Madrid sí fue una fiesta. La movida y mucho más. De la A a la Z, de Javier Menéndez Flores

Autor:

LIBROS

«Aquí el lector puede consultar todo lo que ocurrió en un periodo emergente, con el añadido de un estilo irónico, amable, lleno de informaciones, pero también de sugerencias»

 

Javier Menéndez Flores
Madrid sí fue una fiesta. La movida y mucho más. De la A a la Z.
Libros Cúpula, 2021

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Con título a la manera de Hemingway, Javier Menéndez Flores ha creado un diccionario que recoge toda circunstancia que en un momento u otro convirtió a Madrid en una ciudad en la que bullían miles de iniciativas que querían conformar un nuevo espacio ambiental. Un nuevo espacio ambiental significa que el ambiente ya no era el de los cantautores, que habían generado bellísimas composiciones, pero que no eran una fiesta. Y se necesitaba. Era necesario el intimismo, la lucha política; era también necesario el color, y alguien tenía que asumirlo. El punk fue una espoleta, y a esas nuevas tendencias que habían conocido en el Reino Unido le pusieron su personalidad, que coincidió que en muchos casos era brillante, magnética, sugerente. Los que tienen entrada en el diccionario no fueron la fiesta, fueron quienes demostraron que podía haber fiesta.

¿Y quiénes tienen entrada? Pues, desde luego, los grupos más pintureros y que ya asumimos como puntales de esa regeneración de nuestra música. Todos los que se puedan pensar y cuyos nombres resultarían reiterativos. Pero no se trata de escribir nuevas hagiografías, sino de recoger todo lo que pasó, incluso grupos que no tuvieron tanta proyección; así podemos encontrar, por ejemplo a Agrimensor K o Bajas Pasiones, con un guitarrista hermano de Esperanza Aguirre. Hasta ahí llegaban las cosas.

No solo Madrid, aparecen esporádicamente efervescencias de otras ciudades. Una famosa excursión a Vigo en tren –que acabó con un botellazo de Fabio McNamara que rompió una copa e hirió a una funcionaria– recibe entrada por esperpéntica. Si alguno de los que se montó en ese tren quisiera escribir un relato o reportaje desde dentro… El primer dato es que en el vagón restaurante disponían de barra libre. En la ciudad también. Aparecen, más grupos que recalaron en el rompeolas de todas las Españas, Loquillo el primero.

En todo caso, las quinientas páginas del volumen serían solo cincuenta si se centrasen solo en la música, así que todo se expande, y movida significa “cualquier cosa que ocurriese en esos años”. Así que todos los participantes en ese momento de excitación tienen su entrada: políticos, publicaciones, periodistas, actores, canciones, televisiones y radios,… Hasta aparecen las cabinas de teléfono y Almacenes Arias, la tienda de saldos que fue el verdadero taller de imagen de los grupos.

Otro bloque se dedica a grupos de fans. Realmente quien vendía en la época eran los Pecos y las audiencias las tenía El Gran Musical que, con muy buen criterio, fagocitó a los grupos de la naciente escena y –no nos engañemos- fue en gran parte lo que los llevó a primera fila. De tal manera que Alaska podía aparecer en la cadena SER el domingo a la mañana y en La Edad de Oro el martes por la noche. En todo caso, Miguel Bosé, Pedro Marín o Gonzalo fueron referentes de la época, y en un libro que quiera abarcar no solo un movimiento estético, sino una época, son necesarios.

Este es el valor del volumen. Diccionarios de grupos ya existen, los editó Rock Indiana, pero aquí el lector puede consultar todo lo que ocurrió en un periodo emergente. Y además, con el añadido de un estilo irónico, amable, lleno de informaciones, pero también de sugerencias.

Anterior crítica de libros: Cuando acaba la fiesta, de Javier Montesol & Ramón de España.

Artículos relacionados