Quique González: Canciones que reconfortan

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“Pienso en cantar ciertas canciones de este disco en directo y sé que en alguna me va a temblar la voz”

 

Esta semana ve la luz el décimo disco de Quique González, “Me mata si me necesitas”. Grabado junto a su banda, Los Detectives, ha facturado uno de sus discos más emocionantes. Arancha Moreno habla con él.

 

Texto: ARANCHA MORENO
Foto superior: WILMA LORENZO. Fotos interiores: FERNANDO MAQUIEIRA.

 

Quique González espera su próxima entrevista en un bar madrileño, sentado en una barra frente a la ventana. Está con Gloria González, promotora y amiga con la que llevaba tiempo sin trabajar. El mismo binomio que me encontré en mi primera entrevista, para el diario “Popes80″, hace ya once años. El viaje emocional es inevitable. Desde aquella charla, en la que hablamos de “La noche americana”, han pasado otros cinco discos: “Ajuste de cuentas”, “Avería y redención”, “Daiquiri blues”, “Delantera mítica” y ahora, “Me mata si me necesitas”. Han pasado muchas canciones, escritas y reescritas una y otra vez en folios que tiene desperdigados por casa, a la búsqueda del verso justo; han pasado muchas noches de escenario, defendiéndolas con entrega, compartiendo con muchos compañeros de viaje, cada uno asociado a un disco, a una gira, a un momento de su carrera. Y han pasado muchas cosas que han ido afectando a sus canciones, siempre un reflejo del momento en el que vive, como una respuesta a los instantes felices, a las decepciones, a las alegrías y a las tristezas, a las incertidumbres y a los golpes. Se le nota en la forma en la que atiende las preguntas y piensa, buscando una frase que refleje exactamente lo que quiere decir. Se le nota en cómo retuerce el periódico, concentrado en hablar del nuevo disco, y hasta en el brillo fugaz que ilumina sus ojos cuando piensa en las cosas que le hacen escribir. En este preciso instante, no hay nada más importante que estas diez canciones, porque han conseguido lo más importante: emocionarle. Sigue creyendo en la música. Y con esta colección, cuesta poco creer.

 

El disco lo grabaste en julio del año pasado. La primera es obligada: ¿cómo has aguantado todo este tiempo?
[Piensa] Pues utilizando el tiempo para hacer las cosas con cariño. Para descansar, y para tener tiempo para las fotos, el vídeo, el arte del disco, organizar la gira… He utilizado el tiempo para eso. Normalmente, una vez que sales del estudio va todo seguido: la mezcla, el master, promo… ahí estás muerto. Tener un periodo tan intenso, con las tres giras, y poder estar agosto y septiembre descansando, asimilando el disco y ajustando la mezcla, me ha sentado muy bien. Me gusta que hayan pasado seis meses y que no se me haya caído el disco, que siga ilusionado con él y emocionado. También pasas momentos de mucha euforia y de: “¿Le gustará a la gente tanto como a mí?”

 

Claro, el periodo de dudas es mayor, también.
Sí, pero no he tenido más crisis que la impaciencia de que salga, sobre todo el último mes. Al irme a México y a Estados Unidos he estado un poco distraído. Pero hay que hacer un montón de cosas, estás ocupado, me gusta estar encima de las cosas y cuidarlas. No he tenido tanto tiempo como parece.

 

El disco lo grabaste después de la gira española. ¿En México estrenaste alguna canción de “Me mata si me necesitas”?
Sí, de hecho la primera canción que toqué en México es una del disco nuevo, ‘Ahora piensas rápido’, pero no he tocado ninguna más. Por lo demás está virgen, está guay también eso.

 

Nos decías que era el disco más emocionante que habías hecho nunca, muy vitalista y menos oscuro que los tres anteriores. Encuentro dos motivos. El primero, que lo has gestado mientras coleaba la gira de “Delantera mítica”, que es de las más rockeras que has hecho nunca. ¿Eso ha influido en la forma definitiva de esas canciones, en esa viveza que transmiten?
Sin duda, hay pocas cosas que te empujen tanto a hacer canciones nuevas como estar a gusto con tu banda y hacer buenos conciertos, porque llegas al hotel y tienes música en la cabeza, es inspirador, piensas en el siguiente paso. Cuando termino un concierto emocionado me gusta más recrearme en lo que podemos hacer que en lo que acabamos de hacer. Y al revés sucede igual: cuando no estás muy a gusto en una gira es poco inspirador, piensas más en solucionar los problemas que tienes que en hacer cosas nuevas y disfrutar. Ha influido un montón sentirme a gusto con ellos y pensar que tengo una banda y un equipo del que me siento muy feliz de formar parte.

 

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“Mi vida siempre va en paralelo a mis canciones, el disco es la forma de sacar lo que me está pasando en dos años sintetizado en diez canciones”

 

Ese sería el segundo motivo: por fin tienes una banda con la que te sientes muy cómodo, con la que has girado y grabado también este disco. Siempre has querido una banda, y la tienes.
Sí, y la he tenido muchas veces en grandes periodos, pero creo que es la primera vez que giro dos veces con la misma banda, y que después de la gira hago el disco con ellos. Con Jacob y con Raya también lo hice en el periodo de “Salitre” a “Pájaros mojados” y “La noche americana”, pero entraban y salían músicos… era un pelín menos estable, y creo que ahora es un poco más estable. No solo que lo de fuera está mejor, yo también estoy mejor, estoy más tranquilo, más cómodo, tengo menos tensión y menos nervios en el escenario, supongo que eso ayuda a que estén cómodos y todo se retroalimenta.

 

De hecho, es la primera vez que grabas en España desde hace tres discos, es un cambio importante. ¿Te has quedado porque notabas que esa química estaba aquí, y querías aprovecharla?
Por varias razones. Primero, quería que fuera un disco distinto a los de Nashville. Podía haber grabado con ellos allí también, pero habría sido una sangría económica muy grande. Por hacerlo distinto, y porque me siento muy bien con ellos, es una banda inspiradora, con la que me gusta mucho hacer música. Cuando estaba tocando pensaba en ello, y a mitad de gira pensé seriamente en grabar con ellos. Iba haciendo canciones, se las enseñaba y me planteaba grabar con ellos. No sé si volveré a Nashville, me gustaría, aunque solo sea por visitar a los amigos que hice allí, pero quería hacer otra cosa.

 

Del single, ‘Se estrechan en el corazón’, cuentas que fue un fogonazo. ¿Habías escrito alguna antes?
Sí, ‘Charo’.

 

 

¿Y qué te sucedió con ‘Se estrechan en el corazón’?
Me enamoré de la canción cuando la estaba haciendo, me obsesioné bastante con ella durante un mes, la tocaba todo el tiempo. Había empezado con ‘Charo’, pero empezó como un juego. Estaban mis sobrinos en mi casa y por jugar un poco empecé a escribir una canción que tuviese una parte de voz femenina, como uno de esos dúos de Lucinda Williams y Steve Earle que me gustan tanto. Pero no moña, no nos juntamos en ningún momento de la canción, ni en la letra ni cantando. Nunca había hecho una canción así. La dejé reposar, pensando que a lo mejor era una canción menor, como un divertimento, no pensando en hacer un disco. Con ‘Se estrechan en el corazón’ pasé una mañana muy mala, me desperté muy mal en Asturias y salió, estaba explicando lo que me estaba pasando con el título y la primera frase, que me costó un montón, y fui tirando, me enamoré de esa canción. Pensé que tenía dos canciones, además de ‘Clase media’ y la otra que habíamos hecho, y empecé a tirar. En mi vida empiezan a pasar cosas buenas y malas, y esas emociones intentas convertirlas en versos, explicarte de alguna manera y sacar tus fantasmas. Lo que hacemos los que escribimos canciones. Como te he dicho muchas veces, mi vida siempre va en paralelo a mis canciones, el disco es la forma de sacar lo que me está pasando en dos años sintetizado en diez canciones.

 

Cada vez debe ser más complicado llevar esas emociones al directo, porque es una especie de collage de todo lo que lo ha provocado.
Sí, de hecho pienso en cantar ciertas canciones de este disco en directo y sé que en alguna me va a temblar la voz. Siempre pasa con algunas canciones, pero en este disco más, porque te van pasando más imágenes por la cabeza cada vez.

 

Por cierto, la voz femenina de ‘Charo’, Carolina, del grupo Morgan, ha sido un descubrimiento. Ella está más cercana al soul, y canta en inglés. ¿Cómo la trajiste a tu terreno?
Ha sido una de esas casualidades increíbles que suceden. No era la opción que tenía, ni siquiera la conocía. Lo iba a hacer una cantante, me mareó una semana y media y como ya estábamos en el estudio tuve que buscar otras opciones. Un amigo me pasó tres o cuatro vídeos, creía que conocía a todas las cantantes de España, pero no [sonríe]. No conocía a Nina, pero Edu Ortega sí, y creí que lo iba a hacer bien. Me puse en contacto con ella. No la llegué a conocer hasta después de grabar la canción, porque se nos acababa el tiempo de estudio y tuve que improvisar. No se me ocurre nadie que lo hubiera hecho mejor, canta como Lucinda Williams con veinticinco años, cuando le habían roto el corazón, pero en castellano. No he escuchado a nadie cantar con ese color y ese genio en castellano, es una chica muy joven, debe tener 24 o 25 años, canta como si estuviera mucho más vivida que a esa edad. Lo hace creíble, que es algo muy importante en esa canción. Si aparece una chica cantando y no te la crees hubiera sido un error. Nina tiene enamorado a todo el mundo desde que la escuchamos la primera vez. Cada uno teníamos una frase favorita de su parte. Creo que tiene un gran futuro por delante, me encantaría que lo hiciera todo en castellano. El problema va a ser qué hacer con Nina cuando tengamos que hacer ‘Charo’ y no esté ella. No puedo hacer el falsete de Jackson Browne en ‘Stay’. ¿Te acuerdas de esa canción?

 

A Iván Ferreiro se le da muy bien desdoblarse y hacer voces femeninas…
¿Sí? Quizá puedo llamar a Iván y traerle con una peluca. Iván lo haría [ríe a carcajadas], si hay alguien que puede hacerlo es Iván. Ojalá Nina pueda venir a conciertos, pero habrá sitios que no.

 

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“Me gustaría que fuera un disco capaz de reconfortar un poco en la pérdida”

 

Has escrito estas canciones de gira, muchas veces fuera de casa. ¿Hay mucho movimiento en este álbum?
Me gusta mucho empezar las cosas fuera de casa y continuarlas en casa, ahí le echo todas las horas del trabajo sucio. Leí una cosa de Steve Earle, creo, que dijo que el primer verso es inspiración y todo lo demás, trabajo. Me encantó, lo firmo absolutamente. A veces tienes suerte y los dos primeros son inspiración, la magia está ahí, lo difícil es trabajar a partir de esa idea, de ese verso que te parece emocionante. Cada vez trabajo más las canciones, siempre les he dedicado mucho tiempo, pero ahora tengo menos prisa por terminarlas que antes. Eso siempre va en beneficio de la canción. A veces tienes prisa por terminarla por pura ansiedad, piensas que se te va a escapar, pero si es buena y la reposas, está ahí cuando quieres recuperarla.

 

Como dices en la canción que abre el disco, ‘Detectives’, ¿lo escribes y lo rompes muchas veces?
Eso es [ríe].

 

¿Rompes más cuando es una canción que quieres terminar, o sueles romper más canciones que ves que no van a llegar a ningún lado?
Las peleo mucho, soy guerrero con eso, pero hay canciones de las que te enamoras y desenamoras un poco, tienes que verla desde muchos sitios para ver si es cosa tuya o si merece la pena. Nunca rompo nada, pero escribo las letras de las canciones cientos de veces. Cuando la paso a limpio, como haya una cosa que no me guste, vuelvo a pasarla. No tacho, la sigo escribiendo hasta que está perfectamente limpia y no hay nada que chirríe. Hay veces que se me escapan cosas, o que con el tiempo dices: “Aquí tendría que haberlo peleado más”. Me pasa con este disco, hay un par de versos que digo: “Está correcto, pero quizá tendría que haber buscado otra cosa”. A un nivel mucho más pequeño, pero es lo mismo que un pintor o un director de cine, seguramente ellos van a ver la obra que han creado y ven el fallo antes que lo bonito de la canción, porque cuando estás tan dentro, tú eres el más exigente.

 

¿Siempre escribes a mano?
Sí, tengo miles de cuadernos. Además, no soy nada ordenado, en mi casa puedes encontrarte cualquier canción, me gusta hacerlo así, con la marca de la taza del café, quemaduras y tachones.

 

En la última entrevista que mantuvimos, para el número 5 de “Cuadernos Efe Eme”, me comentaste que estuviste doce horas peleándote con dos estrofas. ¿Qué canción fue, y por qué te costó tanto?
Fue ‘La casa de mis padres’. Estuve un mes haciéndola, no le tenía mucha fe a la canción cuando empecé a escribirla. A medida que me fui metiendo en los primeros versos, al ser la última canción del disco creo que tenía una idea de hacer un epílogo. No lo pensé, pero creo que le dediqué tanto tiempo para cerrar el disco de una forma concreta, para soltar ciertas cosas en la última. Al principio no le tenía mucha fe, ahora creo que es de mis canciones favoritas de todas las que he escrito, y de las letras más sólidas y más duras. Todo el trabajo y las horas que le eché me compensan.

 

Me ha llamado mucho la atención esa letra, y el propio título, “Me mata si me necesitas”, porque escribes a corazón abierto. Siempre has contado historias y te has dirigido a alguien, pero nunca te había escuchado de una manera tan cruda, tan dura. Hay un cambio en la manera de contar. ¿Es así?
Creo que sí, creo que es más explícito que otros, más en carne viva, dando menos rodeos, más directo. Puede tener varias lecturas, pero por todas las cosas que me han pasado, las canciones me han salido una tras otra, en un año, salvo ‘Charo’. No solo porque me han pasado cosas dolorosas, también cosas muy buenas, pero al mezclarse está metido entre la tragedia y la felicidad, eso hace que el tono tenga momentos más duros mezclados con momentos de agarrarse a la vida y a las cosas que te hacen sentir bien.

 

Hay dolor, pero se ve más dolor que tristeza. Y no es un dolor calmado, te aferras con energía. Al tratar temas delicados, podrías haber tirado hacia los medios tiempos, sin embargo te ha salido un disco más rockero. ¿Por qué?
No fue una cosa consciente, o sí, nunca se sabe. Creo que en el disco hay menos pérdida, o una manera más liviana de recrearse en la pérdida, no sé si reconciliación suena demasiado grande. Me gustaría que fuera un disco capaz de reconfortar un poco en la pérdida. Hay momentos incluso divertidos, o más ligeros, y en combinación con estos sucede lo que dices.

 

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 “Siempre intento dar un poco más a la gente de lo que di el año pasado. Esa es mi responsabilidad y mi incertidumbre”

 

Una de las cosas que más me gustan del disco es como combinas lo eléctrico y lo acústico, lo bien que se entrecruzan las guitarras eléctricas con los violines, las mandolinas, los acordeones… Siempre has tenido una vertiente acústica y una eléctrica, pero, a mi juicio, nunca se habían entrecruzado tanto en una misma canción como en este disco.
Creo que sí, en esto tiene mucho que ver Ricky [Falkner]. Es muy tentador tener a toda la banda, normalmente la gente quiere tocar desde el primer momento de la canción, y eso provoca que no haya mucha dinámica. Quizá los temas acústicos, en otro momento, los habría hecho yo solo de arriba abajo, o con la banda de arriba abajo, pero Ricky propuso que hubiese canciones en las que entrase con la voz y la acústica, y que en mitad de la canción entrase la banda con poderío. Creo que es una idea que tenía desde la primera vez que le enseñé las canciones, hace que fluyan más los acústicos y los eléctricos. El orden del disco lo hizo Santos, el ingeniero de sonido, un tipazo, y yo no he probado ningún otro orden en seis meses, esto es increíble en mí. Me dijo que le había dado muchas vueltas y que creía que era el que más funcionaba. Me fío más de él que de mí, si lo hubiera hecho yo no habría parecido tan bien mezclada la parte acústica y eléctrica.

 

Cuando te pregunté hace unos meses, dudabas un poco sobre qué disco de tu carrera estaba más hermanado con este. Al principio me comentaste que tal vez “Kamikazes enamorados” y “La noche americana”. Creo que es un recorrido por muchos de tus discos, ¿tienes una percepción distinta, después de haberlo grabado y reflexionado?
Yo no quería que esto sucediera, pero creo que es un disco que condensa todos los otros. Hay un poco de “Personal” en ‘Relámpago’…

 

‘Relámpago’ tiene un riff muy “Señor Mostaza” al comienzo, por cierto…
Ah, sí, ese riff es de César, le dije que creía que había una canción ahí.

 

En el disco la toca Boli.
Sí, pero era de César, que ha tocado el piano y el acordeón.

 

¿Las letras son todas tuyas, o ha colaborado él en alguna?
Las letras son todas mías, sí. César, como siempre, me ayuda a terminar canciones.

 

Perdona la interrupción: me decías que este disco tiene un poco de todos, me hablabas de ‘Relámpago’.
Sí, esta canción suena como más juvenil, parece una versión 2.0 de ‘Cuando éramos reyes’, tiene la urgencia de agarrarse al rock and roll cuando eres joven. También hay momentos que te lleva a “Kamikazes” y a “La noche americana”, sobre todo a esos. Pero las diez canciones condensan hacia donde suelo ir estilísticamente. No creo que sea un disco rompedor, en ese sentido.

 

O sea, que al final es una especie de paseo por tu discografía, de alguna forma.
Creo que sí, es como un resumen de lo que soy, o de lo que puedo hacer. No lo he hecho intencionadamente, las canciones eran estas, había un par más pero no las veía en este disco.

 

Te iba a preguntar por eso, si había habido alguna criba.
Sí, creo que no estaban a la altura de las otras diez. Cuando pasan los años me arrepiento de hacer discos más largos de los que tendría que haber hecho. Al principio quieres meter todas tus canciones, creo que hay que verlo con un poco de objetividad, más desde fuera. No es que las deseche, pero ver dónde está el grupo, la mandanga buena. Pensé incluir ‘Clase media’, pero hubiera condicionado al resto de las canciones en el sonido, instrumentación… Con buen criterio, Ricky dijo que empezásemos de cero. Por eso son diez canciones. Me gustan los discos largos, pero ves canciones que se te han escapado vivas porque no estaban a la altura de todo, y si las hubieras dejado reposar, quizá serían mejores.

 

‘Clase media’ es una canción fantástica que se ha quedado un poco a la deriva, ¿es la única canción que no estará en ninguno de tus discos?
Nunca se sabe, quizá en algún momento la vuelvo a grabar. Me fastidia que no esté en un cedé, me parece de las mejores canciones, la letra es de mis cinco canciones favoritas de las que he escrito. También es hija de esta última gira. Estar bien con ellos me empujó al estudio a probar, probé con ellos y con Ricky, a ver si podíamos hacer un disco juntos y si salía bien, si nos entendíamos bien y había química en el estudio, como la había fuera. Y afortunadamente sí.

 

Ya tienes toda una gira a las puertas, antes de que el disco salga a la calle. La gente te espera y confía. ¿Alguna vez temes no cumplir esas expectativas?
Jo, me encanta eso. Me generaría preocupación si no existiese eso. Lo he tenido difícil muchas veces, llegar a diez discos y que pase esto me gusta mucho porque habla de la confianza que tiene la gente, yo soy muy responsable con lo que hago. Puede que esté más o menos inspirado, pero intento dar lo mejor que puedo en los discos, las canciones y los conciertos. Siempre intento dar un poco más a la gente de lo que di el año pasado. Esa es mi responsabilidad y mi incertidumbre, si voy a ser capaz de conseguirlo. Sí es una responsabilidad que la gente esté ahí, pero tengo la seguridad de que he hecho lo que he podido, creo que el disco les va a gustar. Habrá gente a la que no le guste, y habrá quien crea que es el mejor que he hecho en mi vida.

 

¿Ricky va a acompañaros en la gira?
No, es una putada. Yo sabía que no iba a venir, porque el de Egon Soda es un discazo y Ricky no puede bloquear tres meses con su grupo. Viene David Schulthess, es el pianista de Dummie, superbueno, majísimo, creo que va a encajar muy bien. Joven, muy tranquilo, jugador de equipo, creo que lo va a hacer muy bien. Vamos a añadir algo más, que sea una gira para gozar juntos. Sangre nueva.

 

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