Rockola, Discos. 28 de marzo de 2008

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Stevie Wonder
Number ones

MOTOWN/UNIVERSAL

Veinte números uno en las listas de éxitos cosechados a lo largo de cerca de medio siglo de carrera musical. Aunque no son precisamente escasos los recopilatorios de Stevie Wonder (la mayoría de dudosa calidad), éste presenta por primera vez reunidos todos esos números uno con una excelente calidad de sonido. Desde aquel primer “Fingertips Pt.2” hasta su primera producción propia, “Signed, sealed, delivered, I’m yours”, pasando por sus creaciones más melódicas, como “You are the sunshine of my life” y “Overjoyed”, o tonadas de ecos universales como “Superstition” o “I just call to say I love you”. La selección no deja fuera “So what the fuss”, el éxito más reciente del artista afroamericano, extraído de su excelente álbum de 2005 A time to love.
A pesar de los tópicos y las melodías manidas por la siempre inclemente publicidad, Stevie Wonder sigue siendo un artista al que conviene tener muy en cuenta, no ya por las grandes obras que firmara en el pasado, sino por las sorpresas que pueda deparar en el futuro. Artista de enorme sensibilidad musical y conciencia social, esta selección de canciones es un excelente muestrario de su persistencia al intentar hacer del mundo que le rodea, a través de sus canciones, un lugar más agradable para vivir. Revisar su cancionero de vez en cuando es una buena costumbre, no sólo para el espíritu, sino también para afinar los gustos musicales a través de unos trabajos excelentes.
JAVIER MÁRQUEZ.

Xabel Vegas y las Uvas de la Ira
El óxido

MUSHROOM PILLOW

Tras un interesante EP a modo de carta de presentación, Xabel Vegas presenta El óxido, su primer LP en solitario, al margen de sus concluidas aventuras musicales como miembro de Manta Ray. Centrado y armado con muy buenas canciones, el asturiano se lanza a los brazos de la canción de autor en formato rock, entendiendo la música como la expresión emocional y personal de uno mismo. Es fácil adivinar las influencias de Vegas, aunque igualmente resulta fácil percibir que el músico no se ha limitado a permanecer en el vacío mimetismo, sino que se ha encargado de diluir referencias con muy buen pulso, dejando su personal impronta en un LP muy trabajado y bien acabado. Su voz puede remitir en una primera instancia a la de Nacho Vegas, pero seamos claros: más allá de la similitud genética-fonética, y más allá de las influencias comunes, una escucha atenta permitirá descubrir a un músico con voz propia, valiente y audaz. La banda suena engrasada y unida, guiados por un líder experimentado pero libres para contribuir a las atmósferas y ambientes de temas atados al sonido orgánico y natural, con un pie en España y otro en EE UU. Un territorio común que tan buenos resultados da, y este no es una excepción. Excelente.
JUAN JOSÉ ORDÁS FERNÁNDEZ.

Olle Nyman
Behind the clouds

ABSOLUTE BEGINNERS

La cantera sueca sigue deparando jugosísimos frutos. Ya sea desde la iracunda sacudida rock, desde la recuperación melódica “sixtie”, desde la electrónica plácida o, como en el caso que nos ocupa, desde la cálida revisión country-folk de las décadas de los 60 o los 70. A Olle Nyman se le compara con José González, pero a uno no puede dejar de venirle a la cabeza la figura de otro exquisito compositor nórdico, desgraciadamente menos popular, como es el caso de Thomas Dybdhal. El caso es que a Nyman casi todo el mundo coincide en calificarle como el Van Morrison de Lulea, su ciudad natal sueca. Y no es de extrañar, dado el particular timbre y giros vocales de este joven de apenas una veintena de años, inequívocamente emparentados con los del viejo gruñón de Belfast. Claro que, sería anecdótico que la cosa tan sólo se quedara ahí: su álbum de debut es un vitaminado y energético compendio de aromas añejos –con una insoslayable inclinación por el soul blanco, pese a esos momentos en que las guitarras acústicas y el piano ahondan en territorios más intimistas– reformulados desde el prisma de la contemporaneidad. Bien tramado y mejor producido. Elegante y ambivalente, apto para acompañar a cualquier hora del día o de la noche. Y es que, al igual que ocurre con Bart Davenport, Josh Rouse o Josh Ritter, Olle Nyman se perfila como uno de esos artesanos capaces de hacernos olvidar los baremos de la temporalidad.
CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.

Ana Alcaide
Como la luna y el sol

LUBICÁN/KARONTE

Ana Alcaide tiene una historia ciertamente fantástica. Realizando estudios de biología en Suecia, esta violinista madrileña quedó fascinada por la “nyckelharpa”, un instrumento autóctono del país escandinavo que es algo así como un híbrido entre la viola de gamba y la zanfona. Ahorró lo suficiente para traerse una en sucesivos viajes y ya de vuelta se refugió en la judería de Toledo, donde aprendió a tocarla fuera de su entorno original y sin injerencias exteriores. El resultado fue un primer disco, Viola de teclas, que ha hecho historia por ser la primera grabación con “nyckelharpa” que se hace en España de una serie de piezas escogidas del cancionero tradicional peninsular. Su segundo trabajo, Como la luna y el sol, está ya íntegramente basado en un repertorio de origen sefardí, al que –a diferencia de su primer disco– se ha acercado más como una cuestión estética, aprovechándolo como maleable materia prima para su propia elaboración personal. En la experiencia le ha guiado una vez más Carlos Beceiro de La Musgaña, que ha tocado todos los instrumentos de cuerda pulsada (guitarras, laúdes, mandolas, sitar, saz…), dejando los vientos para otro “musgañero”, Jaime Muñoz. Se trata de una obra magnífica que ha visto ensanchar las miras y horizontes de esta jovencísima intérprete que ya no se limita a reinterpretar unas canciones sino a instaurar un nuevo lenguaje que va más allá de la mera recreación tradicional, lo que sin duda se puede apreciar en bellas piezas como “Pasacalles sefardí”, “Como la luna y el sol” o “Tishri”, en las que incluso brilla como multiinstrumentista.
GERNOT DUDDA.

The Hi-Risers
Once we get started

ROCK N’ ROLL/MUNSTER

Hay días o momentos en que a uno le apetece oír algo fresco, sin complicaciones ni planteamientos trascendentales y que, con una cerveza fría en la mano, te haga pasar un buen rato. Así de simple y así de fácil. Para momentos como éste les proponemos que se hagan con una copia (en vinilo o CD) del último disco de The Hi-Risers, un trío de mocetones de Rochester (Nueva York), que gustan de mezclar el beat, el rock de finales de los cincuenta, el pop adolescente de Phil Spector, el surf, el R&B y el garaje. Su sonido recuerda al de los Beatles en el año 63, a los Kinks, Beach Boys, Jan and Dean, Bobby Fuller Four, Isley Brothers, Bo Diddley, Chuck Berry o los Remains. Canciones como “With the one I love” o “Two week notice” te ponen las pilas de manera inmediata, mientras que “Where the lonely go” o “I’ll wait for you” pueden ser un buen pasaporte imaginario para viajar hasta una playa de ensueño. Hasta catorce temas con estas características fluyen con extrema facilidad desde los microsurcos de Once we get started. Suenan tan compactos y melódicos a la vez que da la sensación que a The Hi-Risers no les cuesta componer temas. Las guitarras de Greg Townson relinchan con brillantez y la sección rítmica, formada por el bajista Todd Bradely y el batería Jason Smay, saben envolverlas con maestría. Lo dicho: vayan a por unas cervezas y pasen un buen rato con The Hi-Risers. Yo me voy a la nevera a por otra antes de volver a escuchar el disco.
ÀLEX ORÓ.

Los Campesinos!
Hold on now youngster…

WICHITA/SINNAMON

Cada temporada asoma a la escena musical un grupo que atrae a aquellos que apuestan por la novedad, y en ésta parece que el foco son Los Campesinos!, nombre escogido por su valor acústico, no por ética ni por estética. Porque el sonido de este septeto de Cardiff, formado hace poco más de un año, tiende vínculos con la humorada y con el asombro ante el sonido adolescente. Se les ha comparado con Architecture in Helsinki, pero también las travesuras electrónicas y las voces están escritas con la plantilla de los B’52 y hasta tienen algo de aquellos alemanes que se llamaban Throw That Beat, hoy injustamente olvidados, en la abrumadora excitación con la que tratan las baladas. Escúchese, como mínimo, “Knee deep at ATP” para envolverse de esa gozosa suavidad. Canción que, por otra parte, tiene una enorme penetración folk que a partir de ahí va haciéndose con el disco y encarrila un final apoteósico Violines, palmas, xilofón, todo lo que pueda servir para armar una coral pop, y una voz que tiende a veces al glam en lo que tenía de histriónico y bailable.
Y cómo no, los hits necesarios para tirar del público, “Death to Los Campesinos!” o “You! Me! Dancing!” son buena muestra de desparpajo y diversión. Quizás la fórmula no dé para muchos discos más, pero entretanto es perfectamente disfrutable.
CÉSAR PRIETO.

Charlie Hunter Trio
Mistico

FANTASY/UNIVERSAL

Gracias a su llamativa guitarra de siete cuerdas con la que también hace los bajos y a su animosa propensión por los grooves potentes y sucios pero bailables, Charlie Hunter no para de dar motivos de satisfacción a los fans del ¿consolidado? indie jazz. Y de todos sus nombres –Medeski Martin+Wood, Esbjörn Svensson Trio, The Bad Plus, etc. etc.–, este nuevo trío de Charlie Hunter es sin duda el más rockero de todos (con Simon Lott a la batería y Erik Deutsch a los teclados). Mistico es su primer trabajo para Fantasy, con una vena pareja a las viñetas sonoras que David Holmes suele hacer para las películas de la saga Oceans (“Speakers built in” y “Special shirt”, especialmente). Pero también hay alguna que otra pieza de abstracción lírica a lo Jeff Beck, como “Estranged” o “Mistico”, que confirman que el conjunto de la obra, en el fondo, aspira a intenciones mucho más profundas que las que pueden a lo mejor desprenderse de la lectura de estas líneas. Ya no hay saxo, pero entre sus nuevos artilugios se han colado el Casiotone y el Fender Rhodes, que por el uso que le dan los mantienen lejos de patrones sonoros establecidos, apuntalando de paso el carácter “indie” expuesto arriba. El álbum arranca robusto gracias al riff de “Lady!”, algo así como un dislocado blues de Honky Tonk que viene a avisar de que en el camino que sigue no hay asfalto, vallas ni carteles indicadores. El paseo es muy recomendable y no va a dejar desde luego impasible a nadie.
GERNOT DUDDA.

John Vanderslice
Emerald City

AFFAIRS OF THE HEART/BARSUK RECORDS

Se comenta en algunos ambientes musicales que John Vanderslice es “the nicest guy in indie rock”, es decir, el “tipo más majo” del rock independiente americano. Diría más, creo que el cantautor de Florida afincado en San Francisco es por su postura personal y por sus punzantes y agridulces composiciones uno de los creadores más combativos e inconformistas del actual panorama musical yanqui. Tras una etapa “juvenil” en la que formó parte de la banda MK Ultra, cuyo nombre evocaba el proyecto de control mental de los servicios secretos estadounidenses en los años sesenta, se dio a conocer al gran público de su país el año 2000 con un curioso tema que llevaba por título la intrigante afirmación “Bill Gates must die”. Y es que entre las melodiosas formas musicales de Vanderslice discurren unas muy ácidas letras que suelen criticar con contundencia la realidad estadounidense. Buen ejemplo de esta manera de enfrentarse a las contradicciones de la actualidad más inmediata es este disco que ha empezado a circular entre nosotros a lo largo de estas últimas semanas y que ha sido bautizado por su autor e intérprete con la expresión Emerald City; es decir, una de las denominaciones más populares entre los sufridos marines USA, al referirse al Bagdad en conflicto continuo desde la caída del dictador Hussein. Recientemente se ha podido ver de gira en nuestro país a este gran músico y creador, capaz de plasmar tanto en sus grabaciones como en sus presentaciones en vivo una sonoridad aparentemente cálida y cercana –derivada de su voz delicada pero firme– que recrea extravagantes historias sobre la cruda realidad; sin tapujos y con absoluta fidelidad. Hablamos de melodías y letras como las que conviven en temas con la profundidad de “White dove”, “Tablespoon of codeine”, “Numbered lithograph”, The hospital” o “The minaret” situadas, como todo su trabajo anterior, a medio camino entre el pop, el folk y el rock, aunque con influencias reconocibles de la poesía americana de más acentuada conciencia política.
JAVIER DE CASTRO.

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REEDICIONES Y RECOPILATORIOS

Vangelis
Blade runner

UNIVERSAL

Blade runner es, probablemente, la película de los últimos 25 años que más mitomanía ha desatado. Aunque en su estreno no hizo más que recoger críticas adversas y rechazo del público, el paso del tiempo la ha tratado mejor que bien. “Demasiado adelantada para su tiempo”, han dicho de esta obra maestra de Ridley Scott, comentario similar al que dedicaron a su banda sonora, firmada por Vangelis. Pero ésa no es la única similitud entre película y música. También en ambos casos se ha dado, al calor del renovado interés del público, la aparición de nuevas versiones, aunque esto no siempre es algo positivo. De hecho, la existencia de seis versiones de la película y hasta ocho de la banda sonora puede llegar a confundir a algunos aficionados. El pasado año, con motivo del aniversario de su estreno, película y banda sonora se vistieron de largo para disipar dudas y ofrecer al seguidor las versiones definitivas más algunas “joyas” adicionales. Universal ha sido el sello responsable de editar Blade runner trilogy, caja con tres compactos que reúne, por primera vez, la banda sonora original remasterizada de la película, además de doce piezas inéditas correspondientes a la música que no fue incluida en la primer banda sonora, junto a un tercer disco con otra docena de cortes completamente nuevos e inspirados en este clásico de la ciencia-ficción, compuestos y grabados para la onomástica por el propio Vangelis. La clave del éxito del trabajo del compositor griego radica en la combinación de sintetizadores “new age” con una instrumentación clásica, lo que acabó convirtiéndose en marca de la casa del ciberpunk, movimiento que tanto debe a esta película. Basta echarle un vistazo a ésta para comprobar el gran peso que juega la excelente partitura de Vangelis a la hora de crear la tensión dramática que buscaba Ridley Scott en esa magistral recreación de un no tan lejano Los Ángeles del  año 2019. Ya son varias las generaciones que han redescubierto Blade runner y a  Vangelis y han quedado seducidas por sus encantos.
JAVIER MÁRQUEZ.

Nick Lowe
Jesus of cool

PROPER/DOCK

Esta reedición de Jesus of cool nos aproxima, 30 años después de su lanzamiento, al primer trabajo en solitario de Nick Lowe, una de las obras básicas de la new wave, uno de esos discos que, junto a los primeros de Costello, hay que tener para conocer cabalmente qué y cómo fue el último gran movimiento del pop británico, ese que surgido del pub-rock anclaba sus raíces tanto en el pop inglés de los 60 como en los sonidos del rock y sus afluentes estadounidenses. Lowe, firmando el manual fundacional de la Nueva Ola, se enfrentó a este álbum con humor y con esa magia tan natural que aporta el saber que lo que uno está despachando tan sólo es pop y, por lo tanto, tampoco tiene demasiada importancia… aunque el tiempo, con justicia, haya elevado a este iniciático álbum al altar consagrado a las obras visionarias e irrepetibles.
Esta impecable puesta al día de Jesus of cool, suma el valor añadido para completistas de Lowe de incorporar diez temas de la época, perdidos en singles (aquellos eran los años en los que los pequeños vinilos escondían rarezas en la segunda cara) o álbumes colectivos.
JUAN PUCHADES.

Varios
Otras miradas de Nacho Cano

RAMA LAMA MUSIC

No cabe duda que Javier Adrados, principal estudioso nacional del fenómeno Mecano y cerebro e inductor máximo de este proyecto recopilatorio, habrá abierto los ojos de más de un ejecutivo discográfico. No en vano nos ha parecido una estupenda idea recuperar en este caso concreto y en un único disco el trabajo paralelo de alguien tan notable como Nacho Cano. Y es que suele ser habitual que personajes de la brillantez y capacidad del menor de los hermanos Cano no sólo trabajen para ellos mismos sino que tengan tiempo y ganas suficientes como para desarrollar experiencias alternativas, en ocasiones bastante alejadas de lo que en ellos es habitual.
Cuando a mediados de la década de los años 80, Mecano era sin discusión el entramado artístico más productivo a todos los niveles y Nacho y José María Cano estaban en la cresta de la ola haciendo ostentación de un poderío compositivo e interpretativo a todas luces sin parangón en la industria musical nacional, nuestro protagonista de hoy sacó tiempo de donde no lo tenía para producir, componer e, incluso, cantar fuera del trío de oro. Todo este material es el que agrupa este precioso Otras miradas de Nacho Cano. La Unión, Olé Olé (con Vicky Larraz), Magenta, Betty Troupe, Ruby y Los Casinos, Álex y Cristina o las más olvidadas Dana Wood y Zanna fueron algunos de los artistas y (en ocasiones) auténticos “descubrimientos” con los que Nacho trabajó a todos los niveles. Como compositor, regalándoles a varios de ellos –casi siempre– buenas composiciones inéditas; como productor, desarrollando nuevas propuestas e ideas con artistas noveles que junto a su hermano y la Torroja eran más difíciles de llevar a cabo; o, incluso, como intérprete en experiencias como la protagonizada junto al inclasificable Germán Coppini (Golpes Bajos). Paralelamente en estos años, Nacho Cano ha dejado también impronta de su talento sacando a flote algún que otro “encargo” llamativo como por ejemplo el himno de la candidatura olímpica de Madrid o un instrumental que aquel mismo Ayuntamiento decidió regalar en nombre de sus conciudadanos a los príncipes de Asturias con motivo de su enlace matrimonial.
Al margen de cualquier valoración que se pueda hacer de la talla de Nacho Cano como miembro de los Mecano –alta sin duda– este disco representa una magnífica ocasión para medir sus aptitudes cuando de lo que se trataba era de trabajar con más tranquilidad y en proyectos sin la exigencia y la presión de su grupo de cabecera.
JAVIER DE CASTRO.

John Coltrane
Early Trane

PROPERBOX/DOCK

A estas alturas resulta gratuito decir que John Coltrane fue uno de los saxofonistas, de los músicos, más influyentes del pasado siglo. Esta caja de cuatro compactos documenta la formación musical del artista, por lo que entre sus cortes no están éxitos como “My favorites things” o “A love supreme”, sino composiciones ajenas, seleccionadas en su mayor parte por gente como Sonny Rollins, Thelonious Monk, Miles Davis, Dizzy Gillespie, a la cabeza de formaciones en cuyas filas se fue curtiendo Coltrane a mediados de los cincuenta. La caja recorre la trayectoria del saxofonista desde una anodina grabación de 1949 hasta trabajos con sus primeros trío y sexteto, en 1957. Es el viaje desde el anonimato a la primera línea de los músicos de su generación, asimilando en el camino la influencia de algunos de los mejores creadores del campo. El contenido de los cuatro compactos se encuentra  bien documentado en un libreto de 52 páginas, con unas pocas fotografías y abundantes datos discográficos junto a notas técnicas y analíticas. El primer disco, Stablemates, abarca desde los comienzos del músico hasta 1956, tiempo en el que pasa por las filas del sexteto de Dillezpie, el quinteto de Miles Davis, el quinteto de Sonny Rollins, el cuarteto de Ted Dameron y la Prestige All Star. Algunos de esos nombres se repiten en el segundo compacto recopilatorio, Soul eyes, en el que destaca un corte extraído de una excelente sesión con Thelonious Monk al piano y Wilbur Ware al bajo. Shile my lady sleeps es el título del tercer disco, en el que se advierte ya un mayor protagonismo de Coltrane en cada una de sus colaboraciones, y en el que se recogen ya varios cortes de una formación propia. Éstas, en distintos formatos, son las protagonistas de Moment’s notice, el último disco, en el que Coltrane centra ya toda la atención, preparando al oyente para lo estaba a punto de suceder, una explosión creativa sin precedentes que revolucionaría las bases del jazz.
JAVIER MÁRQUEZ.

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