“Camino Soria”, de Edi Clavo

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LIBROS

“Hace falta escuchar el disco, y leer el libro, para querer mucho más esas nueve canciones”

 

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Edi Clavo
“Camino Soria”
CONTRA

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Hace algo más de un lustro, las librerías se empezaron a llenar con textos que buceaban en los entresijos de un disco, un único elepé que con bisturí de cirujano se abría para una autopsia detallada: estudios, germinación de las canciones, instrumentos, promoción, respuesta del público… Eran todo obras magnas o que habían gozado del fervor popular. El empeño estaba guiado por la figura de un periodista que acumulaba recortes, datos, historia oral, bocetos… Tal como apareció el género, desapareció. De hecho, EFE EME es la única que continúa en la labor con obras que resultan de referencia.

Ya fuera de ninguna colección, la editorial Contra, queriendo conmemorar el trigésimo aniversario de su publicación, dedica una mirada a “Camino Soria”, el punto de llegada de uno los grupos de la nueva ola al gran público en una zona de los 80 en que Radio Futura o Dinarama —y directos de Loquillo o Nacha Pop— triunfaros y los hicieron morir de éxito. La celebración se verá acompañada de una edición remasterizada del disco, aparte del texto que presentamos, que aporta la esencial diferencia respecto a los volúmenes anteriores de que está escrito por el propio protagonista de los hechos: Edi Clavo, el reconocido batería del conjunto, que ya se había estrenado en las lides de la pluma y los folios hace tres años con el jugoso “Electricidad revisitada”.

No es asunto menor, las vivencias directas y la memoria pueden aparecer en forma de entrevista, pero la ventaja de que la voz narrativa y la protagonista coincidan estriba en que los tempos se manejan de forma personal. Y esto, si tenemos alguien que también sepa cuidar la prosa, puede dar —da en este caso— una obra fascinante. La introducción, un delicioso cuento que podría titularse “El día en que Jaime Urrutia casi salta al ruedo de Las Ventas”, es de antología mezclando costumbrismo con greguerías, ambos tonos muy hispanos.

No lo parece así en el marco de situación. La parte de datos es correcta porque tampoco puede dar mucho juego. Con la diana en 1987, se repasa la prensa musical —palos para algunas revistas—, se elogia la radio —especialmente Ordovás y Abitbol— y se ironiza sobre las listas de éxito. Pero de inmediato, Edi Clavo entra al trapo y ofrece un contexto más personal: la mili y su asunción de lo rancio, el retorno a los sesenta o el relato del famoso viaje a Vigo de las hordas madrileñas. Es aquí donde ofrece algo importante y que nunca se ha hecho: el repaso a los locales de ensayo de la época.

Tras ello viene la construcción desde la nada de cada canción del disco y el fichaje por parte de la EMI. Y la grabación, en Doublewtronics, en la que metieron detalles músicos de grandes orquestas, de Pasapoga, de Augusto Algueró y Juan Carlos Calderón. Sinfónicos castizos. O Tito Duarte, el percusionista cubano de Barrabás. Y aún queda lo mejor: la excursión a Soria, para tomar las fotos de promoción, donde van haciendo sonar la casete con el master en un bar y en otro y en otro hasta la madrugada, como si de un relato beat se tratara.

Hace falta escuchar el disco, darse cuenta de la sutilidad que aún no ha difuminado el paso del tiempo, del gusto por la derrota y de ese justo punto de inflexión entre lo masivo y lo exquisito que no se ha vuelto a repetir en la música española. Y después leer el libro, para querer mucho más esas nueve —ya estremecedoras tras la lectura— canciones.

Anterior crítica de libros: “Nick Cave, mercy on me”, de Reinhard Kleist.

 

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