Cooper cierra los ojos: El adiós de Álex Díez

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«Tengo muchas maneras distintas de canalizar mi necesidad de creación, no tiene por qué ser en canciones»

 

Cooper se despide oficialmente de los escenarios este sábado 9 de noviembre en Madrid. Arancha Moreno habla con Álex Díez sobre las razones de su marcha y sus nuevos planes: un futuro museo dedicado al pop.

 

Texto: ARANCHA MORENO.
Fotos: ARCHIVO ELEFANT.

 

A —casi— todos nos sorprendió descubrir la prejubilación de Álex Díez. El antiguo líder de Los Flechazos y alma máter de Cooper ha decidido despedirse de su carrera musical después de 35 años de discos y escenarios. Tiene cincuenta y pocos, pero cree que ha llegado el momento de concentrar sus energías en otro sitio, por supuesto muy cerca de su amado pop. Acaba de crear la Fundación Club 45 con la que piensa abrir el Archivo gráfico de la era pop en un pueblo de León, además de seguir con su proyecto editorial, Chelsea Ediciones. Nos recibe en las tripas de Malasaña, al fondo del larguísimo pasillo donde habitan los compañeros de La Trinchera, su agencia de comunicación. Se va, sí, pero con una sonrisa tremenda y un discurso coherente. Actúa este sábado en el Ocho y medio Club de Madrid y después ya tiene planes. Muchos planes.

 

Tu carrera iba hacia delante, tenías tu público y seguías sacando discos nuevos, y girando. ¿Cuándo y por qué razón has decidido colgar los cables y los micros?
Desde el disco Mi universo ya llevaba dándole vueltas a dejarlo, pero no lo hacía por la gente, por los seguidores más fieles. Notaba que había movimiento, entendimiento, que iba a ser un poco sensación de orfandad. Pero en mi cabeza mi último disco siempre fue Mi universo. Luego hemos querido alargar un poco más la fiesta.

 

Así que esa reprocidad del público te ha mantenido en activo ocho años más.
Sí, han sido años que he hecho muchas cosas. El minielepé UHF ha sido interesante, la recuperación del repertorio de Los Flechazos [Popcorner. 30 años viviendo en la era pop] estuvo genial… y este último disco [Tiempo, temperatura, agitación] también está muy bien, las canciones me gustan mucho. Pero he tenido la sensación de estar jugando la prórroga.

 

Una prórroga que tú conocías, pero que los demás no sabíamos.
Puede ser. A mí me está sorprendiendo mucho que sorprenda mi decisión, eso me deja descolocado, porque me parece que lo más natural es que las cosas acaben así. De hecho, es un poco triste ver muchas carreras de gente que sigue subida en el escenario, gente que tú entiendes que no debería estar ahí. Todos hemos tenido esa sensación en muchos conciertos, y yo lo que no quiero es transmitir esa sensación de incomodidad a la gente que me ha seguido siempre. Y mucho antes de que esa sensación aparezca, me retiro.

 

¿Dejas los discos y los escenarios? ¿Lo dejas todo?
Sí.

 

¿Y la chispa de la creación te ha dejado a ti?
Tengo muchas maneras distintas de canalizar mi necesidad de creación, no tiene por qué ser en canciones. Toda mi vida me he planteado proyectos y retos en los cuales ser una persona creativa tenía mucho valor. Haré otras cosas que habían quedado aparcadas. Todo el mundo me dice que qué voy a hacer con las canciones. Muchas veces hacía canciones por tener que rellenar un disco. Luego me salían guay, pero soy un compositor de oficio también. Si me salen canciones se las regalaré al grupo de mi hija o a algún amigo, o me las quedaré y las tocaré en casa, no me preocupa.

 

«Si ya no puedo pegar saltos ni hacer que la gente apriete los dientes en los conciertos y que mueva el cuello, a lo mejor no me apetece seguir»

 

Recuerdo que, cuando se despidió oficialmente Miguel Ríos, comentó que prefería irse antes de convertirse en una caricatura de sí mismo. ¿Ese tipo de imágenes también estaban en tu cabeza?
Sí. A mí me abruma la responsabilidad, siempre he sido una persona muy responsable, y tener la voz bien para los conciertos, estar en las mejores condiciones… Tuve un accidente de moto hace siete años, me rompí la tibia y el peroné, estoy un poco limitado físicamente, pero bueno, podría seguir otros diez años perfectamente. Me parece que puedes ofrecer otras cosas, con la edad, otra perspectiva, otro tipo de música, pero no tengo muy claro que vaya a ser igual de bueno ofreciendo eso que lo que ofrecía cuando tenía 20. Si ya no puedo pegar saltos ni hacer que la gente apriete los dientes en los conciertos, y que mueva el cuello, a lo mejor no me apetece seguir. En los últimos años he trabajado muchísimo el formato acústico, he tocado mucho en teatros, me ha funcionado muy bien, me he inventado un personaje que hablaba mucho entre canción y canción. Yo, que no hacía nada más que mirarme a los pies en la época de Los Flechazos y no decía ni mú. Pero había un equilibrio, un balance, con mi otra manera de ser. Creo que no voy a ser capaz de hacer solo eso. Eso me ayuda a tomar la decisión.

 

No querías renunciar también a la energía, que es importante para ti.
Eso es. En la gira de 2016, cuando recuperamos el repertorio de Los Flechazos, fue un encuentro con ese tipo de energía. No tanto con el repertorio del grupo, que para mí es muy querido y para la gente mucho más, pero con ese tipo de sensibilidad. Eso ha influido mucho en el último disco. He intentado hacer una especie de recreación posmoderna, siglo XXI, de lo que hacía con Los Flechazos. Y por eso todo el mundo dice que se había completado el círculo con este disco. Entonces, sin haberlo decidido a priori, ha sido una cosa bastante natural terminar con este disco.

 

Supongo que, ahora que te vas, le estás dando muchas vueltas a todo lo que has vivido. ¿Cuál crees que ha sido el momento más algido de tu carrera musical?
Un montón, me toca rebobinar muchísimo. Al ser una gira de despedida vuelve a aparecer mucha gente que igual en veinte años no había venido a verme, y me dice: “¿No vas a tocar “Suzette”?”. “No, llevo veinte años sin tocar “Suzette”. Sin duda, el momento clave a nivel profesional fue la época del tercer y cuarto elepé de Los Flechazos, cuando teníamos mucha repercusión a nivel mediático. Podría haber pasado algo que no pasó. El momento clave en el que mi carrera cambia de camino, y dejo de ser popular, por decirlo de alguna manera, es cuando decido editar solo singles. En 2003, 2004 me canso del formato álbum y decido que voy a grabar singles, que luego Elefant edite recopilatorios como quiera. No pensaba que los medios de comunicación iban a dejar de prestarme atención, que iba tan por delante de las cosas. ¿Por qué no se iba a hacer una reseña de un single, igual que se hace de un elepé? ¿Por qué los programadores de los festivales no te van a contratar porque no tengas un álbum? Pero me equivoqué, y eso supuso un poco la tumba comercial del proyecto de Cooper. Y hemos tenido que remar. No me arrepiento en absoluto, hice lo que tenía que hacer, pero fue perjudicial para mi carrera.

 

Me hablas de puntos de inflexión que marcaron el rumbo de tu carrera. ¿Y los mejores momentos?
Es que he vivido muchos, muchísimos. He tenido mucha suerte. Hice una gira por Alemania en las Navidades de 2004. Hicimos un concierto de Nochevieja en el Atomic Café de Munich, nos invitaron a cenar los dueños de la sala en su casa. A las doce de la noche, en Nochevieja, en Alemania lanzan fuegos artificiales. Nos subieron a la planta de arriba de un parking, era el último día de una gira de diez fechas por Alemania, en mitad de la nieve y de la Navidad, no sabíamos que se iba a iluminar el cielo de fuegos artificiales, y brindamos con champán. Fue como estar en el cielo, y acto seguido bajamos al infierno, a tocar en el Atomic Café, donde hubo una fiesta descontrolada con chavales jovencísimos superhipsters, porque Munich es como la Barcelona de Alemania, y el Atomic Café es el sitio más guay para pasar una Nochevieja. Hice una canción, “Munich”, que habla de todo eso. Nos pasamos toda la noche de fiesta y luego íbamos como zombis por el hall del aeropuerto para coger el avión de vuelta a España.

 

 

Una escena para recordar, vaya.
Esa es una, he tenido 200.000. Hemos tocado en el primer FIB, en el primer Festimad, hemos tocado en Inglaterra, en Italia, conciertos increíbles en Madrid… Madrid es el sitio donde me he sentido más vivo encima de un escenario. Es la ciudad más musical de España, la que mejor acoge cualquier tipo de sonido. Es un poco un espejismo para los que viven en Madrid y luego viajan para tocar a Zaragoza o Almería, y se encuentran con la realidad de la red de salas y del circuito, pero es muy agradecido. Mi mejor público siempre lo he tenido en Madrid.

 

¿Por eso te despides aquí?
Sí, aquí digo adiós. Me han reñido [ríe]. En León me despido de una manera que también es acertada, pero no sé si lo entenderán o no. En vez de dar mi propio concierto he apostado por tocar en la programación de un festival que empieza, Hallowindie. Es la primera vez que se va a tocar en el Palacio de Congresos de León, que se acaba de inaugurar. Yo podía dar mi concierto, pero me parece más chulo darlo así.

 

Como apadrinando a otros.
Sí. Aunque no sé si lo han entendido.

 

Bueno, de Madrid tienes que despedirte, pero en León te van a seguir teniendo, que vives allí. Ahora que hablas de festivales, has sido impulsor cultural toda la vida. Fundaste el Purple Weekend en los 90.
Sí, hice los primeros cuando eran una concentración pequeña, y luego cuando se dio el salto a nivel internacional. En las seis primeras ediciones fui quien lo diseñó, con otra gente. El diseño del Purple era muy divertido porque cogía lo que más nos gustaba de los festivales donde habíamos tocado Los Flechazos. Habíamos tocado en el FIB, que era temático, indie, así que nosotros hicimos uno mood. Habíamos tocado en el Festimad y me había encantado el ambiente que había durante el día en el Círculo de Bellas Artes, en un escenario con grupos funcionando, con una especie de mercadillo de sellos discográficos. En aquel momento eso no existía, el concepto de festival no se había generalizado ni se había definido. Del BAM de Barcelona me gustó mucho la itinerancia. Yo veía que la gente iba de una plaza a otra, y que el movimiento generaba una energía que molaba, y en León, que haya 2.000 personas andando por la ciudad de un escenario a otro se nota mogollón. Esas tres vertientes fueron las que diseñamos para el festival.

 

Después te desligaste del festival, ¿no?
Sí, lo que pasa es que entré a trabajar en el ayuntamiento de León, y fui técnico en la concejalía de Fiestas nueve años, organizando conciertos y programaciones, pero también la cabalgata de los Reyes Magos.

 

¿En qué momento fundas la editorial Chelsea?
Pedí una prórroga por cuidado de hijos para escribir mi libro, Club 45, porque no tenía tiempo con el grupo y con el trabajo, y escribí el libro. Luego tuve el accidente de moto y me quedé en cama dos meses y medio, y le di demasiadas vueltas a la cabeza. Pensé: “A ver cómo convierto este proyecto, al que había llamado Ediciones Chelsea, en una cosa seria”. Ahí surgió la idea de la colección de Mis documentos, también porque había salido muy bien Club 45, y vi que igual sí era capaz de sacar eso adelante sin tener tanta experiencia. Es una editorial un poco punk, porque es háztelo tú mismo con pocos prejuicios, con poco respeto a la manera seria de hacer las cosas. Como cuando los Buzzcocks entraban en los estudios de grabación en el 77 y les decían: “No puedes poner el bajo así”. “Ya, pero es que me gusta cómo suena”. En esto es: “Es que esa línea viuda…”. Ahora ya lo he aprendido, pero me gusta así, lo voy a dejar. No sabíamos cómo se hacían las cosas, hemos ido aprendiéndolas, y ahora que sabemos cómo se hacen, unas veces seguimos la pauta y otras no.

 

No tan ortodoxo, por estilo y por gusto. Sigues con Chelsea adelante, ¿no?
Sí, tenemos 17 referencias, entre ellas el libro de Los Nikis (NPI de música, de Joaquín Rodríguez), el de Los Elegantes, el de Club 45, el de Nacha Pop… y ahora sacaremos el de Tony Fletcher y el de Los Salvajes.

 

También te has sumergido en un nuevo proyecto: una especie de museo del pop. Háblame de ese proyecto, cómo nace y en qué consiste exactamente.
He creado una Fundación, Club 45, para difundir y promover la cultura pop. La idea es colaborar con instituciones, ser interlocutor cuando seamos necesarios y trabajar para conseguir que definitivamente el pop y la cultura pop se acepten como materia de estudio e investigación en el mundo académico, colaborar en ese camino. Aparte de muchas colaboraciones puntuales que podemos hacer a nivel nacional, hay un objetivo muy importante: la creación de un archivo museo, el Archivo gráfico de la era pop. Estará ubicado en un pueblo de la provincia de León, Santa Colomba de Somoza, una especie de centro cultural donde habrá muchas actividades: seminarios, ponencias…será un sitio de consultas y de investigación, además de tener la parte expositiva y habrá conciertos, sesiones de DJ… Todas las disciplinas relacionadas con el pop: diseño gráfico, periodismo musical, fotografía, ilustración… todo cabe. Lo que nos dé nuestro presupuesto, pero la idea es trabajar en esa línea.

 

Una línea que, por cierto, no se ha trabajado mucho aquí. No me suena que exista un lugar de este tipo en nuestro país.
No, hay muchas cosas en muchos sitios, pero un sitio como este no hay ninguno en el mundo. Yo no conozco. Existen museos del rock, algunas cosas, pero son cosas distintas. Esto es una colección pop de memorabilia de los años 60. No hay ni un solo objeto que sea único, son todos objetos creados en cadenas de montaje para producir en masa, para que sean cuanto más populares mejor. Tarjetas promocionales, partituras, fotos promocionales… ninguno de los elementos es único, eso lo hace distinto. Y luego la perspectiva, porque existen archivos muy interesantes, imagínate el trabajo que están haciendo ahora en Cantabria con el archivo Lafuente, que se ha quedado con todo lo de Ceesepe, con cosas de Mariskal, los fondos de Ajoblanco… recuperando una época y transmitiendo que aquello era igual de importante que los impresionistas franceses. Pero el archivo Lafuente, siendo un trabajo importantísimo que tiene conexiones con el pop, no deja de ser un sitio de estudio al que van los investigadores, no tiene su parte expositiva ni su parte de programación. Esto va a ser un poco como el Purple: copio de cada sitio lo que me mola y hago lo mío. Creo que va a funcionar.

 

«Madrid es el sitio donde me he sentido más vivo encima de un escenario»

 

El mensaje entonces es darle valor a lo popular, que cobre importancia y se estudie como algo especial.
Exactamente. Se llama Club 45 por las 45 revoluciones de los discos, no hay nada más pop que un single, que es un arma que es prácticamente material de desecho en el mundo de la cultura, en cambio intentamos elevarlo a categoría de materia de estudio. El objetivo es descubrir por qué el pop, que está tan unido al concepto de popular, a veces es minoritario y no popular. Y por qué a veces lo que es popular no es pop. El logotipo de la fundación es una pegatina de la que ponían nuestras madres en las bañeras para que no nos cayéramos. Una cosa muy sencilla, pero que servía para que estuviéramos de pie y nuestras mamás nos pusieran guapos. Eso es lo que vamos a hacer nosotros con el pop: lo vamos a poner de pie y a sacar brillo para que luzca.

 

Tú además eres coleccionista del género.
Sí, los años 60 son el inicio de la cultura pop en general, los años del beat. Fue un fenómeno de masas que se transmitió en todo el mundo, fue global y tuvo muchísima importancia porque en ese momento todas las bandas hacían lo mismo. Ese individualismo de la posmodernidad no existía. Eso es lo que quiero investigar: por qué el pop era tan importante y luego ha dejado de serlo. He coleccionado de todo: carteles, postales, hojas promocionales, fotografías… para descubrir el inicio. Es el momento clave para mí, pero también para la industria, y estudiarlo ayudará a entender cómo ha sido el desarrollo del resto.

 

Exhibirás allí todos tus tesoros personales, imagino.
Claro, toda la colección, son 35 años coleccionando. Lo que tengo muy potente es una colección de revistas musicales de los años 60 en todo el mundo. De Australia, de Suecia, de Estados Unidos, de Japón… eso va a estar en consulta.

 

¿Habrá donaciones externas?
Está un poco feo que lo digo, la colección tiene un valor intrínseco como colección, pero luego tiene un añadido, y es que es mía, es lo que yo he utilizado como influencia para lo que he creado en 35 años. Ahí están todos los discos que yo he escuchado para hacer “Viviendo en la era pop” o “La chica de Mel”, las fotos que hemos utilizado en las portadas de los singles, en los carteles del Purple Weekend, las influencias de las que hablo en las entrevistas, todos los discos de los que hablo en mi libro Club 45… esa conexión también tiene valor, va a ser un sitio al que van a peregrinar muchos fans de Los Flechazos y de Cooper, y también tendrá el rincón del personaje, con mi Lambretta, mis seis guitarras, carteles, fanzines que hacía cuando era crío… pero para mí lo que tiene más valor es la colección original de material de los 60.

 

¿Cuándo se va a abrir el museo?
En esta legislatura. Tenemos el proyecto clarísimo, pero hay que construir el edificio. Vamos a recuperar una antigua fábrica de curtidos del pueblo, es un proyecto un poco ambicioso. Hemos hecho un vídeo que lo explica todo en menos de tres minutos.

 

 

Antes hemos hablado de tu concierto de despedida en Madrid, que es el sábado 9 de noviembre. ¿Qué estás preparando?
No va a ser una noche especial por el repertorio, es tan especial ya de por sí la noche que las canciones que van a sonar son las mismas que han sonado hace unas semanas en Granada.

 

Como el final de una gira.
Sí. Hay una parte del repertorio con el último disco de Cooper, algunas canciones de Cooper, algunas de Los Flechazos para los más nostálgicos también y poco más. Una fiesta de despedida con los amigos.

 

¿Esperas esa fecha con emoción o con nostalgia adelantada?
Instant nostalgia, como dicen los ingleses. Acaba y al minuto del final del concierto ya lo estás echando de menos. Yo, si te soy sincero, estoy deseando que llegue y pasar página. Tengo la responsabilidad de querer hacerlo bien, pero tengo la cabeza a mil años luz de todo esto, estoy pensando en el museo, en mi vida cuando deje la furgoneta aparcada. Si he decidido dejar esto es porque estoy cansado, estos meses han sido agotadores y me apetece que llegue el momento, disfrutarlo y empezar de cero.

 

Haciendo balance musical de tu carrera al frente de Los Flechazos y al frente de Cooper, ¿qué crees que has aportado desde tu trinchera?
Creo que he tenido una voz propia y que lo que he hecho no lo ha hecho nadie. Por lo menos queda ahí para que la gente lo valore como le parezca. He sido fanático de muchos artistas españoles que me han influido muchísimo, a lo mejor solo con un single, pero para mí han sido importantes. Yo nací a este mundo buscando discos polvorientos en cajones de segunda mano, nunca me preocupó si mi música iba a ser el flavour of the month, porque sabía que, aunque acabara en cajones polvorientos de segunda mano, algún chaval lo iba a buscar y lo iba a encontrar. Formo parte de esa cultura, así que me parece que mi música va a seguir viva durante mucho tiempo.

 

 

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