Discos: “Strut”, de Lenny Kravitz

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“El nuevo disco de Kravitz no precisa esfuerzo, porque el hueso de la canción es de nivel”

Lenny-Kravitz-Strut-16-10-14

 

Lenny Kravitz
“Strut”
SONY

 

 

Texto: JUANJO ORDÁS.

 

 

Hay un punto y aparte en la trayectoria de Lenny Kravitz, y ese es la edición de “5”, en 1998. Kravitz ya era una estrella, pero seguía formando parte del universo rockero ortodoxo, siendo a partir de dicho disco que empezó a abrazar nuevos sonidos y, por lo tanto, nuevo público. “5” fue un buen trabajo con el que Kravitz rompió con su sonido analógico, setentero y puro, quebró las normas más rígidas al empezar a utilizar programaciones y resortes artificiales en cada uno de sus nuevos temas. Muchos de estos fueron hits, desde aquel herético ‘If you can’t say no’ que con sus elementos de soul electrónico avanzó el álbum hasta el imparable sencillo ‘Fly away’, con un nuevo riff clásico que añadir a su colección pero de formato sintético. “5” no fue solo una renovación partiendo de la base donde ‘Fly away’ habría encajado, sino que fue mucho más allá, siendo una reactualización del soul y r’n’b que al realizarse desde la óptica de un rockero, contenía la fuerza que faltaba a las descafeinadas nuevas estrellas de un género que a  día de hoy, por cierto, ha perdido todo su significado.

Pero antes de toda esta pequeña revolución traducida en millones de unidades de “5” despachadas, Kravitz ya había grabado cuatro álbumes llenos del mejor rock clásico. Puedes tomar cualquiera de ellos, desde el debut “Let love rule” hasta “Circus” pasando por “Mama said” y “Are you gonna go my way”, la calidad es constante, la inspiración abrumadora. El crisol que es el rock and roll permitió a Kravitz alzar la mano para agarrar géneros habituales en la mezcla, añadiendo funk y soul, pizcas de aquí y allá que unidas a su emocionante voz mestiza hizo de su estilo algo único. Su capacidad multinstrumental hacía pensar en él como en la versión rockera de Prince o Terence Trent D’arby, aunque su camino siempre fuera uno más acomodaticio. Lenny Kravitz nunca quiso jugarse su carrera, incluso cuando cambió más o menos radicalmente con “5” no se trató de los saltos sin red de los otros dos mencionados, pero entendió la industria, la abrazó moviéndose entre sus distintos niveles con soltura, demostrando una inteligencia que la solidez de su obra despojaba de atisbos de fríos cálculos.

Es ahí donde “5” provocó un cisma en su carrera, porque era una clarísima concesión a la actualidad. Kravitz se nutría de una tradición que reactualizaba con mucha naturalidad, pero con “5” quiso ser la actualidad. Pese a su calidad, el disco apostaba por el medio tiempo amable, las máquinas entraban como un instrumento más y la guitarra perdía protagonismo. En la primera década del nuevo siglo, el norteamericano se posicionó como rockero “fashion”, sus discos tenían buenos momentos pero sonaban tan sofisticados que acababan fríos. Curiosamente, como si los ciclos de Kravitz vinieran dictados por las décadas, en 2011 resurgía con el notable “Black and white America” de cara al público rockero, volviéndole a dar esa mezcla de raíces variadas con un color que se echaba de menos. Había sido incapaz de sonar actual sin jugarse el alma y perderla, ahora la recuperaba parcialmente, pero tal vez aún existía una forma de ser parte del presente y seguir emocionando. “Strut” parece partir de esa idea. Hace años que los sonidos poperos ochenteros llevan regresando al presente de forma constante hasta ya ser sinónimo del hoy día. Las bases rítmicas se han ido ajustando a parámetros de concisa sencillez hasta el punto de encontrarse en multitud de canciones de los artistas más dispares. Eso ha conllevado un esfuerzo a la hora de que el oyente tenga que acudir a la esencia de la canción para entenderla y disfrutarla por encima de frivolidades, pero en el nuevo disco de Kravitz no es necesario porque el hueso de la canción es de nivel aunque en su primera parte la producción haya llevado los temas hacia un terreno bailable frívolo. El tema titular, precisamente el primero que suena nada más pulsar play, es una mezcla de funk rock y soul que construye un puente entre INXS y los Rolling Stones desde su punto de vista “fashion” pero impidiendo que esta vez el alma se escurra, siendo el momento más brillante de Kravitz desde mitad de los noventa. Lo que le sigue tampoco anda desencaminado a la hora de posicionarse entre lo mejor de su producción. El single ‘The chamber’ ha contado con un vídeo ciertamente sonrojante pero la canción es una fusión de rock y disco setentero excelente, ‘New York City’ es un himno y ‘Frankenstein’ vuelve situar a Kravitz como un grande de la siempre excitante mezcla de funk y rock. La segunda parte de “Strut” tiende hacia la balada a excepción del rock góspel de fraseo brillante ‘Believer’, pero en general se mueve hacia un clasicismo muy cálido, como la Stone ‘She’s a beast’ y la soul ‘I never want to let you down’.

Hay que aceptar que este hombre se vende como se vende, en plan “fashion” y “cool”, pero igual que hay que admitir que cualquier mortal firmaría por unos cincuenta años tan bien llevados como los que exhibe en la portada y que las canciones de “Strut” son tremendas.

Anterior crítica de discos: “Life’s a song. Live volumen one”, de Delta Moon.

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