“Más allá de las montañas”, de Jia Zhangke

Autor:

CINE

mas-alla-de-las-montañas-28-05-16-a

“Es una de sus obras más vitalistas, una oda a la vida que se hace creíble en la sonrisa primero radiante, luego melancólica de su protagonista”

 

mas-alla-de-las-montañas-28-05-16-b

 

“Más allá de las montañas” (“Shan he gu ren”)
Jia Zhangke, 2015

 

Texto: JORDI REVERT.

 

Una madre pasa unos días con su hijo. Está divorciada, y el padre del hijo ha acostumbrado al pequeño a una vida de lujos marcada por la omnipresencia de la tecnología y el dinero. A la hora de volver a casa, toman un tren más lento, que tarda unas horas más en llegar a su destino que el fugaz tren de alta velocidad. El niño acaba preguntando, en un momento dado, el porqué de esa elección. Y la madre le contesta con sinceridad que es para poder pasar más tiempo con él.

En esa breve secuencia, el tiempo articula su enunciado más poderoso en una película en la que su presencia es aplastante. “Más allá de las montañas” es uno de los trabajos más emocionales de Jia Zhangke y lo es en proporción directa con el tiempo, en la erosión de los sentimientos y las ilusiones de su protagonista Tao (Shen Thao) a través de tres episodios vitales que recogen hechos decisivos de su juventud, madurez y ocaso. Es también una de sus obras más vitalistas, una oda a la vida que se hace creíble en la sonrisa primero radiante, luego melancólica de su protagonista. ¿Y qué es lo que erosiona esa jovialidad que se presenta de forma natural en ella? Lo que sucede es el capitalismo salvaje que se adueña de la nueva China, una esencia depredadora que todo lo devora y que deja a los seres más inocentes rodeados de cadáveres. En su última película, Zhangke vira desde la fascinación por el paisaje en transformación –“Naturaleza muerta” (Sanxia haoren, 2006)− y la contundente violencia que resulta del crecimiento implacable de ese sistema –“Un toque de violencia” (Tian zhu ding, 2013)− hacia un cuento de ánimo optimista en el que ese capitalismo se constituye como fantasmal villano que intenta minar cada paso de su personaje central hacia la felicidad. En ese itinerario el cineasta se permite ser más obvio que nunca –el chico apodado ´dólar’− y un tanto más amable que en otras ocasiones. Pero que nadie se engañe: “Más allá de las montañas” no atesora la rabia o la complejidad de obras anteriores, pero esconde una amargura que puede resultar memorable, esta es, aquella que separa una coreografía colectiva y un baile individual al ritmo de una canción de los Pet Shop Boys que es principio y final, júbilo y dolor.

 

 

 

Anterior crítica de cine: “¿Qué invadimos ahora?”, de Michael Moore.

 

Artículos relacionados