Prêt à porter (1980), de Topo

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DISCOS DESCATALOGADOS

«Si de algo puede pecar su disco es de momentos de falta de coherencia, canciones que pasan sin rubor de un guitarreo urbano, al colorido más esplendoroso»

 

César Prieto recuerda esta semana otro disco difícil de encontrar en las tiendas de segunda mano: el segundo elepé de los madrileños Topo. Un trabajo que no alcanza la excelencia, pero sí convendría volver a poner en circulación.

 

Topo
Prêt à porter
CHAPA, 1980

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Si hubo algún disco defenestrado en la música española desde el momento en que se plantó en las tiendas es el segundo disco de Topo, Prêt à porter. José Luis Jiménez, excelente y excéntrico músico, vivió dos años de locura entre 1978 y 1980, después de casi seis años de patear los escenarios con formaciones como Tickets, el grupo de las primeras Vainica Doble, y luego Asfalto. Si obviamos covers para expositores de gasolinera de los Beatles y —son rumores, pero creíbles— de los Sex Pistols, tenemos como primero de la serie al elepé homónimo de Asfalto, impecable para aquellos devotos del rock correoso y de parque suburbial que ese año de 1978 ocupó todo lo que no eran Los 40. Kaka de Luxe ya había hecho su primer concierto en People, un pub de Argüelles en plan inglés, según el Zurdo en Música moderna.

Bien, “Capitán Trueno” y “Días de escuela” se han convertido en clásicos (clásicos mucho más pop de lo que el tópico sobre el grupo parece hacer creer), pero ciertas discrepancias en el resultado de la producción y sobre caminos a seguir hicieron que surgiese una escisión y con ella apareció Topo. Su primer elepé es de enero de 1979, y de nuevo se convierte en un clásico a las primeras de cambio mientras Madrid se agitaba con grupos jovencísimos, que seguían las directrices de la naciente new wave y comenzaban a tratar con compañías discográficas.

Esta era la situación: un grupo ya asentado en cierto sonido de guitarras potentes, cierta nostalgia en las letras, estructuras clásicas y estética callejera. Pero como señalamos, algo estaba a punto de empezar a hervir en la península, así que Teddy Bautista y Chapa deciden reconvertir a sus grupos estrella en ese 1980. Todo se resuelve en Más madera para Leño y Prêt à porter para Topo.

De hecho, las canciones para el segundo elepé ya estaban preparadas, pero a Teddy le parecía que eso no molaba, así que compusieron otros temas en unos minutos, hicieron algún apaño con los que ya tenían, se fueron al estudio y los grabaron todos en menos tiempo todavía. José Luis Jiménez dice que algunos en quince minutos. Arregló un poco el asunto un técnico que tocó las mezclas y le quitó percusión, que Teddy había metido por todos lados. Buena la habríamos hecho si no la quita. Por supuesto, su público rockero se negó en redondo a seguirles el juego.

Tampoco los nuevaoleros aceptaban a advenedizos que parecieran apuntarse al carro por la patilla. Pasó con Greta y pasó con Topo; sin embargo, qué curioso, no se criticó de la misma manera a Joe Borsani o Rubi, que venían de la música ligera argentina, ni a los asturianos Stukas, que a principio de los sesenta ya estaban amenizando fiestas de pueblo. Bueno, el disco quedó como una rareza despreciable, ya desde su portada entre lo entrañable y la vergüenza ajena —buscaron a Enrique Naya, dentro de toda la modernidad, de las Costus—, y nadie se preocupó nunca de reeditarlo. Bien, hay cedé de 2002, pero es todavía más difícil de encontrar. Veamos, pues, qué hay en él.

 

Un disco marcado por la urgencia

Escuchado hoy en día, después de muchos años de no hacerlo, tiene canciones y arreglos salvables, y mucho. Iré citando, mientras las comento, fragmentos que no desmerecen de otros grupos que son respetados hasta el culto o están fuera de toda duda. En la época me dejé llevar por lecturas que decían que eran unos vendidos, hipócritas —mis amigos rockeros— o viejunos que querían dárselas de modernetes, que lo que había que escuchar eran Los Zombies y Los Cardíacos. Que también, claro. Si de algo puede pecar su disco desde nuestra perspectiva es de que hay momentos de falta de coherencia, de canciones que pasan sin rubor —debido a las prisas, quizás— de un guitarreo urbano, al colorido más esplendoroso.

Colorido tiene “Prêt à porter”, un retrato costumbrista con aire de rock and roll que habla de esas chicas que visten ropa confeccionada en serie —uno duda si está hablando de Inditexes y demás—, pero que resultan maravillosas. Se colocaría en el mismo vagón que “Más sexy” o “Las chicas son guerreras” y no sería más que el retrato de la nueva mujer de la década, ajena a los postulados progres de pocos años atrás.

Hay un bloque Police; reggae blanco, que se llamaba. Los directivos y Teddy decidieron que ese era el camino que debían tomar —el de los primeros Police, no confundamos la cosa— y se debieron empapar del Outlandos D’amour. Es por ello que “Vudú Baby” tiene unos compases iniciales que recrean al “So lonely” y un desarrollo que bascula entre el blues y lo que hacían Los Cardíacos, más estancada pero decentemente skatalítica. Y la letra, una historia sobre ciencias paranormales y amor, poco se aleja de otras tantas de la época.

 

 

Aquí también tenemos a “Radio 10”, como tantas de la época dedicadas al contacto único de entonces con la música si no querías apoquinar. En este caso, la enorme sección rítmica —recordemos, recortes en la percusión que era en principio exagerada— y la coincidencia final con Ejecutivos Agresivos, no esconden un solo de guitarra que seguramente hará las delicias de los seguidores de Nacha Pop. Una de las canciones más redondas. También “Hollywood” tiene partes de ska, pero resulta un tanto confusa. Empieza siendo callejera, rockeando, pero de golpe se pasa al ska y sin esperarlo emerge de ella un solo de piano que descoloca, no por defectuoso, sino porque el espíritu de la canción no iba por ahí. Es una de las que, junto a otras dos, forman el apartado de rock clásico; en este caso, una parodia sobre el mundo de los triunfadores.

Si seguimos por este camino nos encontramos también con “Te siento cerca”, la historia de la seducción de una chica de primera en la que nuestro protagonista pierde el teléfono. Más rockera, sí, pero con alguna guinda cultureta como las de los chicos nuevaoleros, que gustaban de maquillar sus letras con referencias para connaisseurs y ripios: “Nos pusimos románticos/ hablando de Fellini”. También “Correcaminos”, que no extrañaría en su repertorio habitual y allí sería considerada la más cercana a Leño, con esos guitarrazos densos.

 

 

Algunas lo intentan, pero no acaban de cerrarse del todo en ese rock urbano. “Reina del vagón” es una nueva canción sobre el metro —Mamá, The Jam, Telegrama…— con chicas muy de época, pero a la que un piano festivo descentra un poco. Sin embargo, el piano es maravilloso en “Tráeme tu amor”, una versión del “Bring it on home to me” de Sam Cooke, que empieza con los mínimos instrumentos y se construye in crescendo, con armonías vocales perfectamente encajadas y un alma soulera poco común en ellos.

Y dejo para el final la canción con una iluminación especial: “Inesperadamente (Nace una canción)”. Una letra muy bien articulada, construida como un reflejo de los sentimientos que dan lugar a una música y a volcarse en ella —una metacanción que seguramente lo es por haberse preparado en el mismo estudio rápidamente—, tiene un inesperado y atractivo punto arty y un leve tono oscuro que saben resolver mejor que muchos grupos de los que se dedicaban a esta estética.

En definitiva, si obviamos dos más escasas en méritos, Prêt à porter no es un disco excelente, pero sí extremadamente disfrutable, con canciones de resultado agradable. Por ello, es otra pequeña tara de nuestra industria musical que el disco no esté en expositores de tiendas ni en plataformas de escucha directa. El aficionado podría disponer de por lo menos media docena de canciones de esas que no hacen la vida mejor, pero sí más agradable.

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