AFDTRQHOT, de Los Punsetes

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DISCOS

 «Unos Punsetes que se nos presentan en plenitud de facultades, más duros, afilados y enérgicos elepé a elepé; más atentos al ser humano y a la situación social»

 

Los Punsetes
AFDTRQHOT
SONIDO MUCHACHO, 2022

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Hace como unos veinte años recibí la maqueta de un grupo que estaba empezando a hacer canciones. De hecho, fue la última maqueta física que recibí. En 2003 había nacido Myspace y los grupos ya ofrecían sus canciones en ella, sin acudir a ningún formato físico. En esa maqueta había siete canciones y, si todas me llamaron la atención, “El bar del tanatorio” ya me provocó una subida a reacción a la gloria. Su fondo sonoro era devoto, en parte, de la nueva ola y, en parte, de Los Planetas; su letras no tenía nada que ver con cualquier otra cosa que se hubiera hecho en el pop español. Eran crudas y ácidas, pero sencillas en su factura. En su doble sentido, el literal superaba al figurado. Eran siempre extrañamente verdad. Y lo siguen siendo. Ahí había talento, proyección y ganas, a pesar de la indolencia con que parecían interpretarlas. Era uno de sus trucos. El grupo se llamaba Los Punsetes.

Han pasado esos veinte años y Los Punsetes se han convertido en una de las bandas de referencia de la música española con sus siete discos. Y con este reciente título diabólico, en realidad es una sigla de Al final del túnel resulta que hay otro túnel, ya han conseguido un clásico instantáneo, capitaneado por “España corazones”. Tiene todas sus características: melodías serpenteantes, que a veces pegan mordiscos, un fondo que parece retenido, pero compacto y lleno de energía —con guitarras en ataque directo al final— y letras irónicas e hirientes sin que nadie pueda decir que hieren directamente. Actúan igual que Los Nikis. Expresan lo que quieren criticar y matar, como si creyeran en ello. Las nueve canciones que restan adoptan estos mismos parámetros, excepto “Ocultismo”, nueve minutos en que desfilan las religiones, el arte, la política, las relaciones laborales, la monotonía. Un manifiesto generacional en forma de pequeña sinfonía psicodélica, experimental y onírica.

Siempre airados, en “Cerdos” explota un nihilismo colérico que escoge lo peor de la vida para enfocar su ira, pero lo hacen con la tal rabia y nervio que parecen hasta optimistas. Y es que, son especialistas en echar en cara de manera directa toda la basura que generan algunos personajes. «Tú has venido a lo tuyo y te importa/tres cojones lo de los demás», proclama la adictiva melodía de “Que te vaya mal”.

Hermana de esta anterior es “Cosas que no me gustan”, donde habla del siglo veintiuno, de las gentes que nos sulfuran, de la convivencia y las norma de educación. Todo ello lleva a una especial sensibilidad, a la autoconmiseración, a cómo nos destruimos a nosotros mismos por morder silencio, por obsesionarnos con lo que falla.

Hasta aquí, Los Punsetes han sido directos, tanto en las letras como en las guitarras. En otras ocasiones, el sentido va por debajo, nunca mejor dicho esto que en “Estratos geológicos”, una clase de Ciencias de la Tierra para explicar el fondo de las almas, de esas almas en las que no ha sedimentado nada. También tiene doble fondo “Un condenado a muerte se ha escapado”; inteligentemente, se inicia a la manera de un western, lo más adecuado para el tema que, a priori, parecen tratar. Condenados a muerte, que no nos damos cuenta hasta el final que somos todos, no en el sentido físico sino en el existencial. El día a día nos lleva al patíbulo entre guitarras más desesperadas que nunca.

Incluso devienen clásicos. En “Fomo” revitalizan el poema “De vita beata”, de Jaime Gil de Biedma para recuperar un ideal estoico, un mensaje moral. Aparecen más relajados —aunque al final se crecen— y también más líricos, o agresivos, que al fin y al cabo viene a ser lo mismo. Otra virtud, repiten y repiten la frase del estribillo, y juegan muy bien con esa reiteración siempre.

Unos Punsetes, pues, que se nos presentan en plenitud de facultades, más duros, afilados y enérgicos elepé a elepé; más atentos al ser humano y a la situación social. Son los grandes analistas del estado actual de las cosas, de la crispación, de la enorme dificultad de unos tiempos convulsos que ellos retratan con sabiduría y perfectas y certeras viñetas.

Anterior crítica de discos: La senda de los justos Vol.3, de Lauren Jordan & Las Malas Compañías.

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