Un gusano en la Gran Manzana: Bowie, adiós a todo aquello



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“Los discípulos de Bowie, los que crecieron mecidos por su música, son ahora jefes de redacción y directores de periódico. Honrar su memoria, oficiar con gusto y generosidad la ceremonia por sus huesos, ha tenido un poco de funeral inevitable por la perdida juventud de todos ellos”

 

El despliegue mediático que ha generado la muerte de Bowie lleva a Julio Valdeón a reflexionar sobre los ídolos de ayer y de hoy y los de mañana.
Una sección de JULIO VALDEÓN.

 

 

–12 de enero
La muerte de David Bowie es también la del pop como arte mayor, de tronío y duende, que influía en el mundo y hasta acompasaba sus biorritmos. Imposible a estas alturas sustraerse al encanto de escribir lo mucho que lo quisimos y cuánto hizo Bowie, sus discos incandescentes, sus canciones embrujadas, por aquellos que un día fuimos. Que hubo un tiempo en que la música significó algo lo demuestra la apabullante cobertura que le han dedicado los medios al Duque Blanco. Sus discípulos, los que crecieron mecidos por su música, son ahora jefes de redacción y directores de periódico. Honrar la memoria de Bowie, oficiar con gusto y generosidad la ceremonia por sus huesos, ha tenido un poco de funeral inevitable por la perdida juventud de todos ellos. Habrá que ver, dentro de treinta años, de qué hablan los periódicos, si es que todavía existen, cuando muera alguno de los supuestos tótems del rock actual.

En realidad no es necesario esperar. Les adelanto que la atomización y el eterno reciclaje de viejos triunfos garantiza que los aspirantes a sucesores de Bowie y compañía sean eunucos socioculturales. A años luz de la monumental presencia de unos iconos que sustituyeron en el imaginario popular a las viejas estrellas de Hollywood. Gente que no solo publicaba discos magníficos, sino también, sobre todo, líderes involuntarios pero evidentes de una rebelión de las costumbres, la política, el pensamiento y el sexo como el mundo no había conocido en la historia. Hoy, en general, los autores de discos excepcionales no abandonan jamás las catacumbas, mientras la pasarela mediática pertenece a los reyes de la moda y el Twitter. La mera posibilidad de establecer comparaciones entre Bowie o Lou Reed, los Stones o Paul McCartney con Rihanna, Jay-Z o Taylor Swift garantiza el llanto.

 

Anterior entrega de Un gusano en la Gran Manzana: El eclipse de Natalie Cole.

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