Celebrando a Etta James: Diez canciones favoritas del Doctor Soul

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Este jueves, la gran Etta James cumpliría 80 años. En su ausencia, Luis Lapuente revisa la discografía de la célebre vocalista de soul y rhythm and blues, y recupera diez de sus piezas más imbatibles.

 

Selección y texto: LUIS LAPUENTE.

 

1. ‘The wallflower’ (1955).
Nacida en Los Ángeles, California, el 25 de enero de 1938, Etta debutó a los 14 años, secundada por la banda de Johnny Otis, con una pieza descarada, incandescente y rabiosamente sincopada titulada ‘The wallflower (‘work with me Annie’)’.

 

 

2. ‘Don’t get around much anymore’ (1961).
Aparte de por todos sus clásicos mayúsculos del soul, una Etta James menos reconocida por el gran público triunfó como intérprete de blues clásico (escúchese el álbum que dedicó al legado de Billie Holiday (“Mystery lady”, 1994) jazz de todos los pelajes, capaz de deleitarnos con piezas canónicas del género, como esta fantástica lectura en clave de soul carnal del incunable de Duke Ellington ‘Don’t get around much anymore’.

 

 

3. ‘At last’ (1961).
La alegría de vivir en toda su energía más transparente, quizá su canción más emblemática, la que la consagró como una grande entre las grandes vocalistas del rhythm and blues y el soul de todos los tiempos. Dio título a su disco de debut, editado en 1961 por Argo. Publicada, además, en single en su día con una cara B demoledora, el clásico de Muddy Waters ‘I just want to make love to you’.

 

 

4. ‘Something’s got a hold on me’ (1964).
Original de Etta James y Leroy Kirkland, producción muy esmerada de los hermanos Chess, pegada a las tradiciones más profundas del góspel y el rhythm and blues. Fue uno de los primeros singles de la cantante en Chess y se incluyó en uno de sus mejores álbumes, “Etta James rocks the house” (Argo). Una pieza jubilosa, de genuina celebración del amor, interpretada por la joven con la pasión y la sabiduría de quien ya lo había conocido todo (en una ocasión recordó la época en que acompañaba de gira a Little Richard: “La de cosas que vi y que jamás podré contar”).

 

 

5. ‘Tell mama’ (1968).
Fascinado ante la música que se cocía en aquel pequeño estudio de Alabama llamado Fame, donde Aretha Franklin había dado lo mejor de sí misma, Leonard decidió poner en manos de los músicos y productores blancos de Muscle Shoals a su mayor talento femenino, la Aretha de Chess Records. El resultado, prodigioso, es “Tell mama” (MCA / Chess), un álbum telúrico y arrebatador, puro soul febril, fascinante catálogo de clásicas aurales como ‘Security’, o la que da título al álbum (versión femenina del ‘Tell daddy’ de Clarence Carter), el elepé más completo de la carrera de la llorada vocalista californiana.

 

 

6. ‘I’d rather go blind’ (1968).
Otra de las muchas gemas escondidas en los surcos de “Tell mama” es esta pieza torrencial, compuesta por un espléndido músico californiano llamado Fugi (luego miembro de la banda de funk rock Black Merda), un blues atormentado y mercurial, con esa atmósfera perturbadora de góspel mundano sustentada sobre el fondo de órgano de Dewey Oldham y la voz enfangada de Miss James paradigma del amour fou y de todo lo que significa el poder de las emociones en la música negra, en la estela de otros dos clásicos de ese álbum ejemplar: ‘The love of my man’ y ‘Don’t lose your good thing’  .

 

 

7. ‘The same rope’ (1968).
Los hermanos Chess enviaron a Etta James a Alabama para que el mundo pudiera disfrutar de la mágica conjunción de dos fuerzas de la naturaleza desatadas, la de una vocalista mercurial acompañada de los mejores músicos del soul profundo. Producción de Rick Hall en Fame, con esta gloriosa pieza de soul de aires jazz. Grabada el 30 de noviembre de 1967, tres meses después que el resto del repertorio de “Tell mama”.

 

 

8. ‘These foolish things’ (1970).
Jamesetta Hawkins, más conocida como Etta James, fue una artista poliédrica. Tenía una imagen provocadora: rubia platino, rechoncha, extravagante… Joe Tex la retrató en su ‘Ain’t gonna bump no more (with no big fat woman)’; una voz maleable, arrolladora y profundamente emotiva, un huracán negro, la única alternativa sólida al reinado de Aretha Franklin, una personalidad proteica, una vocalista capaz de derretir a su audiencia con un estándar (‘These foolish things’, incluida en el álbum “Etta sings funk”, Cadet), de interpretarlo con el mismo sentimiento que derrocharía en un blues tormentoso.

 

 

9. ‘You can leave your hat on’ (1974).
Tras la muerte de Leonard Chess, ralentizó su carrera, incapaz de sobreponerse a sus numerosos problemas, pero aún tuvo tiempo de alumbrar tres discos magníficos antes de la debacle de la compañía: “Etta James” (Chess, 1973), “Come a little closer” (Chess, 1974) y “Etta is betta than evah!” (Chess, 1977), diseñados por Gabriel Mekler, ex productor de Three Dog Night en una onda más cercana al soul rock, con cortes tan excitantes como la versión del clásico de Randy Newman ‘You can leave your hat on’. Otra clásica absoluta de Newman que la diva inmortalizó: ‘Let’s burn down the cornfield’.

 

 

 

10. ‘Welcome to the jungle’ (2011).
Con “The dreamer” (Verve Forecast, 2011) anunció su retirada de la música mientras la vida se le escapaba entre los dedos, aquejada de graves enfermedades (leucemia y Alzheimer). Se fue con un trabajo hermoso y digno de su trayectoria gloriosa, prologado por una estremecedora foto de portada, triste, dura, melancólica, luminosa. El repertorio es un homenaje a todos los géneros favoritos de esta diosa de la música negra, con versiones tremendas de clásicas del soul sureño (Otis Redding, Johnny Guitar Watson, King Floyd) y el R&B más cool (Ray Charles, Bobby Bland), tormentosas baladas (‘Misty blue’, ‘In the evening’) e incluso pasmosas recreaciones de rock metálico (‘Welcome to the jungle’, de Guns N’ Roses) en clave de funk pantanoso. Etta canta con su maravillosa voz ahumada y demuestra hasta el final por qué es una de las grandes del soul: escúchense otras dos gemas de este álbum: ‘In the evening’ y ‘Misty blue’.

 

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