Alberto Cortez: Decálogo para una despedida

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Foto: SGAE.

 

En memoria del cantautor Alberto Cortez, Javier Márquez Sánchez repasa su cancionero para escoger diez de las piezas que mejor han representado su carrera.

 

Selección y texto: JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ.

 

Lo llamaban el cantautor de las cosas pequeñas, o de las cosas simples, quizás porque ya desde su primera composición, siendo solo un adolescente, le gustó poner su foco en los detalles mínimos que acaban por conformar la propia vida. Alberto Cortez, nacido en Rancul (La Pampa), en 1940, y fallecido este jueves 4 de abril en Madrid, por una insuficiencia cardíaca tras una hemorragia gástrica, fue un hedonista, en el sentido más sencillo de la palabra. Era un verdadero amante de la vida para el que no existía mayor placer que una velada entre amigos alrededor de una mesa bien nutrida de buen vino y buena comida. Y fiel a ese sentimiento, desdeñaba a quienes intentaban impedir la felicidad de otros, a quienes ponían barreras y fronteras; principios, normas y directrices. Por todo ello, en esencia, sus composiciones se basaban en ese principio básico de vivir (de verdad) y dejar vivir.

También fue un cantautor atípico, ya que además de una exquisita sensibilidad para la composición hacía gala de una torrencial voz capaz de modular desde unos susurros de terciopelo a los más rotundos exabruptos, lo que lo convirtió igualmente en destacado intérprete de composiciones ajenas.

Para recordarlo tras su muerte, seleccionamos aquí un decálogo musical imprescindible:

 

1. “Un cigarrillo, la lluvia y tú”.

Según contaba, fue su primera composición, siendo un adolescente. La canción la popularizaron con el tiempo diversas voces latinoamericanas, en especial la de Tito Rodríguez.

 

 

2. “Te llegará una rosa”.

Cuando Cortez hizo su primera gira y su mujer no pudo acompañarle dejó encargado en la floristería de la esquina que cada mañana le enviasen una rosa. Cuando regresó, la casa estaba llena con todas las flores.

 

 

3. “Callejero”.

Un retrato emocionante e hiperrealista de un perro callejero, “el perro de todos”, que sirve para dibujar la sociedad que lo rodea. En sus primeros trabajos, muy en la línea de los gustos de aquellos últimos años sesenta y primeros setenta, Cortez firmó una serie de interesantes canciones de corte costumbristas siempre con un afilada mirada crítica.

 

 

4. “Mi árbol y yo”.

En la línea de la anterior, nos encontramos en este caso con un emocionante canto a la infancia y al paso del tiempo a través del árbol que va creciendo con el protagonista de la historia.

 

 

5. “A mis amigos”.

Comparte título y espíritu con una composición de Joan Manuel Serrat, pero cada una pone de manifiesto la idiosincrasia de su propio autor. La del argentino tiene menos humor que la del catalán, y busca profundizar más en el sentimiento de la amistad, sus lazos y compromisos.

 

 

 

6. “Las nanas de la cebolla”.

En sus inicios Alberto Cortez musicalizó a varios poetas. Para su disco dedicado a Antonio Machado, Serrat tomó sus versiones de ‘Retrato’ y ‘Las moscas’. Tres años más tarde rescató esta adaptación del texto de Miguel Hernández para su álbum homónimo. Además de estas canciones, ambos compartieron a lo largo de sus carreras el talento y buen hacer del arreglista y pianista Ricard Miralles.

 

 

7. “No me llames extranjero”.

Cortez colaboró con otros muchos cantantes a lo largo de su vida, pero fueron probablemente los discos y las giras junto a Facundo Cabral los que más y mejor recuerdo han dejado en el público. Eran verdadera magia en el escenario, dos trovadores de una extrema sensibilidad y agudísimo sentido del humor compartiendo canciones, poemas y reflexiones líricas. La versión que ambos ofrecían en directo de esta canción de Rafael Amor debería ser de obligada audición en colegios e institutos.

 

 

8. “Castillos en el aire”

Un canto a la libertad que supone la locura, entendida como rebeldía ante las imposiciones sociales, en el que habla de ese lugar “adonde nadie pudo llegar usando la razón”. Fue uno de sus grandes éxitos, imprescindible en cualquier recital.

 

 

9. “En un rincón del alma”.

Alberto Cortez no fue un mujeriego, pero sí —como aquella maravillosa película de Truffaut— un “amante del amor”. De hecho, es popularmente conocido como cantante romántico, aunque siempre con una refinada sensibilidad y gusto por el detalle. En este sentido, es esta su canción más conocida y desde luego la más versionada, desde Chavela Vargas a María Dolores Pradera (y Siempre Así, ojito).

 

 

10. “No soy de aquí”.

El cantautor se mantuvo en activo hasta el último momento (tenía conciertos cerrados en Latinoamérica para los próximos meses), recorriendo escenarios de medio mundo y sintiéndose como en casa allá donde hubiera un amigo (pocos como él le dedicaron tantos y tan desgarradores himnos a la amistad, incluso a la ausencia de esta). Tal vez por ello quizás sea esta composición de su amigo Facundo Cabral, revisada y adaptada por Cortez, el mejor epitafio a la vida y la carrera de este hombre que ya es legado de todos, cuando canta: “No soy de aquí, ni soy de allá / no tengo edad, ni porvenir, / y ser feliz es mi color de identidad”.

 

 

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