Una joven pareja, de Marcos Ordóñez

Autor:

LIBROS

«No son más que dos amantes vivos, ingeniosos, ilusionados, que se mueren por escritores de segunda fila»

 

Marco Ordóñez
Una joven pareja
PEPITAS DE CALABAZA, 2021

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Es muy difícil contar una historia de amor. Palabras grandilocuentes, retórica y lírica parece que pueden ayudar, parecen lo necesario, pero es muy difícil —hay que ser un gran «manejador» del lenguaje— para ese tono emocione y no logre envolver el vacío. En muchos de los casos, molesta. Un estilo neutro, descriptivo y costumbrista puede parecer, por el contrario, que no se ajusta al tema —¿cómo vas a contar un amor sin retórica?— cuando es el que en verdad emociona, el que le da realidad a su esencia tangible, táctil.

En su nueva novela, Marcos Ordóñez adopta este camino estilístico desde las primeras páginas, en las que Iván y Patricia coinciden, a sus veintitres años, en un deseo que liberan sin pensar apenas. Están en una piscina municipal. Ese mismo día ya buscan un hotel. Los detalles de ese primer encuentro están narrados con una precisión de microscopio nuclear. El primer día queda fijado en la memoria lapa. Todos los amantes lo saben.

A partir de ahí no recorren senderos sentimentales diferentes al resto de los mortales. Primeras peleas y primeras manías, reconciliaciones que les hacen seguir caminando, suegros, familia y amigos que los envuelven. Todo lo que ustedes hayan vivido, pero explicado con una claridad y una sencillez que hace que parezcan también amigos nuestros, de los de toda la vida. Y eso que no son los personajes mejor trazados de la obra. Me quito el sombrero ante Carlos y Lina. Él había sido profesor de literatura de Iván en el instituto y habían convertido la docencia en amistad, hasta que el contacto los hace convertirse en unas contrafiguras más adultas de nuestra joven pareja. Son Iván y Patricia, pero mejorados.

Pero la novela, costumbrista como decimos, no se contenta con exponer el desarrollo de un amor, sino que también dibuja un fresco de lo que fue la Barcelona de aquellos años en otro intento por hacer una gran obra sobre la ciudad. Aparecen restaurantes y bares que crearon el ambiente que se respiraba por las calles —el Romesco, el London, el Marsella…—, discotecas que nadie se perdía como Les Enfants Terribles, calles… Hasta la señora María, una de las estampas de las Ramblas que —estoy seguro— ha quedado más en la memoria individual, pero no en la colectiva. Era una simpática anciana que tocaba una guitarra de juguete con las cuerdas rotas y se adornaba con flores de plástico en el pelo.

También aparece música al girar cada página: Héctor Lavoe, Paul Simon, unos tales Radio Futura, que acaban de sacar el primer disco. Hasta acude nuestra pareja —que vive en La Floresta, un barrio al otro lado de la montaña de Barcelona, reducto hippie un lustro atrás— a ver a Gato Pérez en Zeleste. A Jaume Sisa se lo encuentra Patricia en el balcón de la casa donde celebran el fin de año del 79. Galante a más no poder el cantautor galáctico.

Una temporada de mili —con historias de reclutas, como en las peículas de la época— e Iván retoma su deseo de ser escritor, mientras Patricia, de voz hermosísima, desgrana canciones con su guitarra. No son más que dos amantes vivos, ingeniosos, ilusionados, que se mueren por escritores de segunda fila, mientras que no aguantan el ambiente intelectual que los rodea. Por ello, van a ver a Pablo Ansorena, ya mayor y que sigue escribiendo «para seguir». No se sabe hasta qué punto es el propio Ordóñez quien le contesta, pero en esas palabras hay ilusión. La misma ilusión que empiezan a escarbar los jovenes amantes y que los sostiene; tanto los sostiene que en el título, con ingenio, su autor coloca las dos palabras al mismo nivel, resulta tan importante que sean jóvenes como que sean pareja; resulta tan importante que tengan esperanza como que se quieran.

Anterior crítica de libros: Antes de que nos olviden, de Sergi Doria.

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