Corrienta alterna: El futuro era de Nick Curran

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«Cuando regresara volveríamos, había que verlo en directo todas las veces posibles, será genial escuchar sus nuevos discos. ¿Hasta dónde sería capaz de llegar este genio aglutinador de estilos?»

Juanjo Ordás recuerda a Nick Curran, su fuerza y entrega en disco y en directo. Su saber unir influencias. Tenía un futuro dorado por delante, pero hace una semana murió.

 

 

Una sección de JUANJO ORDÁS.
 

 

No tengo palabras. Nick Curran ha muerto. Una tragedia, es la única forma de describir esta pérdida. Nick era el elegido para llevar el rock and roll un par de pasos más allá de lo habitual, era la perfecta mezcla entre un punk y un rocker de los años cincuenta. Tenía actitud, imagen y, ¿cómo no?, tenía el talento. “Reform school girl” será recordado como su gran álbum, un disco que desde ya es inmortal. Como inmortal es el recuerdo de Nick para cualquiera que pudiera verlo sobre el escenario. No vamos a establecer analogías estúpidas, el respeto al músico va por delante, pero su batidora de influencias no era muy distinta de la de revolucionarios de la música moderna como Elvis Presley o Johnny Cash. Curran sabía lo que hacía, encauzaba toda la música que hacía vibrar su alma, tanto en sus discos como en sus conciertos. Aún recuerdo sus salvajes guitarrazos en su última actuación madrileña, desgranando lo mejor de su repertorio, invocando a Little Richard para después dar paso a versiones de Joan Jett y AC/DC.

Aquella noche de noviembre hacía frío, pero dentro de la sala Nick lanzaba llamaradas de calor desde el escenario. Mi chica y yo cubríamos el concierto para «Popular 1», ella se encargó de realizar unas fotos maravillosas con la colaboración de un Curran que emanaba tanto carisma que cualquier pose era razonablemente espectacular, yo lo tuve más difícil para describir con palabras ese concierto, o más bien deberíamos decir experiencia. Durante todo el espectáculo estuve seguro de que estaba viendo a un clásico en escena, no me cabía la menor duda de que este hombre iba a crecer tanto que pronto tendríamos que acudir a verlo a recintos más grandes. Y sí, se perdería cercanía, pero sin duda lo merecía. Nick Curran iba a ser grande. Estaba claro. Se había repuesto del cáncer de lengua que le asoló tiempo antes, ahí estaba de nuevo, como un héroe, sobre las tablas, vaciándose, sudando. Esa voz llena de feeling y poderío, su gran técnica como guitarrista, todo seguía una partitura escrita en algún lugar donde solo él podía leerla. Al salir del concierto, las llamas aún calentaban hasta la puerta de la sala. Nos montamos en nuestro coche, nos echamos a la carretera de vuelta a casa, entre niebla y frío, aún continuábamos maravillados por el esplendido concierto que acabábamos de ver. Cuando regresara volveríamos, había que verlo en directo todas las veces posibles, será genial escuchar sus nuevos discos. ¿Hasta dónde sería capaz de llegar este genio aglutinador de estilos?

Ahora ya no está, el cáncer se lo llevó tras una larga batalla en la que jamás se dio por vencido. Y es triste, jodidamente triste. Nick ya no va a subirse a ningún escenario, pero allá donde esté se ha llevado el aplauso de los muchos corazones que tocó, y ese aplauso sigue sonando. Porque nunca dejaremos de aplaudirle. Un grande se ha ido. Que su música no deje de sonar, por favor.

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