Libros: “Estrategias sobrenaturales para montar un grupo de rock”, de Ian Svenonius

Autor:

“No es desde luego una guía, sino un libro de reflexiones de alguien que no ha logrado una carrera espectacular, pero a quien le sobra inteligencia y sarcasmo”

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Ian Svenonius
“Estrategias sobrenaturales para montar un grupo de rock”
BLACKIE BOOKS

 

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

 

A pocos de los lectores les sonará el nombre de Ian Svenonius, quizás su banda de mayor alcance, The Make-Up dirá algo a los conocedores de los años noventa, puesto que llegaron a tener cierta presencia en fanzines y a proyectarse en alguna banda –Hello Cuca los convertían en presencia continua en su fanzine Miau!– con su mezcla de sonido primitivo, teatralidad y compromiso político promarxista. Gran parte de este espíritu contestatario frente a un rock que consideran anquilosado y unos Estados Unidos que entienden como paradigma de la alienación ha pasado a su labor como crítico. Así que cuidado con este su segundo libro, de contenido tan lúcido como venenoso, quizás exagerado en sus conclusiones, pero por lo menos motor de impresiones sobre el sistema que el buen lector puede modelar.

Pero, ¿se necesita realmente un libro para montar un grupo? En principio, puede parecer que no, un grupo surge por generación espontánea o por esporas; pero si, como en este caso supone el lector, está plagado de sarcasmo, sí puede resultar interesante, y por tanto útil, aunque solo sea por reflexionar sobre sus hilarantes consejos.

El título responde a la perfección a sus resultados, una previa hace que en una sesión de espiritismo desfilen egregios cadáveres: Brian Jones, que habla del entramado religioso, Mary Wells, que fija la estructura del grupo en la de la pandilla, o Jimi Hendrix, que da cuenta de esos estilos en que el rock se apropia de estéticas ajenas. Vista en perspectiva, se trata de una breve y descacharrante historia de la música de la segunda mitad del siglo XX, su ámbito político, las diferencias entre las músicas del norte y el sur de Estados Unidos, o como los británicos logran hacer un sincretismo sin contexto verdaderamente efectivo. Todo salpicado por goterones sociológicos. Que le llevan a señalar que los discos son la esencia más depurada de la revolución Industrial o a tirar pullas a sus paisanos norteamericanos.

La segunda parte es un panfleto didáctico –organizado por temas– sobre las estrategias que ha de adoptar una nueva banda de rock, en parte útiles, en parte hirientes con la complacencia y la vanidad. De momento expone las razones –serias han de ser– para fundarla; las razones han de ser sociales o estéticas, nunca pecuniarias. La visión es heterodoxa y exagerada, pero certera, el rock significa llevar la pandilla a rango de religión.

A partir de aquí aplica esta plantilla a cada aspecto de la banda: el nombre, la foto promocional –¿con instrumentos o sin ellos?–, el nombre como mantra, hasta entra en el asunto de la furgoneta. También pega un repaso a los críticos, capítulo que interesa a este que les habla para indagar sobre lo que está haciendo. Y concluye con un breve repaso a las bandas de indie rock; no las califica de demoníacas, pero apunta que su actitud es perversa, lógico, en alguien que actúa desde el compromiso, y así son catalogados Bon Iver o Vampire Weekend. No es desde luego una guía, sino un libro de reflexiones de alguien que no ha logrado una carrera espectacular, pero a quien le sobra inteligencia y sarcasmo.

Anterior crítica de libros: “No tan incendiario”, de Marta Sanz.

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