Cine: “Carol”, de Todd Haynes

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“Todo en ella está elaborado y trabajado con mimo hasta el más mínimo detalle para dar un resultado contenido, elegante, precioso”

 

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“Carol”
Todd Haynes, 2015

 

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ.

 

 

“Carol” es una de las películas más delicadas sobre una gran pasión que hayamos podido ver recientemente en el cine. Lo más cercano a una representación perfecta sobre eso tan inefable e incomprensible que es el amor, la posibilidad de sentirse completo sólo gracias a la existencia de otro ser humano.

Todo en ella está elaborado y trabajado con mimo hasta el más mínimo detalle para dar un resultado contenido, elegante, precioso. Desde la maravillosa banda sonora de Carter Burwell (responsable de otras grandes melodías cinematográficas como “Fargo”, de los hermanos Coen) hasta la caída de la nieve en los momentos oportunos, pasando por el vestuario, la hermosísima fotografía, los decorados, los movimientos de los personajes, todo está medido cuidadosamente para realizar un film que más que una experiencia audiovisual parece una sinfonía musical. Si “Carol” fuera una canción, sería una de esas que hacen cerrar los ojos y balancear la cabeza al suave ritmo que marca, una y otra vez.

Sin necesidad de grandiosas escenas o diálogos excesivamente dramáticos (a pesar de lo complejo, arriesgado y complicado de los sentimientos experimentados por las protagonistas en el contexto y situación en que viven), la historia de amor entre la joven e ingenua aspirante a fotógrafa Therese (Rooney Mara) y la ex-esposa y madre Carol (Cate Blanchett) es representada en toda su complejidad a partir de la compilación y sucesión de pequeños gestos casi ignorados por todos los que las rodean. Una mirada furtiva, un leve inclinación de cabeza, una mano en el hombro o un simple mohín coqueto esconden mucha más ilusión y pasión que los arrebatos emocionales que hayamos podido ver en otras muchas películas.

Como hiciera recientemente en la magnífica miniserie “Mildred pierce”, Todd Haynes hace gala de una enorme sensibilidad en el uso de la sutilidad y el detalle para expresar una intensidad emocional que resulta casi insoportable. Y tal y como ocurría también con Kate Winslet en dicha producción, Cate Blanchett y Rooney Mara consiguen con cada mínimo movimiento de sus cuerpos convertirse en lo más relevante que hay en la pantalla, haciendo al espectador ignorar todo lo demás y compartir y sentir la fascinación que sienten la una por la otra.

“Carol” parece ser en el fondo un filme sobre dejarse llevar pese a las posibles consecuencias, sobre la posibilidad de enamorarse con un gesto, sobre no comprender lo que está sucediendo pero no poder detenerse, sobre cómo pararse a reflexionar a veces no tiene sentido. Pero no solo es “Carol” una película sobre dejarse llevar, es además una película para dejarse llevar.

 


 

Anterior crítica de cine: “Creed. La leyenda de Rocky”, de Ryan Coogler.

 

 

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