Discos: Otras músicas, abril de 2014

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Soul, jazz, guitarra flamenca, tango… Ortodoxia y heterodoxia musical sin fronteras se encuentran en las recomendaciones discográficas de Gernot Dudda para este mes.

 

 

Una sección de GERNOT DUDDA.

 

 

Robert-Glasper-b-25-04-14

Robert Glasper Experiment
“Black radio 2″
BLUE NOTE/UNIVERSAL

Su primer “Black radio” ganó un merecidísimo Grammy, pero sobre todo sembró la esperanza de que todavía se podía hacer música negra de guante blanco (y para las masas) en una escena compartida –con más frecuencia de lo deseable– con esa descorazonadora proliferación de macarras y proxenetas de suburbio. Supongo me entienden los que vivieron el esplendor del R&B con aquel santoral de célebres creadores, cuyos nombres –para más inri– suelen estar encima en boca de estos niñatos cuando se les pregunta por sus influencias. Y claro, nada que ver. Bueno, pues resulta que Robert Glasper [en la foto con su banda], además de citarlos los ha escuchado. Y venerado con sabiduría, como lo prueban las suculentas versiones que aparecen por aquí y que ofrecen lecturas muy imaginativas y creativas de las mismas. Es el caso del ‘Jesus children’ de Stevie Wonder (¡un tema de 1973!), con la réplica rap que el actor-poeta Malcolm Jamal-Warner hace a la excepcional interpretación de Lalah Hathaway (¡hay apellido!). O de la vocoderizada ‘Lovely day’ de Bill Withers, vieja gloria a la que costará ver grabando de nuevo pero que no pierde ocasión de confraternizar con los músicos que le versionan, como así ocurre en la sonriente intro telefónica de la pieza.

Como se puede apreciar, el pianista de Texas no se ha quedado solo con la cara más exterior de las excelencias vocales clásicas. También ha sabido penetrar a fondo en la exquisita puesta en escena de aquella voluntad pionera por romper cánones y expandir sonoramente el formato de canción a límites no habituales por entonces. Esto también podría sonar a nostalgia –como a nostalgia suenan el piano Rhodes, los sintetizadores, el vocoder o esos satinados coros femeninos–, pero entra en juego su personalidad, su destreza a la hora de armar y organizar todo el puzle en el estudio, y queda automáticamente desactivada cualquier función “vintage”. Su experimento es cien por cien actual.

A Quincy Jones le llamaban el rey Midas por convertirlo todo en oro y gozar de una inigualable capacidad de convocatoria entre los mejores y más grandes músicos de color, que ya estaban tardando en pasarse por el estudio cada vez que él grababa y/o producía un disco. Y Robert Glasper ha conseguido aumentar aquí el poder de reunión de su primer trabajo con más invitados todavía por metro cúbico. Tenemos a Common y a Patrick Stump en ‘I stand alone’, que viene precedido de esa antológica intro del álbum (a golpe de vocoder, muy a lo Earth, Wind & Fire). Tenemos a Anthony Hamilton en ‘Yet to find’, que suena como una Tracy Chapman con el acompañamiento rítmico de unos Bruce Hornsby & The Range. Tenemos a Bilal y a Jazmine Sullivan compartiendo sensualidad sin contrapartidas en ‘You’re my everything’. Tenemos a la gran Jill Scott en ‘Calls’ (¡qué placer da escuchar siempre esta voz!). Tenemos a Norah Jones dejándose mecer a ritmo de un suave drum‘n’bass en ‘Let it ride’. Tenemos a Macy Gray y a Jean Grae librando un pizpireto duelo en ‘I don’t even care’, quizá el tema más pop de todo el álbum. Tenemos a Marsha Ambrosius dejándoselo todo en ‘Trust’… Los “tenemos a” del disco son muchos, bien compartidos y cada cual más impredecible y solvente. Todos los invitados saben ya de la importancia de estar ahí, la huelen, la intuyen, y no quieren perderse la fiesta. Una fiesta por la Redención. Por la Salvación de la “soul music”. Por la Salvación del Alma.

 

 

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Brad Mehldau / Mark Guiliana
“Mehliana (Taming the dragon)”
NONESUCH/WARNER

En uno de esos bandazos que suele dar la carrera de Brad Mehldau en pos de nuevos registros, le ha apetecido sacar esta vez su vena más juguetona y “artie” y se ha asociado con el batería Mark Guiliana. La intención es la de obtener juntos un trabajo tremendamente eléctrico y alejado del jazz y la música instrumental contemporánea tal y como y se la conocemos de obras anteriores. Eso por la parte que le toca al pianista, porque en el caso de Guiliana este ya lleva un tiempo dedicado a estos vibrantes grooves de funk electrónico, tanto como músico por cuenta ajena (Avishai Cohen, Me’Shell Ndegéocello) como propio protagonista de sus obras (“Beat music”). Los dos, qué duda cabe, suman efectivos y arriman esfuerzos comunes para llegar a un punto de equilibrio que pueda responder de forma tan espectacular por las respectivas visiones que tiene cada uno ante la música (si alguien no ha reparado en ello, el término “Mehliana” es un acrónimo de sus respectivos apellidos). Pero hay también que convenir que el terreno es abonado y perfecto para Guiliana como ejecutante (juega en casa), mientras que Mehldau se ha tenido que batir el cobre como ideólogo y autor de las brillantes ideas que se desvelan en el concepto (como la ocurrencia de que el tipo que se le aparece en sueños y que le da un buen paseo por las circunvalaciones de Los Ángeles es un cruce entre Joe Walsh y el Dennis Hopper de “Easy rider”). Truca aquí su elegante piano acústico por el Rhodes y los sintetizadores de vieja escuela, siendo la primera vez que lo hace y saliendo además muy bien parado. Ya no se puede ver tan solo como un suma y sigue a lo que hacían Chick Corea o Herbie Hancock a mediados de los años setenta del pasado siglo. Entre medias se ha colado de todo. Desde los delirantes lances de Medeski, Martin + Woods hasta el techno inteligente de Orbital, The Orb y Future Sound Of London, cuya “revolución” no llegó a cuajar lo suficiente al otro lado del océano (de todo hay en el álbum). Compruébenlo solventemente en piezas como ‘Luxe’, ‘You can’t go back now’ o la psicodélica ‘Elegy for Amelia E.’.

 

 

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Marcelo Mercadante y su Quinteto Porteño
“Justamente”
KARONTE

El compositor y bandoneonista argentino residente en Barcelona cuenta con una apabullante biografía musical que incluye varios trabajos a vueltas entre la profundidad y la renovación del tango. Astor Piazzolla dejó un legado basado en la libertad argumental (si se saben llevar, todos los caminos conducen al tango). Y Mercadante se ha propuesto elevar este techo en pleno siglo XXI con una propuesta camarística que tanto reserva unos roles muy específicos a los instrumentos como que les permite grandes espacios para la improvisación. Pero las piezas –sean del tipo A o del B– pueden sobrevolar por igual cuerpos y almas levantando a su paso buenas dosis de imaginación y fantasía. Algunas, como ‘Miñón’, ‘Diurna’ o ‘Laiave’, gozan de una altísima preferencia por las milongas, el candomblé y otros ritmos folclóricos de su país, yendo mucho más allá del tango.

Aparte de su propio bandoneón, en su quinteto cuenta con piano (Gustavo Llull), violín (Olvido Lanza), contrabajo (Emiliano Roca) y hasta guitarra eléctrica (Javier Feierstein). Porque por encima de todo, Mercadante es un extraordinario compositor y arreglista, al que también le puede cierta vena neoclásica, presente en las tres sonatas para piano con las que cierra el álbum (‘Tres puntos’).

Disfrutemos con pasión de ese ‘Sant Antoni’ que es gloria bendita –una pieza sin duda modélica– y en general de un trabajo que reclama para Barcelona la capitalidad mundial del tango, a la altura de Buenos Aires y París. El disco está dedicado a la cantante argentina Elba Picó, recientemente fallecida, y que dejó una sentida interpretación en el único tema vocal del álbum, justamente el que le da título.

 

 

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Juan Carmona
“Alchemya”
WORLD VILLAGE/HARMONIA MUNDI

Las notas promocionales evidentemente apuntan hacia un trabajo de magia congénita, labor de un alquimista que, haciendo honor al título, ha encontrado la piedra filosofal, “simplemente concentrándose en la propia música”. Nada que refutar. Todo lo contrario, uno se siente con la obligación de contribuir a la cata y de aumentar la leyenda tratando de aportar nuevas observaciones adicionales.

Lo que está claro es que para todo buen guitarrista flamenco de recital que se precie llega un momento en que parece necesario abrirse a cuantos más horizontes musicales posibles para no sentirse –innecesaria e injustamente, a mi parecer– limitado desde un punto de vista técnico. Por supuesto es magnífico que lo haga, pero siempre por otras razones (libertad, riqueza, res social, posibilidad de elevar el techo tímbrico dando cabida a otros instrumentos…). Así que debo dar por hecho que es el caso de que Carmona abra aquí su obra a tremendos invitados como Larry Coryell, Sylvain Luc, Mino Cinelu, Josemi Carmona, Paquete, El Negri, Ramón El Portugués o La Tana. Y de que lo haga en el mayor “crossover” que se recuerda para un disco de guitarra flamenca en su acercamiento al jazz y a las músicas del mundo. Un “crossover” con gusto y mucha clase. Con bordones dorados, como el de ese ‘Africando’ y sus coros y flautas tan “jajouka”, o el de ‘Mambo influenciado’, maravillosa y honorífica versión de la pieza homónima de Chucho Valdés. Juan, otro consumado Carmona, diestro y veterano. Contumaz.

 

 

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Joaquín Chacón & Mariano Díaz
“Skytrain”
ERRABAL JAZZ

Todo lo que en jazz lleve por nombre “train”, parece conllevar implícitamente mucho de Coltrane. Sufijo ferroviario –o “coltraniano”– aparte, se trata de una sensación, una inconsciente sinestesia, que nos mueve a pensar siempre en el mejor jazz. Y el mejor jazz ya hace décadas que superó el debate entre “acústico” y “eléctrico”. Así que haciendo justicia a sus respectivas trayectorias musicales, el guitarrista Joaquín Chacón y el pianista Mariano Díaz juntan sus nombres en esta obra de 2012 que ve ahora la luz por primera vez gracias al sello vasco Errabal Jazz.

Nueve piezas cuya autoría aportan ambos de forma individual (más una interesantísima toma alternativa de ‘Yotsuya station’) y que cuenta con una nómina de invitados que es también de las que quita el hipo, con el norteamericano Dave Liebman a los saxos tenor y soprano, Javier Colina en el contrabajo, Perico Sambeat a los saxos alto y soprano, Mario Rossi en el bajo eléctrico y contrabajo, y Guillermo McGill a la batería. Ya la mera presencia de todos ellos garantiza que la ecuación sonido-rítmica-textura se resuelva muy favorablemente, con mucha química interna, y en las dos sesiones en que se grabó el trabajo.

La entrega y energía son excelentes, como se puede comprobar en el propio tema ‘Skytrain’, en la fabulosa ‘Notas discordantes’, en cualquiera de las dos tomas de ‘Yotsuya station’ o en alguna de las piezas más post-bop del álbum, como ‘Energy thieves’.

Un trabajo fresco y radiante que, una vez más (¡y no es tópico!), sigue poniendo a nuestro jazz al mejor nivel internacional.

Anterior entrega de Otras músicas: marzo de 2014.

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