El disco del día: Pauline en la Playa

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«Las canciones ya no tienen ese poso de recogimiento de sus cinco anteriores discos y resultan mucho más expansivas y directas, más oxigenadas, como si hubieran abierto una ventana»

 

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Pauline en la Playa
«El mundo se va a acabar»
SIESTA

 

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

 

Las hermanas Mar y Alicia Álvarez cada vez resultan más certeras en su mundo personal, fabricado de transparencia delicada y de bendita chifladura; aunque en el caso de “El mundo se va a acabar” las canciones ya no tienen ese poso de recogimiento de sus cinco anteriores discos y resultan mucho más expansivas y directas, más oxigenadas, como si hubieran abierto una ventana.

Una reseña debe huir de lo obvio, pero en este caso resulta tan delicioso que rompo las normas: desde el aire medieval que abre ‘El mundo se va a acabar’ –con coros de dos Nachos, Vegas y Umbert–, decenas de cosas recuerdan a Vainica Doble y suenan como lo harían hoy en día Gloria y Carmen, que tarde y poco, pero –quién lo iba a esperar– han hecho escuela. También aparecen en la ambientación de ‘Elástica’, esas percusiones de las pandereteiras de Herbamora que dan a la trama melódica aire de la mejor canción popular, circular, magnética. Apuestan, pues, como señalan ellas mismas en las entrevistas, por seguir una de las virtudes de Vainica Doble: que pueden encajar cualquier cosa en las canciones y todo les queda bien. Llegan en ‘Desalojen’ a usar un fondo de canción ligera de los setenta y salir airosas.

También hay espacio para el pop más natural y transparente, ‘Relevé’, atenta también a los detalles líricos, es un buen ejemplo. O ‘Haiku para ir a Marte’, un verdadero popema de versos cortos y final instrumental. Sin embargo, por primera vez, el disco va derivando hacia lo oscuro, ‘El tiempo’ podía encajar lejanamente en su entramado de guitarras inicial la melodía de ‘Alas de algodón’, la misma estructura circular que va creciéndose hasta llegar a ‘Aishiteru’ –»te quiero» en japonés– con amores de bosque, de fuerzas naturales hechas volar por un acordeón tétrico y arrabalero.

Llegue o no a un público más amplio del de sus anteriores discos, las hermanas Álvarez han hecho lo que tenían que hacer, seguir precisas en su especial magia poética y avanzar unos pocos pasos, ampliar un tanto el paisaje sin alejarse demasiado. Es un perfecto final, pues la nana ‘Los monstruos del mar’, reposada, sintética, con su pequeña dosis de absurdo.

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