El oro y el fango: Los clásicos son para el verano (1). Bill Haley, mucho más que el tipo del caracolillo

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«Haley no era ningún idiota y sabía lo que se llevaba entre manos, de hecho, él desarrolló su propio estilo y sentó las bases del género. Además fue el primero en llevar el rock al gran público en 1955»

Juan Puchades incia la serie veraniega dedicada a los pioneros del rock and roll con el padre del asunto, el señor Bill Haley. El menos apreciado de los rockers de la primera hornada.

 

Una sección de JUAN PUCHADES.
Ilustración: BORJA CUÉLLAR.
La historia nunca ha sido demasiado benévola con Bill Haley. Durante décadas quedó establecido que su ‘Crazy man crazy’ fue la primera grabación de un tema de rock and roll (mientras que ‘Rock around the clock’ se consideraba la primera canción canónica del género), pero a renglón seguido, se le acusaba de poco rockero, de tipo mayor que vio una puerta abierta (la de la música de los negros) y por ella que se introdujo cuando esa no era su casa, de edulcorar los temas que versionaba, de aprovechado… ¡Hasta su imagen era motivo de mofa! ¡Ese ridículo caracolillo sobre la frente! Y sí, en 1953 (año de esa grabación y uno antes de que Elvis entrara en el estudio de Sun Records) Haley tenía 29 años y su aspecto no era, precisamente, el de un jovenzuelo rebelde dispuesto a dinamitar los convencionalismos, más bien al contrario: tranquilamente aparentaba una docena de años más, lucía robusto corpachón, quijada impresionante, amplia y alopécica frente, vestía como una estrella convencional del espectáculo y su ceguera de un ojo lo había convertido en un ser bastante retraído. También es cierto que provenía del country y que suavizaba las letras de los rhythm and blues que reinterpretaba para evitar escándalos y poder grabar sin sobresaltos. Pero, ¿y qué? ¿Acaso Elvis no era un fanático del country, de los grupos de gospel y de los crooners y llegó al rock de puritita chiripa? Pues Haley, más o menos, lo mismo, pero sin tanta casualidad, que el hombre le dio a la cabeza buscando un sonido, y lo encontró, vaya si lo encontró. Sin embargo, en los últimos años, algunos revisionistas han querido restarle más méritos desarrollando la teoría de que el primer rock and roll lo grabó Ike Turner (bajo el nombre de Jackie Brenston and his Delta Cats) con la canción ‘Rocket 88’, de 1951. En la que uno, se pongan como se pongan, no ve demasiado rock and roll y sí un rhythm and blues levemente swingeado y acelerado. Aunque el piano ya pulsa las teclas como en los primitivos rockanroles. Más bien estaríamos ante un tema de protorock, como lo son algunos iniciales de Fats Domino.

Se da la circunstancia de que Haley, aquel mismo 1951, grabó su propia versión de ‘Rocket 88’, en la que pueden apreciarse notables diferencias con la de Turner. Aquí la voz frasea no como los cantantes de rhythm and blues, sino de modo muy similar al posterior en los vocalistas principales del propio rock and roll y los solos de guitarra claramente rockean. El ritmo se marca con mayor contundencia y adquiere (definido por batería y contrabajo) ese componente como de hipidos sincopados tan propio de lo que luego conoceríamos como rockabilly.

Pero hay más, en 1952 (no hay que despistarse con las fechas: un año antes de registrar ‘Crazy man crazy’) Bill Haley con los Saddlemen (luego se llamaron los Comets) grabó ‘Rock the joint’, una canción en la que se revelan claramente las formas, ritmo e intención del rock and roll, incluyendo las típicas inflexiones vocales y los punzantes riffs de guitarra. Aquello no era country ni rhythm and blues, no tenía nombre, pero ahora todos sabemos lo que es.

Se asegura que el locutor Alan Freed, quien comenzó a emplear el término rock and roll (que era una frase de argot de los negros con un claro sentido sexual: «tener rock and roll» era algo así como «pegarse un revolcón»), lo usó por vez primera al presentar, precisamente, ‘Rock the joint’, un tema que no tenía demasiado que ver con los estilos anteriores y que él quería diferenciar del rhythm and blues, que formaba parte de los llamados «race records» (discos raciales, o dirigidos al público negro; simple y directa segregación musical). Recordemos que en 1952 un jovencito Elvis Presley todavía le cantaba baladas a los vecinos y amigos, y Chuck Berry, Bo Diddley o Little Richard andaban buscando un camino musical desde el rhythm and blues. Así que no vengan historias, el primer tipo en poner en pie el sonido del rock and roll fue Haley, por lo menos el que unió todas las piezas que dieron con algo realmente nuevo.

Bill Haley, que debido a su aspecto fue un rockero un tanto peculiar, había nacido en 1925, en Highland Park, en Detroit, y a finales de los cuarenta ya estaba actuando y grabando discos de country: «El estilo que interpretábamos allá por 1947, 1948 y 1949 era una combinación de country and western, dixieland y rhythm and blues al viejo estilo». Sus primeras grabaciones se mueven en ese batiburrillo sonoro, pero cuando mezcla bien todos los ingredientes y sube la intensidad rítmica, no hay ninguna duda de que comienza a dar forma al rock and roll. En 1954, y como recuerda Charlie Gillett en el imprescindible «El sonido de la ciudad» («Historia del rock. El sonido de la ciudad», Ma Non Troppo), «En la primera sesión con Decca, Haley grabó ‘Rock around the clock’ y ‘Shake, rattle and roll’, con las que iba a transformar el concepto de lo que podía ser la música popular en el mundo entero». Y así fue, Haley había dado con su sonido, que unía el western swing (una de las variantes del genérico country and western, es decir, hillbilly con arreglos heredados de los metales del jazz más animoso) y el rhythm and blues pasado de vueltas mientras cantaba claramente como un blanco (y con excelente dicción, por cierto) y se rodeaba de envolventes y dinámicos coros y saxo. Aquello es rock and roll, y además tremendamente exuberante, nada que ver en cuanto a presentación con lo que ese mismo año grabó Elvis en los estudios Sun, dominado por la tosquedad formal (es apoteósico, sí, pero rústico, las cosas como son. Estamos ante diferentes desembocaduras del mismo afluente). Porque, cuidado, Haley no era ningún idiota y sabía lo que se llevaba entre manos, de hecho, él (junto a su grupo, The Comets) desarrolló su propio estilo y sentó las bases del género. Además fue el primero en llevar el rock al gran público cuando en 1955, en los títulos de crédito de la película «Semilla de maldad» («Blackboard jungle», de Richards Brooks), se incluyó su ‘Rock around the clock’, convirtiéndose en un éxito formidable que tendría continuación un año después al dar nombre a un film (‘Rock around the clock’, Fred F. Sears) que tuvo a Haley como principal estrella, lo que propulsó al single hasta el millón de copias vendidas. Ahí, en ese preciso instante, el rock and roll estaba explotando.

Gracias a ese inesperado éxito, que le llevó a tocar infatigablemente y a lograr que sus discos se vendieran en cantidades importantes, Haley logró vivir cómodamente el resto de su vida, pues, con rapidez, su tiempo estaba agotándose: a partir de 1956 una locomotora llamada Elvis Presley, grabando ya para RCA, comenzó a arrollar a todos con su irrefrenable juventud y sexualidad. Y contra eso poco podía hacer Haley: los años y el físico jugaban en su contra. Lo curioso es que Elvis era admirador suyo, lo veía como a una gran estrella (y a Elvis las estrellas le atraían mucho al inicio de su carrera, muchísimo) y como un maestro, del que recibió consejos en los días en los que compartieron gira, con Haley como figura principal.

De cualquier forma, en febrero de 1957, Haley descubrió que le quedaba Europa cuando en Inglaterra fue recibido como un dios del rock and roll (con tumultos incluidos en la estación londinense de Waterloo). Siguió grabando discos fuertemente marcados por esa sónica tan modélica que desarrollaba junto a los Comets y dejó temas tan marcianos como ‘Mambo rock’, que tienen el encanto de un sonido único, vigoroso, plagado de coros, palmas, muy meditado y pulcro. Así que no hay que despreciar sus grabaciones, aunque es cierto que ante la fiereza de Little Richard o el talento de Chuck Berry a Haley no le quedaba otra que ir a remolque y readaptar las composiciones de ellos a su estilo (pero lo que hizo con ‘Rit it up’ o ‘Johnny B. Goode’ no es nada despreciable, ¡al contrario!). A comienzos de los sesenta, cuando el rock and roll iniciaba el repliegue, reorientó su carrera desde México y alcanzó un notable éxito en Latinoamérica, atreviéndose, incluso, a cantar en castellano. En los setenta, luchando contra su alcoholemia –siempre le dio con fruición a la botella– casi giraba exclusivamente por Europa, en espectáculos revivalistas donde cada noche ponía en pie de nuevo ‘Rock around the clock’, ‘The saints rock n’ roll’, ‘Rock the joint’, ‘Shake, rattle and roll’, ‘See you later alligator’ o ‘Rit it up’. Tras haber superado un derrame cerebral en 1980, murió en febrero de 1981 de un ataque al corazón, solo tenía 55 años, pero ver fotos de la época resulta desolador: el pobre hombre aparentaba ser un anciano de veinte más.

De Bill Haley hay que recordar su papel como pionero y cómo supo unir influencias para dar forma a un sonido nuevo, intenso, compacto, alegre, bailable y contagioso que marcó lo que vino después: de los rockeros a los grupos vocales, todos bebieron de él; unos tomaron el ritmo, otros la forma de rasgar la guitarra, otros el fraseo al cantar, otros la contundencia del saxo, otros los empastes vocales… Que nadie dude que el tipo del ridículo caracolillo en el pelo tenía el ritmo, el sentido y mucho ingenio musical. Incluso Little Richard, cuyo ego no conoce límites y no suele regalar halagos a quienes considera sus rivales (prácticamente cualquiera que empuñe un micro), no dudó en declarar que «Bill es otro gran tipo, otro de los que en su momento iba por delante de su tiempo». Un respeto para Bill Haley and his Comets, que fueron muy grandes.

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