Cinco canciones esenciales de Jackson Browne

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Eduardo Izquierdo bucea en la discografía de Jackson Browne para escoger cinco canciones imprescindibles de su cancionero. Una pequeña y brillante selección para defender sus más de cuarenta años de oficio.

 

Texto: EDUARDO IZQUIERDO.

 

Pocos son los que saben que Jackson Browne nació en Alemania y que su nombre de pila es Clyde. El cantautor norteamericano —quien, por cierto, sigue conservando un piso en el barrio de Gracia barcelonés— tiene una legión de seguidores considerable en nuestro país, en comparación con otros casos. Aún así, su acogida sigue siendo inferior a la que merece su fama al otro lado del charco y, sobre todo, a la que merecen sus canciones.

No es casual que, cuando Rolling Stone publicó la lista de los mejores escritores de canciones de todos los tiempos (en 2015), situara a Browne en el puesto treinta y siete. Un lugar que lo coloca por delante de auténticos mitos, como Marvin Gaye, Patti Smith, Allen Toussaint, George Harrison, James Taylor, Tom Waits, Kurt Cobain, John Fogerty o Johnny Cash. Listas subjetivas aparte, Jackson Browne ha sido y sigue siendo un excelente compositor de canciones. Ahí van cinco de las mejores, para introducirnos en su mundo.

 

“Doctor my eyes” (Jackson Browne, 1972)

Mucha gente conoce “Take it easy”, sobre todo por la versión de The Eagles, y no son pocos los que reconocen la melodía de “These days”, traducida al castellano en su momento por Enrique Urquijo y que, hace solo unos días, oíamos en la voz de Quique González. Las dos canciones estaban compuestas cuando Jackson Browne publicó su primer disco —de título homónimo, aunque popularmente conocido como Saturate before using—, sin embargo, no las incluyó en su debut. Ese álbum contiene otras grandes canciones, como “Song for Adam”, “Jamaica say you will” y “Doctor my eyes”, esta última escogida como primer sencillo del disco y en la que ponen sus voces los mismísimos David Crosby y Graham Nash. Una canción sobre la insensibilidad ante las dificultades de la vida que colocó a Jackson en el puesto 8 de las listas de sencillos yanquis.

 

 

“For everyman” (For everyman, 1973)

Solo un año después de su disco de debut, Browne publica su segundo trabajo en el que ya incluye las citadas “Take it easy”, compuesta a medias con Glenn Frey, y “These days”. Aunque para la ocasión me gustaría destacar la pieza que da título al álbum. Una sorprendente canción existencialista, con una particular visión del apocalipsis, que se convierte en una elegía de más de seis minutos mostrando a un letrista que ya puede mirar de tú a tú a los más grandes del rock norteamericano. No fue publicada como sencillo debido a su largo minutaje y a su —a veces— indescifrable simbología, pero sigue siendo una de las obras cumbres de la carrera de su autor.

 

 

“Running on empty” (Running on empty, 1978)

Tras confirmar su estatus de excelso compositor y también fantástico intérprete con dos discos más como Late for the sky (1974) y The pretender (1977), Jackson Browne publica en 1978 su quinto disco, que incluye, por ejemplo, su revisión del “Stay” de Maurice Williams, que se convertiría en pieza esencial de sus directos. La canción titular es un firme guantazo a los que acusaban al chaval de solo ser capaz de hacer baladas y una muestra de lo que va a definir el rock norteamericano en los próximos años: buenas guitarras, armonías vocales y tensión contenida. Alcanzó el puesto 11 de las listas de éxitos y fue incluida por Rolling Stone en su lista de mejores canciones de todos los tiempos.

 

 

“Somebody’s baby” (BSO Fast times at Ridgemont High, 1982)

¿Se pudo sobrevivir a los tecladitos de los ochenta con dignidad? La prueba es esta fantástica canción que lleva a Browne hasta su puesto más alto en las listas hasta aquel momento, el 7. El tema abre la banda sonora de la película Fast times at Ridgemont High, dirigida por Amy Heckerling y muestra a un músico en plena forma, un auténtico privilegiado para construir melodías y un cantante brillante. No en vano, Browne sería capaz de componer en esa misma década canciones tan fantásticas como “Tender is the night”, “In the shape of a heart” (versionada años después en castellano por Los Secretos) o “Lives in the balance”.

 

 

“The barricades of heaven” (Looking east, 1996)

Cerramos en 1996. ¿Es que Browne no ha compuesto ninguna gran canción en más de veinte años? Por supuesto que sí. Hay grandes piezas en estas últimas dos décadas, como “The next voice you hear” (1997), “The rebel Jesus” (1997), “About my imagination” (2003), “Off of wonderland” (2008) o “The birds of St. Marks” (2014), aunque sus lanzamientos han sido mucho más espaciados y, por lo tanto, su producción menor. “The barricades of heaven” es la canción que acabó de convertir a un servidor en jacskonbrownista confeso. Una canción insuperable, atmosférica, envolvente. Con un Browne cantando mejor que nunca una melodía tan hipnótica como las guitarras que la bosquejan. Por algo sigue sonando tan espléndida dos décadas después, y sirve de inmejorable colofón a esta visita rápida a uno de los grandes cancionistas de Estados Unidos.

 

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