Amaral: La oscuridad como fuente de luz

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Foto: © Wilma Lorenzo.

“Siempre nos hemos sentido un poco fuera de la industria. Cuando empezábamos, porque estábamos fuera. Cuando el proyecto creció, porque no nos lo terminábamos de creer y había muchos mecanismos de la industria que no compartíamos. Y ahora que estamos en la autogestión, porque también hay mecánicas en las que no creemos”

 

Acaban de recoger el disco de oro por superar las 20.000 copias vendidas de “Nocturnal”, pero para Juan Aguirre y Eva Amaral, cada disco y cada concierto hay que pelearlo desde cero. Siempre se dejan la piel en el estudio y en el directo. Se lo cuentan a Wilma Lorenzo.

 

 

Texto y foto superior: WILMA LORENZO.

 

 

Amaral son una forma de ser: la constancia entendida como una búsqueda de la expresión que se nutre de la complicación para mostrarse en su vertiente más directa. “Nocturnal” es su séptimo trabajo y en él, Eva Amaral y Juan Aguirre han convertido los extremos en aliados hasta integrarlos en su sonido y su significado. Experimentación en paralelo al perfeccionismo que se traduce en la inclusión de nuevas texturas, la investigación sonora y una evolución en la interpretación, pero siempre quedando intacta la esencia. Girar el cuadro, cambiar la perspectiva para observarlo y entender que aún siendo el mismo, hay más opciones: que la luz debe su existencia a la oscuridad y que en esa oscuridad cabe descubrir el por qué de algunas historias, el dónde de un posible futuro y esperar que el cuándo no vuelva a convertirse en los cuatro años que los zaragozanos han tardado en brindarnos nuevas canciones.

 

“Nocturnal” representa la dualidad entre oscuridad y luz, ¿creéis que hace falta lo uno para valorar lo otro?
Eva: Yo creo que sí. Cuando es de día y hay mucha luminosidad no se ven las estrellas para valorar o admirar la luz en todo su esplendor. Para hacerlo tiene que ser desde la oscuridad.

 

¿Por ese motivo os decantáis por la oscuridad para dar nombre al nuevo álbum?
E: Sí, realmente sí. Además, en cierta manera el disco ha sido gestado durante la noche. Creíamos que el título de esta canción, que terminó por ser el título del disco, englobaba el espíritu al completo del resto de las canciones. Nos gustaba la imagen de la noche como punto de encuentro, como momento más intimo de las personas. Es el momento en que se baja el ritmo. Bueno, algunos hacen todo lo contrario (ríe). Es cuando suceden muchas cosas que tienen más que ver con el mundo de los sueños, la fantasía… Hay una especie de equilibrio entre realidad y mundo imaginario en la noche, y por eso nos parecía que “Nocturnal” era la mejor palabra para sintetizar esa idea.

 

Es un disco muy cinematográfico: cada canción es una escena que funciona de manera independiente, pero junto a las demás forma una historia. ¿Cómo conseguir este resultado tan coherente cuando las canciones han sido compuestas a lo largo de cuatro años?
J: Eso que dices yo también lo veo, y por primera vez en un disco nuestro. No fue nada premeditado que fuera así, no teníamos en mente hacer un disco conceptual, pero sí es cierto que escuchándolo una vez terminado, delante de gente y fuera del estudio, parece que tiene un carácter un poco conceptual. Ha sido algo totalmente fortuito porque las canciones fueron escritas a lo largo de mucho tiempo. Luego han sido ordenadas en muy pocos meses, eso sí. Estuvimos tres años y pico de los cuatro que hay entre “Hacia lo salvaje” y “Nocturnal” con una actividad bastante enloquecida, y en muy pocos meses todas esas canciones adoptaron la forma definitiva. Las terminamos de escribir, les pusimos ritmos… y luego ya lo grabamos. Ha sido un disco hecho de manera muy rápida, pero con canciones escritas durante mucho tiempo. Y sí, es sorprendente el resultado.

 

¿Cuál es la máxima distancia temporal que nos encontramos entre dos canciones en “Nocturnal”?
E: Hay algunas que llevaban años esperando entrar en un disco, más de cuatro años. ‘La ciudad maldita’, por ejemplo, es una canción que lleva tres discos intentando entrar, pero no la terminábamos nunca. También está ‘Noche de cuchillos’, una canción que hicimos para un corto de Darío Adanti hace seis años o más.

 

En el caso de ‘La ciudad maldita’, ¿por qué luchar tanto por una canción?
E: Nos encantaba esa canción, pero por la temática, para mí era una responsabilidad plasmar bien la historia que cuenta. Me abrumaba un poco esa responsabilidad. La he estado tirando para delante, para atrás… hasta que conseguimos dar con las palabras exactas. Musicalmente y estructuralmente estaba desde hacía siete años a lo mejor… Un montón de tiempo. De hecho, la tocamos en directo antes de grabar “Hacia lo salvaje”. Siempre estaba pululando por ahí
J: Eso nos pasó con ‘No soy como tú’ en “Pájaros en la cabeza”. La empezamos a escribir antes de grabar ninguna disco, en Zaragoza, pero había una parte que no lográbamos rematar. Fue la última que terminamos antes de grabar ese disco. Hasta que no vimos que nos llenaba del todo, no la incluimos en el disco. Y con ‘La ciudad maldita’ es la segunda vez que nos pasa. Realmente es mejor no pensar en ello. Nosotros tenemos muchas canciones, ahora mismo tenemos una lista de canciones nuevas, un montón de ellas. No escribimos una y luego otra, vas escribiendo a la vez y hay algunas que se terminan muy pronto y otras que a lo mejor tardan años… Así es nuestro método, si se puede llamar método. Desordenado.

 

 

“Nunca miramos hacia atrás y mucho menos hacia delante. Estamos acostumbrados a vivir en el presente. No sabría qué más pedir, porque me siento muy satisfecha con todo lo que ya está ocurriendo con las nuevas canciones”

 

Supone tener una relación con cada canción.
E: Para mí ‘La ciudad maldita’ es una especie de joya de la corona, una de las canciones de la que más orgullosa estoy. Por ese motivo suponía una responsabilidad tremenda acabarla bien. Para mí era muy importante que la letra, sin ser obvia, explicara la historia que tenía que explicar. No sé, tenía algo especial que hacía que fuera muy difícil terminarla, por lo mucho que me gusta. Esto se define muy bien con una frase de una de las canciones de este disco: “El pánico al fracaso me detiene”.

 

Antes hablábamos de vuestro “método”: escribir canciones como modo de vida. Recuerdo que hace tres años ya me dijisteis que estabais preparando el disco. En ese proceso de escritura continua, ¿cuándo decidís que tenéis un disco?
J: En el caso de “Nocturnal” fue cuando, volviendo la vista atrás en el cuaderno de letras donde está apuntado todo el material nuevo, vimos una serie de canciones que estaban terminadas. Ese era el momento de empezar a grabar. Pero normalmente tiene que ver con el grupo de canciones que tienes y que crees que merece la pena, aunque no tenga unidad. Son las canciones las que te dan el disco. Nosotros nunca nos ponemos una fecha para grabar, el disco llega cuando están las canciones. Y probablemente habría estado listo mucho antes de no habernos embarcado en proyectos distintos.

 

Proyectos que tienen que ver con tocar en directo y son consecuencia de la larga vida de “Hacia lo salvaje”.
J: Sí. Cuando empezamos la gira de “Hacia lo salvaje”, veníamos de hacer giras en sitios muy grandes; queríamos hacer aforos medianos y teatros… y lo que pasó fue que en sitios como Zaragoza, en el Palacio de Congresos, acabamos tocando cinco días, en Ourense otros tres… y la gira se alargó dos años y pico. Y te hablo solo la gira de “Hacia lo salvaje” en España. Luego hubo un descanso en el que fuimos por primera vez a Alemania, los dos solos porque no sabíamos lo que iba a pasar —a Berlín, Hamburgo y Munich— y viajamos como cuando empezábamos y no teníamos ningún disco grabado, con dos guitarras y algunas cosas de tecnología. Fue brutal, no dábamos crédito, tocamos en Munich delante de público que no es hispano parlante, la gente nos había conocido por Internet. Después preparamos una gira con toda la banda e hicimos quince fechas en invierno y visitamos sitios en los que no habíamos estado nunca. Y cuando parecía que íbamos a entrar en el estudio, tuvimos una idea que en su momento nos pareció buenísima: “¿Por qué no tocamos en estos festivales que nos están llamando y probamos en directo algunas de las canciones nuevas?”. Y claro, nos vimos en Pamplona o en Málaga tocando delante de miles de personas ‘Cazador’ o ‘Nocturnal’.
E: Canciones que no habían oído nunca, en un festival.
J: Compartiendo cartel con Crystal Fighters.
E: Había que prepararlo bien, así que estuvimos ensayando con la banda para preparar esos conciertos. Y a la vuelta de cada uno de esos conciertos habían surgido cosas nuevas encima del escenario, así que otra vez a introducir cambios, reconstruir todo…

 

Todo ello sin contar con un “deadline”.
J: Nosotros mismos.
E: Es lo que tiene la autogestión. Y tampoco hace falta mucho esfuerzo para empujarnos a tocar.

 

¿Cualquier excusa es buena para lanzarnos de nuevo a la carretera?
J: Pero hay una cosa que hemos aprendido: no hay desorden que por bien no venga.
E: Cuando veas los calcetines encima de la mesa del salón, acuérdate de esta frase.

 

El llamado “desorden ordenado”.
J: Había mucha gente que nos preguntaba por las redes, y nosotros les decíamos que estuviesen tranquilos. Sí aprendimos que hay que tratar de organizar mejor la siguiente gira, de manera que todo el mundo que quiera vernos pueda hacerlo pero que también podamos grabar antes. Esta vez hemos decidido organizar veinticinco conciertos, bien repartidos a lo largo de toda la geografía. De esta manera nos puede ver todo el mundo, vamos a viajar fuera… y podremos grabar todas las canciones nuevas mucho antes.

 

Eso a priori, claro
J: Estaría bien cumplirlo (risas). Siempre hemos sido caóticos y desordenados, y muy malos planificando. Si alguna de las cosas que nos ha ocurrido como Amaral la hubiéramos planeado, como siempre decimos, no hubiera salido.

 

Ese es un poco el “gen artista”, ¿no? A veces echo en falta un poco de espontaneidad, no hacer de la música un oficio demasiado programado. Al fin y a cabo, el arte no entiende de plazos. Cada disco necesita su tiempo.
J: Un millón de carcajadas después de lo que voy a decir pero es absolutamente verdad: siempre nos hemos sentido un poco fuera de la industria. Cuando empezábamos, porque estábamos fuera. Cuando el proyecto creció, porque no nos lo terminábamos de creer y había muchos mecanismos de la industria que no compartíamos. Y ahora que estamos en la autogestión, porque también hay mecánicas en las que no creemos. La motivación nunca ha sido ni económica, ni mucho menos buscábamos ser populares, porque realmente la popularidad la hemos vivido como algo “consecuencia de”.
E: Como un daño colateral (risas).

 

“Es lo que toca”.
J: Un poco sí, porque al ser dos, estamos más expuestos. No somos siete o un grupo de cuatro o cinco personas, no somos la típica banda al uso… Siempre hemos intentado mantener lo más posible la condición de cuando tocábamos en El Sol o en sitios más pequeños, porque para nosotros es la base para hacer música. Y esa base tiene mucho que ver con la observación.

 

En vuestro caso la observación es clave. No hay semana que no os vea en algún concierto.
J: Cuando podemos. Yo últimamente voy más al cine y al teatro que a conciertos, la verdad. El teatro tiene algo que hace que me evada completamente de la realidad, como ya lo tenía el cine. Como vivimos en el centro, a veces estás buscando algo para una canción, no se te ocurre nada, vas al cine y se te ocurre. Y yo tengo un problema: cuando me voy a dormir sigue sonando la melodía que ha hecho Eva y al final se incorpora a mis sueños. El cine o el teatro, el mundo visual en definitiva, consigue que desconecte completamente.

 

En “Nocturnal” habéis saludado a sonidos nuevos (sintetizadores) pero lo habéis hecho tangencialmente. No hay nada que no suene a Amaral.
J: Realmente los instrumentos que hemos incluido son bastante clásicos. Por ejemplo, lo que más sale en el disco que no sean guitarras es un Moog.
E: Pertenecen a los setenta, a lo progresivo. También hay muchos sonidos que parecen sintetizadores y en realidad son guitarras de Juan. De todas formas, todo esto me recuerda a una historieta de los Pitufos…

 

¡Ya empieza bien!
E: Hay un pitufo dentro de la banda de músicos de los pitufos que todo instrumento que cae en sus manos suena “weeeee”. Y él quiere hacer música, hasta le dan un triángulo a ver si así suena de otra manera y otra vez: “weeeee” (risas). Y ese es nuestro caso, cojamos lo que cojamos, siempre suena a Amaral. Es desesperante (risas). A nosotros nos parece que estamos inventando la rueda y resulta que es imposible escapar de nuestra personalidad.

 

Es imposible escapar de uno mismo.
E: Si lo piensas es un don, una virtud.

 

Es lo que todo artista busca o debería buscar: ser genuino. También he notado cambios en la interpretación de voz de Eva, ¿qué tratamiento querías darle?
E: Quería que estuviera más cercana a mi voz hablada. Mi voz hablada es grave. Había veces que escuchaba canciones de nuestros primeros discos y, aunque a las tesituras llego igual entonces que ahora —no es un problema de que la voz me haya cambiado—, quizá en aquella época no utilizaba tanto esos recursos de la voz grave. Que bajo como algunos hombres, vaya (risas). Por ejemplo, Chapo hacía los coros y había algunos tonos a los que llegaba yo mejor que él.
J: Es el disco en el que también hay más agudas… Es todo contraste. Un disco de extremos.
E: Oscila desde la voz grave con la que cuentas las cosas de una manera más confesional, más cercana a estar hablando; hasta esa posibilidad que te da subir, utilizar la octava por arriba en un momento dado.
J: Yo lo sé, porque he grabado coros. Había momentos en los que buscaba las notas con la guitarra y estaba más abajo que en otros discos y también mucho más arriba.

 

Como la luz y la oscuridad.
J: Pues no es premeditado, pero esa historia de pasar de la oscuridad a la luz físicamente está reflejada en el hecho de empezar una canción grave y que vaya subiendo. En ‘Llévame muy lejos’ pasa: es una canción que va subiendo poco a poco, como una escalera de grandes almacenes…. subiendo y subiendo hasta que se cambia el ritmo. Por eso dura tanto tiempo el single. Hicimos lo que sentíamos que tenía que ser y rompimos con la norma del minutaje.

 

También rompisteis la regla al incluir ese segundo tema, ‘Obertura’, la introducción de ‘Unas veces se gana y otras se pierde’, dotándole de una identidad propia.
E: Era la intro, pero con el paso de todos por el estudio se fue enriqueciendo hasta que llegó a tener una duración considerable. Teníamos dos opciones: editar eso y acortarlo de alguna manera, que era una pena…
J: Yo lo intenté, pero no me gustó. Cortar esa intro para que fuera más estándar era una pena.
E: Pensamos: “Si dejamos esto como intro de la canción, habrá a algunas personas que le va a parecer una brasa interminable”, y decidimos dejarlo como pieza instrumental para el que la quiera escuchar y aprecie estas cosas, pueda; y el que le parezca una brasa, en este mundo digital (risas), lo pase. Es lo que tiene no usar el casete. Fue una decisión de última hora.
J: Eso se hizo en el mastering.
E: De hecho, hubo una llamada de última hora de: “Os vais a reír, pero hay una canción más”.

 

Sobre la toma de decisiones, ¿cómo ponéis fin al proceso, a los cambios de última hora, al perfeccionismo? Al final sois dos personas controlando todo el proceso.
E: Las canciones se las ponemos a nuestros amigos. Siempre hay alguien alrededor con una opinión valiosa. Somos muy inseguros. Bueno, hablo por mí. Y necesitamos saber.
J: Al hilo de lo que dices, he recordado algo: hice la banda sonora de un corto para un amigo y cuando acabamos las sesiones en el estudio yo me quedaba por la noche e iba grabando. Estaba con la guitarra, la música a todo volumen, viendo las imágenes, tocando sobre ellas, y a veces me volvía inconscientemente para preguntarle a una Eva imaginaria que qué le parecía. Se me pueden ocurrir muchos caminos para hacer la misma cosa, nunca he tenido problemas de ese tipo, pero me cuesta mucho tomar la decisión de por cuál voy. Es como si fuera un perrillo y para volver a casa me encontrara un punto con cinco caminos. Yo me quedaría ahí y moriría de inanición porque no sabría cuál escoger.
E: En eso nos complementamos muy bien. Yo me obsesiono con un camino y por ese voy a muerte sin ver ninguno más. Y él es una ramificación, es un delta.
J: Siempre le pregunto a Eva su opinión sobre todo. Y así hemos funcionado siempre.

 

Son muchos años, ya sabréis hacia dónde tenéis que tirar cada uno.
J: Pero fue así desde el primer momento, desde las primeras maquetas nos decíamos absolutamente lo que pensábamos. Creo que tenemos esa conexión desde que nos conocemos. Cuando haces algo, cuando estás en el proceso, te olvidas de todo lo que te rodea. Es como estar en una burbuja. Luego sí que agradeces mucho si a la gente le gusta, pero creo que un grupo tiene que hacer lo que le sale de dentro. Si no le gusta a la gente, por lo menos tienes la satisfacción de haber hecho lo que has querido. Si no, ¿qué te queda? Recuerdo cuando escribimos ‘Sin ti no soy nada’, la gente la interpretó como una canción de amor, y para nosotros era escribir sobre un sentimiento que no es tan positivo; un sentimiento de dependencia emocional de otra persona, que molaría que no se diera. No estábamos seguro de qué iba a pasar con una canción que hablaba de algo tan extremo, un nivel de dependencia tan heavy.

 

Sin embargo, el público le otorgó otro significado.
E: Así es.
J: Fue brutal la respuesta. Igual que yo he visto a gente llorar cuando tocamos ‘Salir corriendo’ porque se identifican con ella. Tú eres incapaz de saber qué es lo que la gente va a sentir con una canción o hasta qué punto le va a llegar, pero por lo menos te queda la sensación de haber escrito algo que para ti era verdad, y pensamos que responde a un sentimiento tangible.
E: Luego cada cual la adapta a sus vivencias. Una canción de amor desesperado hay quien la adaptó a la experiencia de perder a un ser querido. Es bastante increíble.

 

Todos como oyentes lo hacemos, pero como creadores tiene que ser una experiencia sobrenatural.
E: Nosotros adaptamos la letra de otras canciones a nuestras vivencias también, claro. Hemos perdido seres queridos. Hemos vivido esas situaciones y pensar que hay gente que supera según qué situaciones con una canción nuestra nos pone los pelos de punta. Que te cuenten que una canción ha formado parte de una etapa de su vida o cómo ha interpretado la letra es impresionante.

 

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“La música, el público o el hecho de hacer discos nos ha dado tantas cosas que nunca habíamos soñado que recibiríamos, que la única manera que nosotros tenemos de agradecer eso es que los directos sean lo mejor que podamos”

 

¿Seguís sintiendo la incertidumbre del qué ocurrirá, o la experiencia se traduce en tranquilidad al pensar en el futuro?
J: Tranquilidad no es la palabra.
E: El disco está rodeado de una incertidumbre ante el futuro desde la perspectiva de músico, de la persona que vive el mundo incierto. Mientras grabamos el disco no nos planteamos nada de esto, porque estamos en nuestra burbuja intentando plasmar lo que tenemos en la cabeza; digamos que esa parte de “qué le parecerá a la gente” no es una variable que manejemos. Una vez que lo terminas sí que tienes la incertidumbre, aquí no hay nada que se dé por hecho. Que haya habido público en “Hacia lo salvaje”, que se hayan sentido identificados, que tengan el disco, que les guste las canciones… no significa que vaya a ocurrir con lo siguiente que haces.
J: Es bueno que sea así. La persona a la que he oído explicar mejor esto es a Almodóvar. Una vez le escuché decir justo lo que nos pasa a nosotros. Él dijo: “Yo cuando hago una peli, cuando la escribo y la estoy haciendo, no pienso nada en el público. Cuando está terminada solo pienso en el público”. No diré que nosotros solo pensemos en el público, pero no me creo a un artista que diga que no le importa lo que piensen. Lo que es clave es que tú sientas que has hecho lo mejor que podías y que des lo máximo, pero claro que importa lo que opinen los demás.
E: Y cuando está terminado es importante transmitirlo de la mejor manera. Poner toda la carne en el asador para que llegue al mayor número de personas posible.
J: Y tocarlo en directo. La música, el público o el hecho de hacer discos nos ha dado tantas cosas que nunca habíamos soñado que recibiríamos, que la única manera que nosotros tenemos de agradecer eso es que los directos sean lo mejor que podamos. Es algo tan alucinante que siempre salimos a tocar como si fuera la primera vez. Es una sensación muy difícil de explicar, pero te puedo asegurar que nosotros nos volvemos locos. Es absolutamente obsesiva nuestra intención de que todo suene bien y como nosotros queremos, que todo suene como nosotros lo escuchamos en nuestras cabezas.

 

Amaral podría vivir al margen de los festivales, sin embargo decidís formar parte de ellos. ¿Creéis que es positivo para una banda?
E: A mí me parece toda una experiencia.
J: Nos encantan, porque tienes la ocasión de ver a otros grupos. Casi toda nuestra gira es de conciertos nosotros solos, hacemos muy pocos festivales. Empezamos a ir a festivales con el primer disco, pero a horas en las que todavía era de día, las cuatro de la tarde y tal… La base para que toquemos en un festival es que nos den la posibilidad de sonar muy bien y en el SOS (festival en el que empieza su gira en España) sabemos que cuidan muchísimo el aspecto sónico. Ya habíamos tenido conversaciones con ellos hace años, pero nunca había encajado por fechas. Este año ha cuadrado todo y vamos a arrancar ahí. Y esperamos que sea un directazo.

 

¿Qué se puede pedir a un séptimo disco?
J: Yo siento que son solo siete, que estamos aprendiendo un montón de cosas. Si piensas en Nick Cave o gente que nos gusta, tienen bastante más de siete discos. Realmente estamos pensando más en la gira y en el siguiente disco, a este tampoco le pedimos nada.

 

A un disco le pides otro…
E: Nunca miramos hacia atrás y mucho menos hacia delante. Estamos acostumbrados a vivir en el presente. No sabría qué más pedir, porque me siento muy satisfecha con todo lo que ya está ocurriendo con las nuevas canciones. El otro día tocamos en Joy Eslava solo con la guitarra y fue una experiencia muy bonita ver que la gente se sabía las canciones… No hay nada más que pedir que eso.

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