, mientras yo me embarco en una intensa gira a concierto por noche. Le echo mucho de menos cuando estoy en la carretera. Pero este es mi trabajo, no muy diferente del camionero que no para de hacer kilómetros o del soldador que se ausenta por una temporada para currar en una obra. Me siento afortunado si tengo en cuenta que mis ausencias no llegan a ser tan largas como las de algunos marines. Trato mantener el control sobre la duración de mis giras.

¿Cómo te sientes en Europa?
Bien, muy bien. No como en casa, pero me gusta.

El año pasado, en Granada, mencionaste tu incapacidad para escribir canciones alegres.
Nunca diría que me siento cómodo en la tristeza. Sin embargo, se me da mejor trabajar la melancolía. He intentado componer canciones alegres y no ha funcionado.

Escuchándote, pocos adivinarían tu pasión por Little Richard.
Adoro a Little Richard. Es el verdadero rey del rock and roll. A él me remiten mis primeros recuerdos musicales de la infancia. Su voz supuso una revelación para mí. Me quedaba paralizado oyéndole, absorto.

¿Todavía gozas con el ruido y la distorsión?
Por supuesto. De hecho, diría que el ruido y la distorsión aportan matices muy interesantes a mi música. Detesto a esos productores e ingenieros de sonido empeñados en limpiar y eliminar las vibraciones de la habitación. Yo opino que ese sonido es válido, importante y real. Esa habitación forma parte de la grabación y de nosotros en ese momento.

En este álbum utilizas menos orquestaciones. ¿Es una desnudez deliberada?
Todo depende de lo que te pida cada canción. Esta colección de canciones requería un tratamiento más desnudo. Pero no ejerzo ningún tipo de purismo al respecto. Más o menos orquestaciones, todo vale. A mí me encantan las dos vertientes.

Relatas la trágica historia de una amiga tuya. Algo así como tu particular ‘Tonight’s the night’.
Vaya, eres el primero que me sorprende con esa analogía tan precisa con Neil Young. Se trata de una historia que cualquiera puede entender y asimilar. Evidentemente, existen detalles abiertos a múltiples interpretaciones. Pero eso me gusta, que haya claves que unos asuman en un sentido o en otro. No me siento cómodo hablando de las letras. En este álbum todas hablan de ella, excepto una. Y ya está. Prefiero cantarlas.

Repites contundente que por fin has lanzado tu disco más completo. ¿Por qué?
Es el disco que siempre quise hacer. Tuve problemas en el pasado a la hora de llevar a cabo este tipo de producciones. Así que volvemos a lo mismo: nadie mejor que Richard Swift para encauzar mis propósitos. No sólo es un gran músico, sino también un productor inconmensurable.

¿Qué recuerdas de la semana de encierro juntos?
Fue muy divertida. Y muy rápida. Nos sorprendió a los dos el ritmo trepidante con el que iba saliendo todo. Por suerte, las tomas encajaban a la perfección a la primera. En parte, porque las ideas estaban muy claras desde el principio. Hablamos el mismo idioma.

¿Qué le aporta Richard a tu sonido?
No sé si me ayudó a encontrar algo que anduviera buscando. Yo más bien diría que realizó un trabajo precioso. Me ayudó a darle forma a las canciones y a lograr un sonido que llevaba años tanteando. Un sonido que define por fin mi identidad como músico. Es difícil encontrar discos que suenen así hoy en día. Que suenen como antes. Algunos lo llaman «oldie».

Él abrió una puerta importante en ese sentido con “The novelist” (2003).
Sí, estoy totalmente de acuerdo. Aquel disco animó a otros músicos experimentar con esas sonoridades, a explorar el material sonoro de los vinilos clásicos con los que muchos hemos crecido. En cierto modo, me torturé un poco durante muchísimo tiempo pensando que resultaría imposible que alguno de mis álbumes tuviera esa esencia atemporal. Con Richard lo he alcanzado. Mi empatía con él es total.

Eres de los pocos músicos contemporáneos que enfatizan más a los colegas actuales que a los clásicos.
Gracias, me alegra que pienses eso. Me complace que me metan en el mismo cajón que gente actual que considero de una talla inmensa, tanto del pasado como del presente.

¿Gente como Will Oldham? Una vez fuiste hereje afirmando que supera a Dylan.
¡No, no! Nadie supera a Dylan. Bob Dylan está a la altura de Bob Dylan. En alguna ocasión se malinterpretó un comentario mío. Will Oldham es un maestro en su generación, un tío auténtico. La gente auténtica, como Will Shelf [Okkervil River], Sam Beam [Iron And Wine] o Jason Molina, es a la que hay que acudir para encontrar complicidad y sensibilidad.

¿Eres consciente de la cantidad de seguidores que creen conocerte a través de tus canciones?
No. A través de mis canciones pueden llegar a conocer bien mi personalidad. No soy más que las canciones que canto.

¿Y cuánto hay en ellas de los libros de Raymond Carver?
En la manera en la que muchos establecen tal asociación, yo nunca me compararía con Raymond Carver. Amo su estilo, lo reconozco. Pero somos muy distintos. Yo jamás podría escribir de esa manera. Su narrativa está a muchas millas de la mía.

Lo tuyo cada vez se parece más a los cuentos gélidos de Poe: Arkansas, la nieve…
Supongo que ese decorado refuerza el estereotipo de que sólo hago canciones tristes. En realidad, el paisaje en el que me desenvuelvo no me afecta para componer. Al menos de forma consciente.

¿Y cómo afecta tu fe religiosa?
La religión no afecta a mi manera de elaborar la música. Para empezar, mi fe es muy abierta. Y además nunca la meto en mis temas. Mantengo una distancia entre mis ideas políticas y religiosas, y mis discos. No canto sobre ello. No puedes dividir a tu público por tus creencias. Desde luego, no tengo vocación de predicador o político.


Fechas de los conciertos de Damien Jurado en España:
1 de octubre: BeCool (Barcelona)
2 de octubre: Teatro Alhambra (Granada)
3 de octubre: Malandar (Sevilla)
4 de octubre: Colegio Mayor Lluís Vives (Valencia)
5 de octubre: La Lata de Bombillas (Zaragoza)
6 de octubre: Teatro Lara (Madrid)
7 de octubre: Museo de la Merced (Ciudad Real)
8 de octubre: Donostiaklub (San Sebastian)
9 de octubre: Café Pop Torgal (Orense)
10 de octubre: Bonifaz (Santander)

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