Operación rescate: “Más de cien lobos”, de 091

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“No es que las canciones del disco hayan envejecido bien, es que no han envejecido, lo único que han hecho es cumplir años. Están lozanas como el primer día, firmes, contundentes como el estribillo glorioso de ‘Escenas de guerra’, con la armónica de José Antonio que llegaba para quedarse”

 

El inesperado regreso de 091 nos hace mirar de nuevo a la estantería y valorar alguno de sus mejores trabajos, aun cuando hacerse con él no es tarea fácil. Fernando Ballesteros escoge el segundo largo del grupo, el que compartieron con Joe Strummer como productor.

 

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091
“Más de cien lobos”
ZAFIRO, 1986

 

Texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

Todavía con la euforia desatada por el anuncio de su vuelta a los escenarios en todo lo alto, y con mucho menos debate del habitual en estos casos, creo que este es un buen momento para llevar a cabo una pequeña y modesta maniobra de rescate de los 091. Para ello, eso sí, hay que viajar hasta mediados de la década de los ochenta. Allí encontramos a uno de los mejores grupos de aquí, si no el mejor, que he escuchado en mi vida. Los vemos, además, creciendo. Y ya no lo dejarán de hacer.

Habían pasado tres años desde la urgencia de aquel primerizo single ‘Fuego en mi oficina’ cuando los Cero editaban en 1986 “Más de cien lobos” , su primer disco para Zafiro y el segundo largo tras “Cementerio de automóviles”. Y, qué quieren que les diga, estamos ante el LP desde el que podemos empezar a asegurar, olvidados ya aquellos toques siniestros tan hijos de la época que lastraban su debut, que aquello eran palabras mayores.

¿El mejor disco de su carrera? Para algunos de sus fans, desde luego. Yo, no me atrevo a tanto porque todo lo que vino después fue mucho. En todo caso, aquí hay una impecable colección de canciones, escritas por un grupo que empezaba a hacernos disfrutar con su propia y más que reconocible voz, más allá de influencias, y eso queda claro desde la inicial ‘Cuando pierdo el equilibrio’, por otro lado, un single incontestable. Los textos, en el peor de los casos, estaban muy por encima de la media y en los momentos de máxima inspiración de José Ignacio Lapido eran, y son, sublimes.

Leí en cierta ocasión que el propio autor había declarado unos años atrás que lo suyo eran unas cuantas verdades elementales rodeadas de bellas mentiras ornamentales. Una vez más lo ha dicho él primero y mejor, casi se te quitan las ganas de seguir. Si acaso, añadir que no falta una sola verdad, que no sobra un sólo adorno.

‘Buen día para olvidar’ es un botón de muestra, muy representativo de esas veces en las que las letras alcanzaban la excelencia.

 

 

Pero en el reparto de “Más de cien lobos”, además de los actores principales, hay otro nombre de relumbrón: Joe Strummer, el mítico ex cantante de los Clash que había llegado a Granada atraído por Lorca y que por el mismo precio iba a encontrar a otro poeta y a su grupo. Ocurrió cuando el inglés conoció a José Ignacio, Antonio Arias, José Antonio García y Tacho González. Con ellos trabó una buena amistad cimentada en la admiración mutua.

Tanto le gustaba a Joe la música de 091 que acogió con entusiasmo la idea de producir su siguiente disco en cuyas maquetas ya trabajaban los granadinos. La labor de Joe con el grupo, sin embargo, no fue un camino de rosas. Strummer tenía unos métodos muy diferentes a los que se estilaban por aquí y era partidario de llegar al estudio con una ideas que desarrollaba allí mismo, algo complicado, cuando se manejan presupuestos que te obligan a llegar con todo muy perfilado para ahorrar tiempo de grabación .

Madrid y sus múltiples distracciones también descentraron al productor y por el camino, claro, el presupuesto engordaba para disgusto de la compañía. Las fricciones entre las partes amenazaban un producto final que, no obstante, y a tirones, terminó llegando.

 

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Y con el resultado en la mano podemos asegurar, de todos modos, que la relación dio sus frutos. ¿Hasta qué punto esos logros pudieron ser mayores? Ese es otro debate. Potencial había de sobra. Lo que no se le puede negar a Joe, y el grupo siempre lo ha reconocido, es que se implicó en el proyecto y ayudó muchísimo en los magníficos arreglos y en modelar la personalidad de una banda que andaba sobrada de ella.

El hecho es que aquí hay grandes melodías, temas redondos, guitarras potentes, títulos de esos que dejan huella y, en general, un sonido que les hacía más justicia y les acercaba a lo que contaban las crónicas de sus conciertos por aquel entonces. Eso sin contar lo que se perdió por el camino, en el momento en el que alguien de la compañía remezcló el resultado de la grabación desvirtuando el trabajo que había hecho Strummer.

En las actuaciones, donde no podía meter mano nadie de la discográfica, 091 también seguían dando la talla. Eran ceremonias en las que, desde 1986 y hasta el final, no solía faltar ‘En la calle’ y su lamento por los tragos amargos y los sueños en blanco y negro.

 

 

“Más de cien lobos”, tras cuya grabación se produjo la primera marcha de Antonio Arias, arrojaría ese resultado tantas veces visto: buenas críticas, sólida base de fans incondicionales y ausencia del éxito comercial merecido. Una suma que, al final, te termina por colgar la – me temo– molesta etiqueta de grupo de culto.

A pesar de todo, el disco vendió unas respetables miles de copias y ellos salieron a actuar a Francia buscando nuevos horizontes y animados por el buen recibimiento que tuvieron también allí entre los críticos.

Han pasado treinta años ya de aquello, y no es que las canciones del disco hayan envejecido bien, es que no han envejecido, lo único que han hecho es cumplir años. Están lozanas como el primer día, firmes, contundentes como el estribillo glorioso de ‘Escenas de guerra’, con la armónica de José Antonio que llegaba para quedarse. Otro título incorporado hasta hoy a los clásicos de la banda

 

 

2016 será el año de la vuelta de los cero. Después de que nos hayan regalado tanta verdad, no podemos más que celebrar, como si de un ascenso a primera se tratara –ya ven, siempre pienso en modesto–  que, por una vez, aquello de “Último concierto” va a resultar no ser del todo cierto.

 

 

Anterior entrega de Operación rescate: “Live at the Bataclan”, de Jeff Buckley.

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