El origen de Wilco

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“Una mente creativa y en continua expansión como la de Tweedy encontró en “Being there” el vehículo para dar salida a todas sus inquietudes”

 

A raíz de las reediciones que hace Rhino de los dos primeros discos de Wilco, Fernando Ballesteros retrocede hasta los orígenes de la banda de Chicago y se detiene en sus dos primeros elepés, “AM” y “Being there”.

 

Texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

A finales de 2017 Rhino puso en circulación las reediciones de los dos primeros trabajos de Wilco. Sin duda, una buena oportunidad para echar la vista atrás, confirmar algunas certezas que nos acompañan desde hace años y sacar alguna nueva conclusión. Sin olvidar, claro, que aquellos dos primeros asaltos de los de Chicago vienen acompañados ahora de suculentos extras que harán las delicias de los ya familiarizados con ellos.

Pero lo mejor será que situemos aquellos dos discos en el tiempo. El primero, “A.M” vio la luz en 1995, apenas un año después de la disolución de Uncle Tupelo, que después de cuatro discos pusieron fin a una trayectoria y a la amistad de sus dos principales creadores: Jay Farrar y Jeff Tweedy. Farrar formó Son Volt y el resto del grupo con Tweedy a la cabeza y el refuerzo del guitarrista de los Bottle Rockets, Brian Henneman, terminó dando forma a Wilco. Por el camino —muy corto— tuvieron tiempo incluso para darle vueltas a la posibilidad de seguir adelante como Uncle Tupelo. Una vez descartado, se lanzaron al estudio a grabar maquetas y a crear unas canciones que se convirtieron en en “A.M”, un álbum que era puro alt-country, recuperando una etiqueta que empezaba a hacer fortuna y que la haría aún más con el paso del tiempo, y que perdía la batalla frente a “Trace” el debut de Son Volt.

Aquel era un buen disco. Otra cosa es que estuviera por debajo de lo creado por su ex compañero y ahora rival, y de otros compañeros generacionales como Jayhawks, pero “A.M” tenía grandes momentos: ‘Casino queen’ es vibrante, ‘Passenger side’ se ha mantenido firme en muchos repertorios de los años gloriosos con su aire dylaniano y ‘I must be high’ funciona con su pegadiza sencillez. De todos modos, en el futuro Wilco solo tendrían que hacer frente a comparaciones con ellos mismos. En el año 95 pocos podían sospechar lo que ese grupo se guardaba y a lo que iba a dar rienda suelta poco tiempo después.

 

 

Definiendo el camino
Al borde de la treintena, Tweedy vivía unos meses cruciales entre el primer y el segundo disco con Wilco. Una mente creativa y en continua expansión como la suya encontró en “Being there” el vehículo para dar salida a todas sus inquietudes. Años más tarde, Jeff destacó que con ese disco quisieron recuperar toda la música que les gustaba antes incluso de Uncle Tupelo, todo aquello que no habían plasmado en su grupo anterior pero que formaba parte de sus colecciones de discos y de sus gustos musicales. “Being there” le sirvió, en definitiva, para tener claro lo que iban a hacer en el futuro. Y eso fue, básicamente, explorar siempre nuevos territorios y no hacer un disco parecido a su anterior obra.

El segundo elepé de la banda de Chicago es un puñetazo encima de la mesa en formato doble, una apuesta ganadora a la que no se habían atrevido muchos, desde que lo hiciera en su día Dylan en “Blonde on blonde”. Todo funcionaba bien. Para empezar, la secuencia de las canciones, desde la inicial ‘Missunderstood’ que les muestra en una faceta que coquetea con lo experimental, hasta entonces inédita. ‘Far, far away’ y su folk sombrío dan paso a ‘Monday’ y su brillante explosión stoniana y la fiesta no para hasta que la aguja se levanta al final de ‘Dreamer in my dreams’.

 

 

La inspiración que vivía la banda, a la que se había sumado la aportación capital de Jay Bennett, destierra de un plumazo el fantasma del exceso de minutaje. “Being there”, con su hilo conceptual sobre todo lo que significa estar en un grupo de rock and roll, se gana a pulso la categoría de disco sobresaliente al que siempre hay que terminar volviendo. Es habitual señalar a “Yankee Hotel Foxtrot” como el punto de ruptura de Wilco tras la luminosidad de “Summerteeth”, pero no es menos cierto que buena parte de la carga que explotaría en 2001 ya anidaba en su segundo álbum.

 
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Nuevas ediciones
La magnitud de la obra se ve muy bien reflejada en la lujosa reedición de Rhino que nos ocupa: cinco cedés o cuádruple elepé si prefieren el vinilo. A las diecinueve canciones del doble disco original se le une una actuación en directo grabada apenas dos semanas después de la salida de “Being there”, una sesión radiofónica y las habituales golosinas en forma de canciones que se quedaron fuera en 1996.

La grabación en vivo le enseña al mundo cómo se las gastaba en el escenario un grupo que ha terminado convirtiéndose en una máquina tan perfecta en directo que, en su propia perfección, se les ha puesto algún pero crítico. Un contrasentido, pero así es la crítica. Por su parte, entre las canciones descartadas hay tomas alternativas de algunas ya publicadas e inéditas. “Sun’s A star”, “Losing interest” o el aire acústico de “Late blooming son” y “Dynamite my soul” demuestran que, a la hora de elegir, los chicos también estuvieron afortunados hace veintidós años dándole forma al disco. Su valor tiene más de testimonial que de aportación al cancionero de Wilco.

La reedición de “A.M” se presenta más modesta. Cuenta con el texto en el libreto del eterno compañero de Tweedy, John Stirratt, y añade en un cedé sencillo ocho nuevas canciones que acompañan a las trece de la obra original. El hecho de que este trabajo era una continuación de Uncle Tupelo, no solo en el tiempo, lo documenta ‘When you find trouble’, postrera grabación del grupo. Entre los extras destaca ‘Myrna Lee’, que ya fue editada en su día por Blue Mountain, la banda de la hermana de Stirratt. Además aparecen ‘Lost love’ y ‘She do not have to see you’, que terminaron figurando en discos de la superbanda Golden Smog. Y si ‘When you find trouble’ es el nexo de unión con el pasado, una primeriza versión de ‘Outtasite (outta mind)’ que acabaría apareciendo en “Being there” señala al futuro. Un futuro, por cierto, que ya es historia grande del rock and roll.

 

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