Iván Ferreiro: En tierra de nadie, con todos los que importan

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“‘Hemos tardado muchos años en llenar este recinto. Gracias a todos, de verdad, es muy emocionante’, confesaba al poco de empezar el concierto”

 

Apenas dos meses después de publicar “Casa”, Iván Ferreiro presentó por todo lo alto su nuevo álbum en Madrid, en el concierto más numeroso de su carrera. Allí estuvo Arancha Moreno.

 

Iván Ferreiro
WiZink Center, Madrid
22 de diciembre de 2016

 

Texto: ARANCHA MORENO.
Fotos: J. PEREA.

 

Presentaba “Casa”, pero no era su sitio. Por suerte, sí eran sus fieles los que acudieron al Palacio de los Deportes de Madrid (léase, WiZink Center) para reencontrarse con Iván Ferreiro. Un tipo autodenonimando “bajito y feo”, con un magnetismo fuera de serie y un cancionero extenso y emocionante. Dispuesto, una noche más, a ser el movimiento que nos lleva a otro lugar. Y lo fue.

No debe ser fácil regresar a los escenarios después de un descanso casi forzado para recuperar energías, y menos estrenando un disco en el directo más importante de su vida. Los días previos tenía laringitis y bastantes nervios, pero también estaba muy ilusionado. “Hemos tardado muchos años en llenar este recinto. Gracias a todos, de verdad, es muy emocionante”, confesaba al poco de empezar el concierto en el formato “Ring” del palacio, luciendo traje oscuro y una sonrisa abierta. Desde la abarrotada pista le respondieron con aplausos y muchas ganas de reencontrarse: le habían echado de menos.

Se estrenaba en el escenario por el que desfilarán, la próxima semana, otros cuatro compañeros y amigos del rock: Coque Malla (26), M Clan (28), Quique González (29) y Leiva(30). Comenzó con ‘Dioses de la distorsión’, que interpretó al piano, y ‘El Bosón de Higgs’, maravillosamente llevada de la contención a la explosión. Cuando llegó ‘Casa, ahora vivo aquí’, se paseó por el escenario con una voz rugiente y áspera mientras las pantallas del fondo simulaban la ventana de una nave espacial surcando la galaxia. Al más puro estilo E.T., el gallego encuentra su hogar en el espacio, y funde sin fisuras su presente con su pasado cuando interpreta ‘Inerte’, uno de los últimos temas que firmó con Piratas. La música nos envuelve cuando escuchamos ‘Canciones para el tiempo y la distancia’, las imágenes del fondo nos recuerdan a ‘Lost in translation’ y nos dejan flotando en medio de nigún lado. Ya está: hemos entrado en la órbita Ferreiro, en su tela de araña, y no podremos escapar.

 

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“Al más puro estilo E.T., el gallego encuentra su hogar en el espacio, y funde sin fisuras su presente con su pasado cuando interpreta ‘Inerte’, uno de los últimos temas que firmó con Piratas”

 

Las plumas de ‘Pájaro azul’ nos invitan al baile, en un concierto en el que el vigués disfruta con sus divertidos y característicos pasos, meciéndose de una forma muy particular, y ‘El viaje de Chihiro’ suena sólida. Podría decantarse por alguno de esos caminos, pero a los Ferreiro les gusta llevarnos por varios a la vez. En ‘Todas esas cosas buenas’ el sonido parece más suave, pero también más denso. Sobre el escenario, siete músicos: su hermano Amaro y Emilio Saiz a las guitarras, la reconocible silueta de su productor Ricky Falkner al bajo, Xavi Molero a la batería, y a los teclados y pianos Marta Toro y Sergio Valdehita. Todos tejen una manta de atmósferas capaces de adaptarse a cualquier cambio de ritmo, mudándose de la alegre ‘La otra mitad’ al paso casi militar de ‘Laniakea’, la galaxia que luce en la portada de su disco y en la camiseta que lleva durante parte del concierto. Es ahí cuando las guitarras virtuosas de Emilio y solventes de Amaro adquieren protagonismo, antes de que la canción muera a ritmo de funeral, y de resucitar con la cruda voz de la inhóspita ‘Dies Irae’ que acompañó al asesino de la trilogía “Versos, canciones y trocitos de carne” (de César Pérez Gellida).

 

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“Acabamos de ver los escalofriantes bombardeos en blanco y negro de ‘Tupolev’ cuando aborda ‘Extrema pobreza’, con una falsa sobriedad inicial que acaba estallándonos en la cara”

 

Manejando siempre bien las intensidades, Iván nos ofrece la pirata ‘Santadrenalina’, que acaba casi sin apoyo instrumental, y contrasta con la nueva ‘Tupolev’, quizá algo más plana. Acabamos de ver los escalofriantes bombardeos en blanco y negro cuando aborda ‘Extrema pobreza’, con una falsa sobriedad inicial que acaba estallándonos en la cara. Al fondo luce una tormenta eléctrica, y la escuchamos también. La sala celebra el vacío existencial de una de las letras más bonitas del vigués. Pasado el temporal, canta al piano arrastrándose por la cascada de ‘El viaje a Dondesabidusiestán’, mutando a parajes más experimentales. En pleno movimiento, continuamos el vuelo a la inquieta y emocionante ‘NYC’. Y llega otro nuevo clásico, recién parido: ese bucle fascinante que es ‘El pensamiento circular’.

Cuando desaparecen se hace el silencio, y lo aprovechan para regresar con otra de las mejores piezas de su nuevo disco: ‘Farsante’. El gallego deja de bailar, se disfraza de crooner y entona una de las canciones clásicas más hermosas que se han escrito este año. “¿Quién era antes de tropezar contigo?”, se pregunta Iván al piano, mientras camina solo por varias estrofas antes de que le acompañe la banda, con algún arreglo orquestal que deriva en un pasaje de guitarras más enérgicas. Otro paisaje más en un concierto en el que hay sitio para todo, también para ‘Espectáculo’, “la primera canción que escribimos para “Canciones para el tiempo y la distancia”, y me encanta”, admite su autor. Abajo es acogida con ganas, un recibimiento que se eleva aún más cuando propone hacer una vieja canción. “Cuando me hiciste llamar, no sospechaba…”, canta, y ya no vuelve a estar solo ni un instante, porque no hay nadie que se quede callado. La energía fluye de la pista al escenario, y Ferreiro deja el micrófono a un lado para cantar a pleno pulmón el estribillo. Pero así no puede hacerse oír. Son cinco mil voces contra una. Y sus fans nunca le dejan cantando solo.

 

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“La energía fluye de la pista al escenario, y Ferreiro deja el micrófono a un lado para cantar a pleno pulmón el estribillo. Pero así no puede hacerse oír. Son cinco mil voces contra una”

 

El concierto va in crescendo cuando acometen ‘Los restos del amor’, y en mitad de la canción salta al escenario alguien muy abrigado, con gorro y una especie de poncho: es Martí Perarnau, de Mucho, que apoya la parte vocal que también canta en el disco. El invitado se queda a la fiesta en ‘Cómo conocí a vuestra madre’, celebrado e iluminado por unas espirales de vértigo muy hitchcoknianas, que pone punto seguido a la traca final. A estas alturas ya sabemos que Iván es poliédrico, y en plena euforia es capaz de marcharse de las tablas y volver más pausado con ‘El río alquitrán’, y continuar por la ranchera ‘SPNB’ -con un giro levemente reggae hacia el final-. El público está a merced del show, esperando la siguiente sorpresa. Y tras una intro algo oscura, llega ‘Promesas’, que termina como en los viejos tiempos, con la coreada ‘Insurrección’ de El Último de la Fila.

Sin pausa, se sienta otra vez ante su teclado Korg rojo y escribe en el aire una de las canciones más emocionantes de su discografía, ‘El equilibrio es imposible’. Es entonces cuando entendemos por qué el equilibrio es imposible: Iván Ferreiro no quiere atarse a un solo movimiento, a una sola mirada. Se mueve por el pop alegre con poso, por el rock intenso, por la canción más clásica, por el juego electrónico y bailable. Nos conduce por el suelo y por el aire, por lo concreto y lo abstracto. Juega sin reglas y nos invita a participar. No canta lo que esperamos, hace que esperemos a ver qué canta, por dónde nos lleva. Es demasiado comercial para los indies y demasiado indie para los comerciales, demasiado clásico para los rockeros y demasiado rockero para los clásicos. Es libre y está en tierra de nadie. Qué importa. Le seguimos porque creemos que en el fondo hay algo.

 

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“En ‘Laniakea’ las guitarras virtuosas de Emilio y solventes de Amaro adquieren protagonismo, antes de que la canción muera a ritmo de funeral, y de resucitar con la cruda voz de la inhóspita ‘Dies Irae’”

 

“Es el concierto más grande que he dado nunca en mi vida”, admite en los últimos minutos del show, que termina con la festiva ‘El dormilón’ y con la imbatible ‘Turnedo’ introducida por el ‘19’ de Maga. Un cierre perfecto. La gente canta y baila, y cuando acaba, le aplaude con ganas. Él sonríe, se gira y se pone las gafas. Quiere ver a su público, notar qué expresión hay en sus caras al terminar. Alguien sugiere adelantarse hacia la puerta para evitar atascarse en el lento desalojo de la sala, pero con Iván nunca conviene correr, porque al final siempre baila. Baila a su ritmo, como hace todo lo demás. Único y auténtico de principio a fin.

 

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“Iván Ferreiro no quiere atarse a un solo movimiento, a una sola mirada. Nos lleva por el aire y por el suelo. Juega sin reglas y nos invita a participar. No canta lo que esperamos, hace que esperemos a ver qué canta, por dónde nos lleva”

 

Setlist:
Dioses de la distorsión
El bossón de Higgs
Casa
Inerte
Toda la verdad
Canciones para el tiempo y la distancia
Pájaro azul
El viaje de Chihiro
Todas esas cosas buenas
La otra mitad
Laniakea
Dies Irae
Santadrenalina
Tupolev
Extrema pobreza
El viaje a Dondenosabidusiestán
NYC
El pensamiento circular

Farsante
Espectáculo
Años 80
Los restos del amor (con Martí Perarnau)
Cómo conocí a vuestra madre

El río alquitrán
SPNB
Promesas + Insurrección
El equilibrio es imposible
El dormilón
19 + Turnedo

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