“Meddle” (1971), de Pink Floyd

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

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“Es uno de los discos más extraños e incomprendidos del grupo. Su primera incursión real y contundente en el rock progresivo”

 

Manolo Tarancón se detiene en el sexto disco de estudio de Pink Floyd, “Meddle”. Un trabajo experimental, de composición coral, donde entraron con fuerza en su terreno más característico: el rock progresivo.

 

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Pink Floyd
“Meddle”
HARVEST RECORDS, 1971

 

Texto: MANOLO TARANCÓN.

 

Sin apenas tiempo para sumergirse en tareas compositivas, gracias en parte a las extensas giras que llevaban por todo el planeta en 1971, la decisión de utilizar el estudio de grabación como espacio creativo común de cara a un nuevo trabajo marcó absolutamente el resultado final de este “Meddle”. Varios años sin esta metodología, concretamente desde que ya sin Barrett afrontaran “A saucerful of secrets”, los ponía de nuevo en el punto de mira, ante la experimentación como obviedad, que sería definitiva y clave para entender esta obra. Gilmour, Waters, Wright y Mason se reunían de nuevo partiendo del papel en blanco para componer un disco grupal. No podíamos fijarnos en los precedentes cercanos: “More” fue al fin y al cabo un encargo como banda sonora, en “Ummagumma” destaca la experimentación individual y “Atom heart mother” no acabó convenciendo ni a autores, ni a los medios ni a sus fans, aunque todos coincidían en que marcaba el camino a seguir que sí se reafirmaría con este disco.

La pauta, afrontar con mayor sencillez (o menor complejidad) la tarea de dar forma a nuevas composiciones. Lejos quedan los sofisticados arreglos de ‘Atom heart mother suite’ o la surrealista ‘Alan’s psychedelic breakfast’, sus referencias más cercanas en el tiempo. Poco importa el poco espacio entre entregas y las extensas giras: quieren hacer frente al reto. No les sirven los ocho pistas que Abbey Road les brinda y deciden innovar en otros estudios donde sí pueden satisfacer esa cantidad necesaria para su fin.

El disco se graba entre enero y agosto de 1971 entre los estudios AIR London, propiedad de George Martin (donde se desarrolla la mayor parte del trabajo), los Morgan Studios y puntualmente en EMI. Vio la luz a través de Harvest Records en octubre de ese mismo año. Empeñados en desarrollar el tema redondo que rondara los treinta minutos de duración, tuvieron con este “Meddle” su recompensa en la cara B del vinilo (pensemos en este formato por la gran importancia de este tipo de decisiones en cuanto a la distribución de los temas).

 

‘Echoes’

‘Echoes’ es sin duda una de las canciones más importantes de la banda. Como si de una historia de terror se tratara, una sencilla nota de piano ejecutada por Richard Wright y pasada por un altavoz Leslie es el punto de partida de una extensa y disfrutable composición que pasa por diferentes texturas, velocidades, sensaciones y, por qué no, estados de ánimo. David Gilmour reivindica su peso como guitarrista con unos fraseos y una importancia en la mezcla de la que no gozaba en discos anteriores. Hacia la mitad del tema las atmósferas toman el mando para de nuevo fundirse con la nota de piano de Wright que recrudece el tema instrumentalmente para llegar de nuevo a la parte vocal. Nick Mason definía así en su autobiografía “Dentro de Pink Floyd” la grabación de ‘Echoes’: “El sonido de la guitarra en la parte intermedia sonó inesperadamente cuando David tenía puesto el pedal wah-wah del revés. (….) Sentimos que se trataba de un auténtico desarrollo de las técnicas que habíamos insinuado en ‘A saucerful of secrets’ y ‘Atom heart mother’ (….) En retrospectiva, resulta un tanto extraño que pusiéramos ‘Echoes’ en segunda cara. Debía ser que aún seguíamos pensando, quizá bajo la influencia de la compañía discográfica, que deberíamos tener algo adecuado para la radio como principio de un álbum”.

 

 

La cara A nos presenta cinco temas de distinto enfoque y estilo. ‘One of these days’ supone una maravillosa apertura sonora in crescendo donde se entremezclan las texturas: sonido de viento, guitarras punzantes, delays invertidos y una línea de bajo dividida en dos pistas tocada en la misma toma por Waters y Gilmour. Nos ofrece un paisaje oscuro y tenso hasta que la voz distorsionada del batería Nick Mason (grabada en falsete y a doble velocidad para luego reducirla de nuevo) da pie a la explosión y al momento más épico y rítmico del tema, donde Gilmour hace de las suyas.

El estilo vira hacia una deliciosa y acústica composición folk, ‘A pillow of winds’. El simétrico charles de la batería nos ofrece el único patrón rítmico que marcan en un plano mucho más destacado las guitarras acústicas. ‘Fearless’ destaca por su característico y repetitivo riff y la incorporación al tema del coro de Kop of Liverpool del ‘You´ll never walk alone’, el mítico tema que antes de cada partido la afición del este equipo canta a capela a sus jugadores. Curioso que Waters aceptara, teniendo en cuenta la rivalidad entre el equipo del que es aficionado, el Arsenal, con el propio Liverpool.

 

 

La preciosa ‘San Tropez’ recuerda a las composiciones de Syd Barrett. Nick Mason, en su autobiografía “Dentro de Pink Floyd”, ubica la composición de Waters a partir de una serie de experiencias en una casa alquilada en Francia justo un año antes. El sonido cristalino y la sencillez en la producción lo convierten en un tema que suena dulce y cercano, con tiempo para el desarrollo de unas fantásticas guitarras y un extenso solo de piano que destaca por su simpleza.

 

 

En ‘Seamus’, posiblemente el tema más prescindible del disco, encontramos una nueva anécdota. Gilmour cuidaba por entonces al perro de Steve Marriott, componente de los Small Faces, entrenado para que ladrara siempre que detectara música. Y eso es precisamente lo que pasó, quedando los aullidos en la grabación como elemento más destacado, un tema acústico en tono de blues que, como homenaje, se decidió titular con el nombre del protagonista. ¿La precuela de ‘Animals’?

 

Una portada de encargo

La portada se decidió por encargo y por teléfono desde Japón cuando el grupo se encontraba de gira. La propuesta inicial del autor, Storm Thorguerson, sugería un primer plano del ano de un baduino, a lo que el grupo replicó en la famosa llamada argumentando su preferencia por una oreja bajo el agua. Dicho y hecho. La composición definitiva refleja una fusión de una oreja real sumergida en agua. Una de las portadas más criticadas de Pink Floyd, teniendo en cuenta el valor de las líneas gráficas y el arte de las carpetas de sus discos.

“Meddle” es uno de los discos más extraños e incomprendidos del grupo, pero no por ello carente de calidad y de detalles. Sería su primera incursión real y contundente en el rock progresivo, que destacaría más adelante con futuras grabaciones que ya han quedado marcadas en la historia de la música. Al menos para mí este disco no solo supone un antes y un después: es rotundamente delicioso.

Anterior entrega de Operación rescate: “Una semana en el motor de un autobús” (1998), de Los Planetas.

 

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