Bruce Springsteen: Feliz cumpleaños, señor Jefe

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Bruce Springsteen, una de las figuras esenciales del rock, cumple hoy 60 años. Por ello, Juan Puchades decide recordar con cariño, pero también con espíritu crítico, a uno de sus héroes musicales, el conocido mundialmente como The Boss.


Texto: JUAN PUCHADES.


Viendo aquellas imágenes de mediados de los años 70, cuando en escena, exultantemente joven, sudoroso, canijo, escurrido y poseído por fuerzas ocultas, parecía la reencarnación del mejor rock and roll (se puede apreciar en el directo de 1975 en el Hammersmith Odeon londinense), se hace difícil pensar que Bruce Springsteen llegue hoy a su sexta década de vida. Sin embargo así es, y queda muy atrás aquel periodo, de algo más de dos lustros, sencillamente irrepetible, magnífico, en el que firmó discos capitales de la historia del rock and roll, reinventando el género, insuflándole nueva vida, llevándolo a la calle, haciéndolo divertido pero también aportándole una intensidad poética y narrativa como nunca antes se había visto en trabajos como «The wild, the innocent & the E Street Shuffle» (1973), «Born to run» (1975. Su particular Capilla Sixtina), «Darknes on the edge of town» (1978), «The river» (1980. Junto a «London Calling», el mejor doble de la historia), «Nebraska» (1982. El inicio de las obras intimistas y crudas) y «Born in the USA» (1984. El final de su personal edad de oro)

Springsteen, sí, desde entonces ha crecido: A mediados de los 80 modeló musculatura luchando contra la inevitable madurez física, superó el final de la década y la siguiente aquejado de una notable falta de inspiración, se separó de la E Street Band –tal vez la mejor banda de rock clásico de la historia, con permiso de la Creedence Clearwater Revival–, los conciertos ya no eran extenuantes maratones al galope. Regresó con la banda de la calle E… Springsteen ha tratado de sobrevivir musicalmente, no ha querido anclarse en el pasado y cada poco se ha refugiado en el intimismo cantautoril, ha seguido fiel a sus ideas políticas, ha peleado y ha dado la cara. En escena se ha mantenido como una fiera, demostrando que no hacen falta naves espaciales ni gafas de sol imposibles para mantener encendida la llama del rock and roll. Pero en disco… Ay, en disco Springsteen hace dos décadas que navega sin rumbo fijo. Se ha abierto una brecha enorme entre el rockero que defiende, con o sin la banda de siempre, las canciones en escena y el músico que las deja registradas en soporte sonoro para la posteridad. Y el caso es que continúa escribiendo buenas canciones, firma melodías con gancho, rubrica imaginativas letras de altura y siempre, en cualquier rincón de cualquiera de sus discos, brilla el talento. Pero, por desgracia, los álbumes del Jefe se han perdido en producciones que le hacen flaco favor, cuando no son un pálido reflejo de los días de gloria (los «glory days») quieren aparentar una modernez que choca irremediablemente contra su propia esencia, en otras ocasiones pretenden una robustez que de tan compacta cercena su alegría rítmica intrínseca. No, Springsteen de un tiempo a esta parte no se lleva bien con los estudios de grabación. Es como si esa fuerza, ese sentido lúdico que siempre fue su sello, y que él todavía mantiene en el júbilo que despliega en directo, se diluyera en pos de no se sabe qué.

Todos tenemos héroes musicales, y Bruce Springsteen es uno de los míos. Sin fundamentalismo y con el necesario ateísmo, pero desde que en 1980 cayó en mis manos la edición británica de «The river», es uno de mis héroes. Por ello sigo esperando que, como Bob Dylan en la última década, logre salir del túnel discográfico en el que parece haberse perdido. Que, vaya por donde vaya musicalmente, consiga emocionar, transmitir, conmover como antaño… Sobre todo porque el rock está necesitado de héroes. De héroes de verdad. Y Springsteen lo es. En él siempre se puede confiar para que el rock de campanillas vuelva a prenderse como una antorcha.

Vamos, Bruce, que los 60 son una edad estupenda para reflexionar y tomar impulso. Tú puedes, compañero. Hazlo por nosotros. ¡Y que pases un buen día!

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