Faustino Oramas “El Guayabero” Réquiem para un sonero

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La primera vez que vimos a El Guayabero en España fue gracias a Santiago Auserón, corría el año 1993 y se presentaba la colección Semilla de son en la que se había incluido una de sus grandes composiciones “Que baile marieta”, un son aparentemente sencillo, de lírica picante y, preñado como toda su obra, de los dobles sentidos que han nutrido la cultura popular en el español durante siglos.

Pero el Guayabero tenía también un sonido grave, con un groove muy característico que no desmerece al ser escuchado al lado de obras monumentales del rock como el Highway 61 revisited de Dylan. Faustino Oramas era muy consciente de su sonido, no estaba muy satisfecho de su primer concierto en España en la sala El Sol, no estaban “sus” músicos. “Yo sé como tiene que sonar” me confesó en una ocasión.

El blues de Faustino

Todas las composiciones de Faustino Oramas tienen el mismo corte musical, que podríamos definir como un blues caribeño profundamente negro. De hecho colocabas juntas las fotos de John Lee Hooker y El Guayabero y ambos parecían primos hermanos, misma manera de sentarse y parecida manera de ponerse el sombrero. La prueba definitiva era pinchar sus músicas de forma consecutiva y ¡cataplum! Los misterios de la mecánica cuántica al descubierto.

Pese a las informaciones publicadas tras su fallecimiento no participó directamente en el Buenavista Social Club, aunque aportó una de sus canciones, “Hay candela”, a través de la voz de Ibrahim Ferrer que, a principios de los años sesenta, ya había interpretado sus composiciones con la banda de Pacho Alonso. “Llegué al estudio –explicaba Ferrer– y estaba Rubén González jugando con el Candela”. Ry Cooder vio que aquello funcionaba y el “candela” se incorporó al repertorio. Durante la presentación de la película de Wenders tuve la ocasión de preguntarle a Cooder por el Guayabero. “Me han dicho que está mal de una pierna” contestó. Las fuentes consultadas por Cooder desconocían que El Guyabero había grabado un buen disco en Canarias y aunque cojeaba ostensiblemente, sus conciertos eran gloriosos como el que dio en el Suristán de Madrid. “Más de dos horas fabulosas”. Tras recibir el dato, Cooder se puso colorado de envidia.

Datos biográficos

Nacido en Holguín en 1911, su primer trabajo acreditado es tocar las maracas en el septeto La Tropical cuando tenía 15 años. En los años cuarenta comienza a ser conocido como compositor con el “Tumbaito” que estuvo en el repertorio de Libertad Lamarque
“Llegó el tumbaito pa lavar lo ropa”.

El sobrenombre de “El Guayabero” le llegó cuando tocaba en Central Miranda el día de paga de los cortadores de caña. En el bar, una joven camarera trigueña servía las bebidas entre sones, bailes y sonrisas hasta que llegó el marido de la rubia, cabo del ejército… Aunque según la última versión (del propio Faustino) no era marido sino amante, no era cabo sino jefe de policía. En cualquier caso, la fiesta acabó “como la fiesta de los monos” en palabras de Faustino; que quiere decir que el músico hubo de salir por piernas. El bar se llamaba “el Guayabero” y el lío sirvió de inspiración del estribillo: “En Guayabero, mama, me quieren dar”.

Las primeros versos de 1938 recuerdan el flechazo de Faustino con la camarera del lugar: “trigueña del alma / no me niegues tu amor / trigueñita del alma / dame tu corazón…” Luego Faustino encajaba inspiraciones en forma de cuartetas tipo: “Me casé con una enana / para el colmo del reír / le puse la cama en alto / y no se pudo subir” o “No vayan a San André s/ que hay un cura muy bellaco / allá fueron mis dos hijas / y de dos vinieron cuatro”. Dependiendo del momento el motivo se estiraba en rimas. Pacho Alonso grabó la composición con los Bocucos y Faustino se quedó con el alias.

Faustino solía tocar en los clubes sociales en los años 30 y 40. La Sociedad Unión Holguínera (sólo para negros), Sociedad el Alba (sólo para mulatos) o la Sociedad Libanesa (que no sabemos si era sólo para árabes o era uno de los chistes de Faustino). Escribió lo más granado de su repertorio entre 1928 y 1957, como en tantas ocasiones las reediciones de sus discos son un sin dios… y  sin créditos. Egrem ha editado en varios momentos un recopilatorio en el que se incluyen sus clásicos: “Cómo baila Marieta”, “Compositor confundido” , “La mujeres de Bayamo”, “Cuidado con el perro”, “Como vengo este año”…

EN 1998 grabó en Tenerife El tren de la vida ( Manzana), un disco en el que rescataba otras composiciones como “Mi son retozon“, “Por culpa de las mujeres, “Imprudentes peatones” o “A Pissi Corre”. Está ultima provocó una reacción de los descendientes de Pissi Corre, un individuo que le hizo una faena a Faustino en la noche de los tiempos; parece que contrató una fiesta y luego no pagó, lo cual provocó un estribillo rotundo:
“Si cojo a Pissi Corre lo mato”. Los familiares del susodicho acudieron al entorno de El guayabero para pedirle que dejara de interpretar aquel son, que el asunto del que hablaba la canción había ocurrido hacía mucho tiempo, el protagonista estaba muerto y la familia soportaba mal que su nombre fuera arrastrado por el fango. Faustino la seguía cantando: “Si yo cojo a Pissi Corre / por Dios que lo desbarato / donde quiera que lo coja por mi madre que lo mato”.

1998 fue el año en que realizó una amplia gira europea, renqueante porque en 1994 le había amputado una pierna pero ilusionado y luciendo las medallas que le habían colocado en el pecho un sin fin de instituciones revolucionarias. Hombre sencillo, siempre respondía con una sonrisa a las insinuaciones sobre la picaresca; “el doble sentido lo encuentra usted”, decía. Sus visitas a España acababan con un rosario de insólitas compras. Un día apareció con gran barreño de plástico y un cargamento de legumbres. Si tenía cerca su tres se pasaba horas entonando sus rimas.

Faustino Oramas “El Guayabero” falleció el pasado 27 de marzo en su Holguín natal.