Rockola, Discos. 19 de octubre de 2007

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Rockola, Discos. 19 de octubre de 2007Arturo Sandoval
Rumba Palace

TELARC/ÍNDIGO RECORDS

Desde 1990, Arturo Sandoval forma parte del notable grupo de músicos cubanos que vive fuera de la isla, lo que equivale también a contar con un mayor número de posibilidades de encontrar, casi para cada ocasión, con un sello discográfico nuevo. Es el caso de este Rumba Palace, titulado como el club que el trompetista regenta en Miami, y que supone su debut para el prestigioso sello Telarc. Después de unos cuantos experimentos de notable saldo –su disco de piano, otro dedicado al repertorio de sus trompetistas favoritos, algún directo–, Sandoval regresa en estudio a la big band de grueso trazo afrocubano, delicadas maneras de jazz, buena clave y mucho guaguancó. O sea, sonido a lo grande, metal por un tubo, magníficamente ejecutado por los músicos que le acompañan de forma cotidiana en sus giras (nada de invitados estelares). Tampoco le han hecho falta estándares; se ha bastado y sobrado con este puñado de magníficas piezas nuevas, todas ellas escritas por él mismo, a excepción de “Guarachando”, aportado por el saxofonista Felipe Lamoglia, arreglista del álbum.
    También es importante el cuidado nivel de alternancia entre las piezas instrumentales y las vocales, mención especial –dentro de este último grupo– de “El huracán del Caribe”, cantada por él mismo y que viene a ser una excelente metáfora del vigor y estado de forma de este viejo amigo de Dizzy Gillespie en su retorno a casa.
GERNOT DUDDA.

Apenino
Un rayo de sol

JABALINA

No hay mucha gente en este país que se atreva a profundizar en el pop electrónico de alcoba. Y menos aún los que se deciden a hacerlo con tal ausencia de miramientos. Ése es el caso de Marco Maril, ex Dar Ful Ful, quien alberga el mismo celo por el pop miniaturista con ribetes sintéticos que otros artistas hispanos han demostrado a lo largo del último lustro, caso de Parade (casi un pionero), Anorak o Skimo, si bien en su caso la escuela Family ha dejado una huella más patente que en casi todos ellos.     Éste, el segundo álbum completo que entrega bajo la denominación de Apenino (tras Bumerán, bumerán, de 2004) vuelve a ahondar en la exposición impúdica –tanto que puede parecer de lo más “naïf” e incluso ahuyentar al no converso– de unos sentimientos que encuentran en la mandolina, el ukelele, el piano y unas programaciones nada ampulosas su vehículo de expresión. Sutil, liviano y de un encanto de lo más vaporoso, este Un rayo de sol rinde además un par de muestras de pleitesía: a los referenciales The Field Mice (con esa versión de “Below thes stars”) y a la veterana Ana D, quien pone su voz al servicio de “El balneario”.
CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.

El Fill del Mestre
Aquella estranya mania de creure en  la vida

QUADRANT RECORDS

La más reciente entrega discográfica de El Fill del Mestre, ha servido para comprobar que todo el material compositivo de reciente cuño que Jordi Gasión ha estado rodando durante estos últimos meses en directo mantiene en su plasmación final en el estudio las muchas expectativas que había generado a partir de su debut hace aproximadamente dos años. El disco titulado genéricamente Aquella estranya mania de creure en la vida ha sido publicado por el sello leridano Quadrant Records y en él, el más singular de los cantautores catalanes de última generación, ha despachado otra fenomenal colección de vivencias musicales.     Once composiciones perfectas, más otra encriptada al final y que no aparece reflejada en los créditos, suponen un manjar suculento para que el oyente se sumerja en su particular mundo de alta sensibilidad; todo ello a partir de una argumentación musical en cuanto a formalidad y contenidos que vuelve a ser prácticamente la misma que nutrió a 78, su primer acercamiento al estudio y que tan buenos resultados le brindó entre el público ya a nivel de prensa. Temáticamente hablando, las cuestiones que preocupan a El Fill continúan siendo la cotidianidad y su entorno personal más íntimo que aparecen proyectados, en ocasiones contra su propia voluntad, dentro del mundanal frenético que nos rodea a casi todos. Es quizás por ello que, sin embargo, seduce tanto sumergirse en las melodías y melancolías que conforman su pequeño y particular archipiélago de islas mentales compuesto por gemas del calibre de “Dards de plata”, “Sota un cel moll”, “Omaita” o, entre otras más, la misma que otorga título al álbum. En cualquiera de los casos, otro gran paso al frente que le ha permitido subir con absoluta solvencia y seguridad un nuevo peldaño en su particular carrera de obstáculos hacia el éxito.
JAVIER DE CASTRO.

Xabel Vegas y Las Uvas de la Ira
Canciones sobre traiciones y mentiras

MUSHROOM PILLOW

Manta Ray sigue siendo un fértil semillero de proyectos. Si en su momento fueron José Luis García y Frank Rudow (con Viva Las Vegas) y más tarde el propio Nacho Vegas (el esqueje de mayor popularidad) quienes se emanciparon, temporal o permanentemente, de su banda madre, ahora le ha llegado el turno a Xabel Vegas, hiperactivo como batería al servicio de Jr o Nosoträsh. Y es muy difícil no establecer paralelismos con el discurso de su hermano. Más que paralelismos, se podría hablar de almas no sólo hermanas, sino casi gemelas. Tales son las similitudes entre los caudales creativos de ambos, discurriendo por un folk-rock en castellano que asume los referentes norteamericanos de turno (Dylan, Seeger, Cash), profundizando en una lírica espinosa, con presunción autobiográfica, que no oculta su halo de malditismo. Este mini-LP de cinco temas, grabado en apenas una semana de mayo bajo las órdenes de Kaki Arkarazo, satisfará con toda seguridad a los fieles del mayor de los Vegas, y posiblemente deje indiferente al resto de los mortales.
CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.

Deborah Harry
Necessary evil

ELEVEN SEVEN

Según el popular dicho, hay quién fue monaguillo antes que monje. En el caso que nos toca, conviene recordarlo. Referirse a Deborah Harry es hablar siempre de uno de los grandes iconos femeninos de esto que es el rock, entendido, eso sí, en su vena más pop. Esta rubia que todavía engaña a las arrugas a sus 62 años y saca nuevo disco, Necessary evil, fue de todo antes que monja: esteticista en Nueva York, camarera del mítico Max’s Kansas City, conejita Playboy, actriz de películas independientes y, por supuesto, vocalista e imagen nada menos que de Blondie. Por eso, lo de Debbie tiene siempre un caché, aunque su último trabajo sea más un ejercicio de hacer lo que le da la gana, tras catorce años sin publicar un álbum en solitario, que de acertar con la fórmula.
    Al menos, hay que reconocerle la ambición y el desparpajo, porque la que fue icono sexual de los setenta y ochenta e influencia reconocida de Madonna podría estar viviendo en una mansión de Beverly Hills recibiendo cartas de admiradores y flores perfumadas. Sin embargo, compone y publica Necessary evil, que es, nada más, un disco de Debbie al cien por cien, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Porque, para este escribiente, esta mujer peca demasiado de su afición desaforada por la electrónica, que usa como quien aliña una ensalada hasta arriba de pimienta. También Necessary evil flojea por su excesivo número de condimentos: diecisiete temas que podrían haberse quedado en alguno menos y conformar un álbum más sólido.
    Pero aun con todo, el disco tiene momentos cercanos a la mejor versión de ese pop redondo que hizo de Blondie la banda más radiada de toda la escena neoyorkina del CBGB’s. Una buena muestra es el single, “Two times blue”, que va en la línea de los últimos Blondie de No exit, o el tema “If I had you”, que entre bases electrónicas y cuerdas termina por desprender una nostalgia fuera de toda tristeza. Otras pista recomendable es “You’re too hot”, que al principio parece un canto gospel que estalla en una rabieta punk-rock, y en esa línea rabiosa va “Whiteout”. También hay que señalar un par de baladas como “What is love” o “Nedless to say”. Pero siempre sin abandonar la electrónica, que en el conjunto, como se ha dicho, termina por ser cargante y hace de Necessary evil un disco que difícilmente aguantará en pie los próximos meses.
FERNANDO NAVARRO.
 

The Go! Team
Proof of youth

MEMPHIS INDUSTRIES/SINNAMON

Qué curioso, los escogidos como iconos de la modernidad hace años que hacen acopio de retales de tiempos pasados. Y a ello se aplica Ian Parton con The Go! Team tres años después de su primer disco. Con un pie en el baile –soul y hip hop clásico– y otro en la locura –B-52’s o Sonic Youth como referentes– perfila una segunda entrega en la que los de Brighton hacen uso de los samples como muro de sonido, del hedonismo como espíritu y del compromiso social como base orgánica de las letras.
    Y con estos ingredientes compone un jarabe de canciones explosivas, verdaderos artefactos que empujan a la pista y que suenan enormemente actuales. Excepto un par de instrumentales de estirpe televisiva y una encantadora balada en la voz de Solex, los ocho temas restantes son incitaciones a la diversión construidas con colaboraciones destacadas –Chuck D de Public Enema en “Flashlight flight”, y coros de “cheerleaders” o niños raperos– y que aúnan el caos con un sonido compacto y cohesionado.
    Así pues, estos tres años de espera consiguen dotar a las canciones de la misma energía que el primer LP y añadirle melodías, inocencia azucarada y un impresionante nervio. Un nervio que les da vida.
CÉSAR PRIETO.

Varios
L’Aperitivo italiano-parfum

IRMA LA DOUCE

Vayan al supermercado más cercano y aprovisiónense de todo el vermú, bitter, cacahuetes salados y aceitunas rellenas que su estómago pueda ingerir y, sobre todo, su hígado pueda tolerar. Serán los compañeros imprescindibles para disfrutar de las veintinueve versiones de clásicos del pop a cargo de artistas italianos de diverso pelaje que ofrece este recopilatorio editado por Irma, el sello transalpino especializado en sonidos de lounge y jazz bailable. Les revisiones incluidas en L’aperitivo italiano sorprenden por su elasticidad y, en la mayoría de casos por la feliz falta del más mínimo respeto con el original. Al fin y al cabo, lo que se le pide a una  versión es que no sea un calco del original. Por eso es realmente estimulante escuchar “Roxanne” con aires de bossa nova. También reciben “tratamiento tropical” los temas de Beatles “Things she said today”  (noten que han cambiado el “we” original por “she”) y “She’s leaving home”, mientras “And I love him” (otra licencia con el título) es filtrada por un tamiz más intimista, al igual que “Please, please, please let me get what I want” (Smiths). Pero si hablamos de darle una espectacular vuelta de tuerca a una canción, uno de los giros más logrados es el que consigue Arcoiris con “A horse with no name”, un clásico de America que en esta ocasión se balancea entre el jazz vocal y el Hip-hop.  La misma formación  “ataca” “Walk on the wild side”, de la que mantiene su estilo chulesco pero la obliga a flirtear con el jazz más sensual. Este doble CD incluye también una divertida revisión de “Dancing queen” (Abba), una tímida aproximación a la música disco con “Turn it on again” (Genesis) o incluso una tierna “Redemption song” (Bob Marley), entre otras muchas. Los dos CD’s van dentro de una coqueta caja de cartón muy bien presentada. Por eso hemos echado en falta algo de información  en los créditos sobre los grupos incluidos en esta sugerente grabación.
ÀLEX ORÓ.

Billy Nichols
Would you belive

SANCTUARY

Por las manos de este humilde crítico pasan muchas reediciones de discos de los años sesenta del siglo pasado. Tantas, que a veces cuesta separar el grano de la paja. Algunas son recopilatorios de grupos de serie Z, frescos, vibrantes pero no imprescindibles para formarse una idea de los paradigmas sonoros de esa época dorada del pop. Otras, son grabaciones que no vieron nunca la luz por los más diversos y variados motivos y que, si hubieran tenido una oportunidad, quizás, sólo quizás, habrían conseguido cierto reconocimiento. Hay un tercer grupo, el de los discos que no tuvieron la  promoción adecuada o se editaron a destiempo en una década en que los gustos y las modas cambiaban a una velocidad jamás conocida hasta entonces. Es el caso de Would you belive, de Billy Nicholls, un disco editado en 1968, por Immediate, el sello del manager de los Stones Andrew Loog Oldham y en el que también militaban los Small Faces.
    Billy Nicholls era un adolescente de 16 años cuando fue fichado por Loog Oldham para que compusiera temas para los artistas de Immediate. El avispado empresario decidió dar una oportunidad al chaval y planeó lanzarlo como la respuesta británica al Pet sounds de los Beach Boys. Las conexiones entre Would you belive y el disco de los chicos de la playa eran más que evidente. Teclados con aires barrocos, arreglos orquestales, armonías vocales imposibles de conseguir fuera de los estudios de grabación y todos los trucos ornamentales que la tecnología permitía en ese momento. Aunque Billy Nicholls no era Brian Wilson consiguió una pequeña obra maestra en la que se dieron la mano el “sunhine pop” de Los Ángeles y la psicodelia británica. Destacan los temas “Would you belive” (producido por Steve Marriott y Ronnie Lane, de los Small Faces, que también participaron al completo en las sesiones de grabación del LP), “London social degree”, “Come again”, “Feeling easy”. ”Portobello Road” y “Being happy”. El resto del disco se mantiene en un altísimo nivel y cuesta creer que no tuviera mejor suerte. Apenas se prensaron unas pocas docenas de copias del vinilo, que se enviaron a las emisoras de radio. La tibia acogida que tuvo entre los discjockeys y las dificultades financieras de Immediate provocaron que no se lanzara comercialmente y Nicholls pasara de ser una promesa del pop a convertirse, ya en los setenta, en colaborador de Pete Townshend y los Who.
    La reedición de Sanctuary incluye versiones en mono de algunos temas, la revisión de aires más folkies que el propio Nicholls hizo de sus canciones en 2000 y algún que otro tema inédito. Quédense con el original y descubran uno de esos discos que hubieran podido ser importantes en una época mágica para el pop.   
ÀLEX ORÓ.