Las mejores portadas del rock: The Beatles, “Yesterday and today”

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“Las tiendas se negaban a vender el álbum debido a su macabra cubierta, y eso a pesar de que se habían borrado con aerógrafo las manchas de sangre en las batas blancas de The Beatles”

 

La portada más macabra de los Beatles se editó para Estados Unidos, pero allí molestó y fue censurada. Esta es su historia. Nos la cuenta Xavier Valiño en la despedida de esta serie que tendrá su continuación en un libro de próxima publicación.

 

Una sección de XAVIER VALIÑO.

 

 

Fotografía: Robert Whitaker.
Fecha de edición: 20 de junio de 1966.
Discográfica: Capitol.

 

 

En la primavera de 1966, el sello norteamericano de The Beatles quiso poner en circulación otro de aquellos discos batiburrillo en los que combinaban distintas canciones de los álbumes oficiales del grupo con la intención de rentabilizar su gira por aquel país de aquel mismo año. “Yesterday and today” se convirtió así en el noveno álbum editado por Capitol Records para aquel mercado en junio de 1966.

En el disco aparecieron seis canciones provenientes de los álbumes británicos “Help!” y “Rubber soul”, las cuales no habían sido publicadas aún allí en ningún álbum: ‘Act naturally’ y ‘Yesterday’ del primero, y ‘Drive my car’, ‘Nowhere man’, ‘If I needed someone’ y ‘What goes on’ del segundo. Se incluyó también el single de doble cara A ‘Day tripper’ / ‘We can work it out’ y tres canciones de su siguiente disco, “Revolver” (‘I’m only sleeping’, ‘Doctor Robert’ y ‘And your bird can sing’) en sus mezclas duofónicas (falso estéreo).

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En aquellos días The Beatles estaba trabajando en su nuevo álbum, “Revolver”. Al ser incluidas tres de sus canciones en “Yesterday and today”, su próximo disco en los Estados Unidos quedaba también hipotecado, ya que no se podrían volver a editar. De hecho, “Revolver” en su versión norteamericana fue el único disco de The Beatles que cuenta con más canciones de George Harrison que de John Lennon.

Esta manera de construir (o destruir) sus discos en Estados Unidos molestaba especialmente al grupo desde sus inicios, ya que invertían mucho tiempo en preparar su secuenciación, pero tampoco hacían gran cosa para evitarlo al tratarse del mayor mercado mundial, que les reportaba ingresos sustanciales. Preferían dejar hacer a su compañía en aquel país.

Desde 1964, al grupo lo acompañaba habitualmente el fotógrafo Robert Whitaker, nacido en Harpenden, Hertfordshire, Inglaterra, pero que se había trasladado a Melbourne en 1961 para estudiar en su Universidad. En aquella ciudad había acompañado un día a un amigo periodista para hacerle una entrevista a Brian Epstein, el mánager de The Beatles. Cuando Epstein vio las fotografías que Whitaker le había tomado, le pidió que pasase a ser el fotógrafo del grupo en sus siguientes giras entre 1964 y 1966.

Su fotografía más recordada es la que hizo el 25 de marzo de 1966 en el número 1 de The Vale, King’s Road, del barrio de Chelsea en Londres. En aquella ocasión, The Beatles acudieron al estudio del fotógrafo convocados para una sesión con la intención de tomar alguna imagen que pudiera servir para la portada o las imágenes de promoción de su siguiente single, ‘Rain’ / ‘Paperback writer’.

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La banda y su fotógrafo estaban decididos a crear algo distinto a las habituales fotos promocionales. Aquella sesión de Whitaker estuvo influida por las imágenes del artista y fotógrafo surrealista de origen polaco Hans Bellmer, en especial por su obra “La muñeca” (1933) [en la foto], simulacro de una mujer en un tamaño casi real de 1,40 cm, hecha de papel y pegamento. Sus imágenes de muñecas desmembradas aparecieron en 1936 en la revista “Minotaure” bajo el título “Variaciones sobre el montaje de una menor articulada” y, al año siguiente, en su libro “Die Puppe”.

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Whitaker también ha citado en alguna ocasión al surrealista Meret Oppenheim como otra influencia importante y, en particular, su más famosa creación “Le Déjeuner en fourrure” (Juego de desayuno de piel) (1936) [en la foto], una creación inquietante en la que cubrió una taza, un plato y una cuchara enteramente en piel. El título lo había sacado de André Bretón y parodiaba el famoso cuadro de Manet “Desayuno en la hierba”.

En aquella sesión de fotos con The Beatles, Whitaker pretendía elaborar un tríptico que tituló “Una aventura sonámbula”. “Pensé en Moisés bajando del Monte Sinaí con los Diez Mandamientos. Se cruza con gente adorando al becerro de oro. Por todo el mundo había visto como a The Beatles se les idolatraba como ídolos, como dioses, aunque para mí no eran más que gente normal. Esta emoción que los fans ponían en ellos me hizo preguntarme adónde se encaminaba el cristianismo”.

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En la primera de sus imágenes aparecía el grupo frente a una chica (la secretaria del estudio) que está de espaldas a la cámara apoyándose en sus rodillas. Ella simula estar adorándolos al tiempo que permanece unida a ellos por una tira de salchichas. La intención de Whitaker era incluirla después dentro de la barriga de una embarazada, intentando representar con la ristra el cordón umbilical que habían traído a la vida a los cuatro componentes del grupo, exactamente como el resto de seres humanos.

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La segunda imagen del tríptico mostraba a George Harrison clavando varias puntas en la cabeza de Lennon. Whitaker pensaba añadirle un bloque de madera en el lugar del rostro de Lennon cuando la retocase posteriormente y ponerle un fondo azul con el mar y el cielo en un sentido invertido. Con ello, según su autor, quería dejar claro que The Beatles eran tan relevantes como ese trozo de madera.

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Además, tomó una serie de fotografías del grupo vestidos con batas de carnicero para la tercera parte del tríptico, con George de pie detrás de un banco en el que se encontraban sentados sus tres compañeros. Los componentes del cuarteto aparecían cubiertos con trozos de carne sanguinolenta prestados por un carnicero que Whitaker conocía desde la escuela, Robert Sandford. En la imagen aparecían también muñecas de plástico compradas en una fábrica de Chiswick, desmembradas, decapitadas y con marcas de quemaduras de cigarrillos, así como ojos de cristal y dientes falsos.

Es la que se conoce como fotografía del “carnicero”, probablemente la más famosa que se le hizo al cuarteto durante su trayectoria. En un principio, estaba destinada a la contraportada del disco para mostrar que el grupo “era de carne y hueso”. Whitaker pretendía rodear a los cuatro componentes de un fondo dorado y revestirlos con halos y joyas para asimilarlos a iconos religiosos. Conviene recordar que pocas semanas antes Lennon había pronunciado su frase “The Beatles somos más populares que Jesucristo”.

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Hubo otras dos fotografías más. La cuarta mostraba a John Lennon sosteniendo una caja abierta con el número 2.000.000 escrito en ella en la parte inferior, colocada alrededor de la cabeza de Ringo para simbolizar que el baterista de The Beatles no era más que otro de los dos mil millones de miembros de la raza humana. También tomó otra imagen, la quinta, de George con su cabeza en una jaula, con la que pretendía representar al grupo como ídolos enjaulados y, también, hacer referencia a su canción ‘And your bird can’t sing’.

El grupo le siguió el juego en todo momento, ya que estaban cansados ​​de las sesiones de fotos al uso, y el concepto era más que compatible con su propio y habitual humor negro. John Lennon lo corroboró años después: “Para entonces las sesiones eran un infierno, tenías que aparentar normalidad y no estabas nada motivado. Aquel fotógrafo trajo esas muñecas, los trozos de carne y las batas de médico, y consiguió meternos en la historia. Era así como nos sentíamos. No me gusta que me encasillen siempre en el mismo papel, y entonces se nos consideraba una especie de ángeles. Quería demostrar que éramos conscientes de la vida”.

A Paul McCartney también le convencía: “Ya había hecho cosas parecidas en otras ocasiones. Recuerdo que una vez Dezo Hoffmann trajo algo de polietileno y nos fotografió mientras lo destruíamos. En las fotos debía parecer que lo estábamos rompiendo todo, pero para nosotros era más que una idea para una sesión. Lo mismo se puede decir da la portada del ‘carnicero’: nos gustó, nos pareció original y escandaloso, pero no vimos todas las connotaciones que tenía”.

Ringo Starr coincidía en la apreciación: “La portada nos pareció estupenda, porque éramos unos chicos buenos así que pensamos: ‘Hagamos una locura’. Lo gracioso es que como censuraron la portada y la cubrieron, todo el mundo se puso a despegar el papel de encima con vapor, la convirtieron en un objeto de colección muy codiciado del que siento no tener ningún ejemplar, porque en aquellos tiempos jamás pensamos que sería mejor conservarlo”.

Por el contrario, George Harrison no participaba del entusiasmo generalizado: “Me pareció de mal gusto y una tontería. Todos hicimos estupideces pesando que era genial o interesante, cuando en realidad se trataba de algo tonto o ingenuo, y aquella fue una de las veces. De nuevo me encontré en una de esas situaciones en las que te ves obligado a cooperar porque formas parte de una unidad”.

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Aquellas imágenes no fueron pensadas para ser utilizadas en la cubierta del álbum. Sin embargo, The Beatles quedaron bastante contentos con las fotos de la sesión y emplearon algunas con fines promocionales. Por ejemplo, en un anuncio de su siguiente single, ‘Paperback Writer’, que apareció en la página 2 del semanario musical británico “New Musical Express” en su edición del 3 de junio de 1966, así como en sendos anuncios en las revistas “Disc” y “Music Echo” al día siguiente. También ocuparía, esta vez en color, la portada de la revista “Disc” del 11 de junio 1966. Por último, las imágenes se pueden ver en las manos de Paul McCartney en fotografías que se hicieron mientras se rodaban los vídeos de ‘Rain’ y ‘Paperback writer’. Nadie en el Reino Unido se quejó en ningún momento de su contenido.

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En los Estados Unidos, Capitol había preparado un diseño para la portada con otra fotografía de Whitaker en la que aparecían George y Ringo de pie alrededor de un baúl de equipaje, con John sentado encima de él y Paul dentro. Capitol envió la carátula al manager de The Beatles, Brian Epstein, pero cuando este se la mostró a sus representados, John, que acababa de volver a ver las fotos del “carnicero”, decidió que quería usar una de esas en su lugar. El resto de la banda lo apoyó.

En más de una ocasión se ha mantenido que la elección de esta foto era una diatriba del grupo contra la política de Capitol de “masacrar” sus discos en Norteamérica con relación a su versión inglesa, pero parece difícil que existiera tal intención ya que el cuarteto no tenía ni idea de lo que iba a hacer cuando se presentó a la sesión de fotos.

Más veraz parece la opinión de que con esa imagen The Beatles querían criticar la guerra de Vietnam. Seguramente no lo habían pensado en un principio, pero al ver la imagen la asociación de ideas fue fácil. Lennon lo dejó claro en una conferencia de prensa de aquel año: “La portada es tan relevante como Vietnam. Si el público puede aceptar algo tan cruel como la guerra, entonces pueden asimilar esta portada”. McCartney lo ratificó a continuación: “Es nuestro comentario sobre la guerra”.

Se preparó entonces la foto de portada como The Beatles deseaba, a pesar de que el departamento de ventas de la discográfica Capitol protestó enérgicamente. El 15 de junio se enviaron ejemplares a pinchadiscos y medios de comunicación, llegando algunas copias a venderse durante un día en algunas zonas muy concretas de Estados Unidos. La respuesta inmediata fue negativa: las tiendas se negaban a vender el álbum debido a su macabra cubierta, y eso a pesar de que se habían borrado con aerógrafo las manchas de sangre en las batas blancas de The Beatles.

Capitol optó por dar marcha atrás en lo que se dio en llamar Operation Retrieve (Operación Retirada). Curiosamente, ni el grupo ni su manager Brian Epstein reclamaron seguir adelante con la portada que habían elegido. La razón estriba en que Epstein había contactado con otras discográficas para la distribución de los discos de The Beatles en Estados Unidos, ya que el contrato con Capitol vencía en poco tiempo. Los sellos pensaban que la fiebre Beatles ya había pasado y, por lo tanto, no consiguió mejores condiciones, así que tuvieron que aceptar el cambio de portada sin rechistar.

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El Presidente de Capitol, Alan W. Livingston, remitió inmediatamente una carta a todos aquellos a los que se les había enviado alguna copia del disco con la intención de recuperarlas: “La portada original, creada en Inglaterra, pretendía ser un sátira ‘pop artística’. Sin embargo, un muestreo con población de los Estados Unidos indica que el diseño se malinterpreta. Por esta razón, y para evitar cualquier posible controversia o daño inmerecido a la reputación o imagen de The Beatles, Capitol ha decidido retirar el LP y sustituirlo por un diseño aceptable para todos”.

Los empleados de Capitol pasaron el fin de semana del 18 y 19 de junio sacando los discos de las portadas para enviarlos de nuevo a la fábrica y que fuesen incorporados a las nuevas carpetas. Aquella primera edición constaba de unas 750.000 copias. Después de destruir numerosas cubiertas, a un empleado de Capitol se le ocurrió que se podía ahorrar dinero pegando la nueva portada sobre la vieja.

La foto del baúl, conocida como “trunk cover” (“la portada del baúl”) y que Whitaker había hecho de prisa y sin ningún interés, fue entonces recuperada y pegada por encima; mientras, la fábrica también iba preparando nuevas carpetas. Por lo tanto, cuando el disco llegó a las tiendas había una única portada en dos tipos de carpetas: la reutilizada y la nueva.

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Buena parte de los seguidores de The Beatles, al enterarse de aquella historia, intentaron despegar sin éxito la cubierta de sus discos para poder ver la portada ofensiva, pero por lo general terminaron destruyendo su cubierta. Desde entonces, tanto la primera como la segunda versión han venido cotizando al alza en el mercado de coleccionismo. Incluso hubo una versión estéreo de ambos lanzamientos, más rara aún que la mono, y que se valora todavía más.

En 1987, el hijo del antiguo Presidente de Capitol Records, Peter Livingston, puso a la venta 24 copias (5 en estéreo, 19 en mono) de la primera edición, pertenecientes a la colección privada de su padre que este había sacado del almacén antes de que fueran destruidas. Estos discos se pudieron comprar por primera vez en una convención de The Beatles en el Hotel Marriott de Los Ángeles, el fin de semana de Acción de Gracias de 1987. Hoy en día son las piezas más codiciadas, con valores que pueden superar los 30.000 euros.

Por su parte, Robert Whitaker siguió trabajando con el grupo en su última gira mundial de 1966 y tomó también las imágenes utilizadas para la portada del álbum “Revolver”. Sus fotografías con The Beatles aparecieron compiladas en varios libros, como “The unseen Beatles” (The Beatles inéditos), “The Beatles in Japan” (The Beatles en Japón) o “Eight days a week” (Ocho días a la semana).

“Yesterday and today”, debido a la controversia suscitada por la portada y a la Operación Retirada, fue el único disco de The Beatles que hizo perder dinero a la compañía Capitol. El fotógrafo siempre lo tuvo claro: “Por supuesto que la gente no lo pilló. ¿Cómo podrían hacerlo? No era más que una pequeña pieza de un gran puzle, pero yo estoy muy orgulloso de la foto. Todavía causa polémica. Usar una cámara es como crear con un cincel o un pincel. Son solo ideas y, francamente, se puede leer en ello cualquier idea que se te ocurra”.

Por suerte, nadie le hizo caso a John Lennon, quien aseguró en su momento que había tenido otro concepto más interesante, según él, para aquella carátula. “Mi idea original para la portada era incluso mejor: decapitar a Paul… aunque él no lo habría aceptado”.

Anterior entrega de Las mejores portadas del rock: Bob Marley, “Catch a fire”.

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