El cine que hay que ver: “Fargo”, de Joel y Ethan Coen

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“Resulta innegable que los hermanos Coen podrían representar a la perfección lo que sería la autoría en cine: el reflejo audiovisual de un modo individual y muy especial de comprender la realidad y el traslado a la pantalla de una personalísima visión del mundo”

 

Elisa Hernández nos lleva hasta una de los títulos más célebres de los hermanos Coen. Una cinta por la que estuvieron nominados a siete premios Oscar, de los que recogieron el de mejor guion original y mejor actriz para Frances McDormand.

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ.

 

“Fargo”
Joel y Ethan Coen, 1996.

 

En ocasiones la idea de “autor” de un filme para referirse a su dirección suele utilizarse de manera banal y sin considerar sus connotaciones originales (el intento de revalorización de cierto cine como arte recurriendo a la idea de “genio”), dando como resultado la errónea noción de que la responsabilidad del resultado y efectos de una película pueden (o incluso deben) atribuirse a una única figura. Sin embargo, resulta innegable que los hermanos Coen podrían representar a la perfección lo que sería la autoría en cine: el reflejo audiovisual de un modo individual y muy especial de comprender la realidad y el traslado a la pantalla de una personalísima visión del mundo.

“Fargo” no es solo uno de sus filmes más conocidos, sino que es además uno de los principales “clásicos contemporáneos” de la historia del cine. La película se presenta como un ejemplo perfecto de neo-noir, una etiqueta nacida en los años 60 y desarrollada en los 70 para integrar todas las películas (y obras de otros medios) que usan elementos estilísticos propios del film noir clásico pero “actualizándolos”, es decir, incorporando temas, contenidos o formas que no estaban presentes entonces. En la que es probablemente la revisitación más interesante de todo el filme en relación al cine negro de los años 40, nos encontramos a la fascinante agente de policía Marge Gunderson (Frances McDormand), el ejemplo más alejado posible del estereotipo clásico de detective hard-boiled y uno de los personajes más memorables del cine de las últimas décadas.

En “Fargo”, Joel y Ethan Coen, además de un alto nivel de autoreflexividad del cine negro, muestran un enorme ingenio al combinarlo con el género que nos parecería su opuesto, la comedia. El humor negro tan habitual en sus filmes parte de una visión cínica y escéptica del mundo a la que se suma una capacidad casi inexplicable para generar comicidad a partir de temas o situaciones que en principio no tendrían gracia. En cierta manera todo el cine de los hermanos originarios de Minnesota parece moverse entre estos dos géneros, aunque sin duda sus filmes más interesantes son precisamente los que mezclan desordenada pero magistralmente ambos registros.

 

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Aquí, lo que parece un plan sencillo organizado por Jerry Lundegaard (William H. Macy) se convierte en una cruda y violenta (a la vez que absurda y ridícula) historia que va aumentando en exageración, dramatismo e hilaridad, llevándose por delante a los protagonistas que ponen en marcha la acción sin prever las posibles consecuencias de sus acciones. El resultado es la presentación de una serie de personajes curiosos, extraños y, sobre todo, muy poco conscientes de sí mismos que son incapaces de controlar las circunstancias que les rodean, lo que insiste en una visión patética y satírica de la noción de existencia de un ser humano (supuestamente racional y todopoderoso) capaz de controlar su destino.

Igualmente reseñable en “Fargo” es la sombría banda sonora, que complementa a la perfección las imágenes del duro y árido invierno del Medio Oeste norteamericano. La falta de color, el frío y los inmensos paisajes mostrados en pantalla crean un ambiente desolador desde los primeros minutos de la película que, junto al crudo humor negro de los diálogos y situaciones, genera un tono único, especial e inconfundible, que hace que el visionado de este film sea una de las experiencias por las que todo aficionado al cine ha de pasar. Preferiblemente más de una vez.

 

 

Anterior entrega de El cine que hay que ver: “West side story”, de Robert Wise y Jerome Robins.

 

 

 

 

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