El disco del día: Julián Maeso

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«Entendí que Julián Maeso, desde la salida de los Sunday Drivers, había tenido pulso para reconstruirse en situaciones difíciles y lo había supurado todo en sus canciones. Y sus canciones aún gotean»

Julián Maeso
«Dreams are gone»
SONY

 

 

Texto: CÉSAR PRIETO.
 

 

Cuando uno escucha el disco de Julián Maeso detecta de inmediato la presencia fantasmal de un alma rota, es la primera impresión y es tan viva que marca todas las canciones con el sello de la desolación. Algunos discos le llegan al crítico con la información adicional bien encauzada y eso les resta inmediatez, condiciona. Lo puro, lo esencial es llegar a él desde el desconocimiento y la sorpresa, y así es como se me presentó la primera canción, ‘It’s been a hard day’, llena de músculo y también de agilidad, puro Gram Parsons, también con el latido de un dolorido sentir. A posteriori conocí las razones y entendí que Julián Maeso, desde la salida de los Sunday Drivers, había tenido pulso para reconstruirse en situaciones difíciles y lo había supurado todo en sus canciones. Y sus canciones aún gotean.

La estética que adopta es lo de menos, importa la vivencia más que el formato. Desde luego hay una presencia importante del Hammond, su instrumento, pero a la vez hay tantas colaboraciones, tantos caminos, que el doble cedé se convierte en un viaje con panoramas cambiantes. Es cierto, se puede englobar en el estilo que se ha dado en llamar americana, pero cada canción adopta diferentes envoltorios. El recuerdo a Dylan, por ejemplo, desde esa guitarra que emerge con paisajes coloreados en ‘Who needs what?’ o la mezcla entre el de Minnesota y los Simon & Garfunkel más entristecidos en ‘Men & ladies’.

Todo está en el disco y todo vestido de un apabullante y denso forjado de la instrumentación. A veces el rhythm’n’blues más clásico como en ‘Tears come from you’, a veces mucho más folk en la delicada ‘What did you want my love for?’, en ocasiones cercano a la voz de Otis Redding, ocurre con ‘You’d better not hurt me again’. Llega incluso con ‘Missing but singing take II’ a explorar los más cálidos caminos del reggae o polvorientos y clásicos sonidos country, ‘Back where you belong’ se llama.

Resulta incluso tan completo que por instantes se revela luminoso, ese tono –en la voz, en las letras- de oscuridad y tristeza guarda esperanzas en la lentitud abierta al sol de ‘Won’t we come back for more?’ y sobre todo en las tres que cierran el segundo de los discos en conclusión grandiosa, rodajas de soul desesperado, terciopelo que la voz rompe en un intenso prodigio de rock y melancolía.



Anterior disco del día: Gregory Porter.

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