Flores fuera de estación, de Margarita Leoz

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LIBROS

«Margarita Leoz nos muestra personajes que creen que la vida debería ser algo más de eso que están viviendo»

 

Margarita Leoz
Flores fuera de estación
SEIX BARRAL, 2020

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

La narrativa corta española que aborda relaciones familiares aparentemente banales, pero que esconde un universo de círculos en el que lo que no se dice es lo esencial, vuelve a estar de enhorabuena. A la relación de obras que han ido espigándose con acierto en los últimos años, sobre todo con voces femeninas, se añade el segundo libro de la escritora navarra Margarita Leoz, Flores fuera de estación, después de que hace casi diez años publicara Segunda residencia.

Son cinco cuentos, algunos de ellos casi una novela corta, que enfocan momentos cotidianos, situaciones habituales en la vida de los personajes que el lector descubre como alguien que se cruzara con ellos en la calle. Pero, tras esta rutina, una pequeña frase, un hecho que los retrotrae a un pasado ya olvidado, abre calas de un sentimiento que nunca se muestra directamente. Sublime virtud: seguimos viendo a los personajes como ciudadanos de un país real, pero las sugerencias indican que dentro de ellos ha nacido otro país que los guía en sus acciones, el de los sentimientos. Es el tipo de cuento más estimado hoy en el mundo occidental, el que va de Chéjov a Carver, con miles de páginas en el intermedio.

Por ejemplo las de Joyce en Dublineses. “Bulbos” recuerda en su subterráneo punto de apoyo a “Los muertos”, del escritor irlandés. La situación cotidiana es el trasiego de un aeropuerto, donde dos hermanas conversan por teléfono. Bajo la capa superficial hay un viaje para asistir al entierro de un antiguo y juvenil amante que la protagonista tuvo en un país del este. En el momento de la llegada, va siendo poseída poco a poco por el fantasma del pasado, y es sensible a cada detalle de una ciudad en la que amó y que desaparece definitivamente de su vida en cuanto se pierde de vista en la ventanilla del avión de vuelta.

Son cuentos en los que no sucede nada especial, más allá de lo que podría informar un telediario. Eloy vive en la antigua tienda de muebles de sus padres y tiene que situar en las viajas camas de los setenta y los ochenta a los accidentados de un accidente de autocar; dos parejas pasan las vacaciones en una casa de campo, y han de ir a recuperar el cuerpo de Jaime, que ha desaparecido en un viaje a la India; alguien vuelve al pueblo y se encuentra con su infancia… Todo parece evanescente, limitado, irreal, a pesar de ser muy palpable. Los sueños no se cumplen, el tema del doble es obsesivo, la incomodidad asalta en la rutina, pero no se espera nada más…

Hasta llegar a un final en muchos casos fragmentario: la vida sigue. Finales en los que no se dice nada y se dice todo, porque los sueños no se pueden decir. Con suave destreza, sin sentirlo, Margarita Leoz nos muestra personajes que creen que la vida debería ser algo más de eso que están viviendo.

Anterior crítica de libros: Deseo carnal. Alaska y Dinarama, mil campanas, de Marcos Gendre.

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