Cine: “Sicario”, de Denis Villeneuve

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“‘Sicario’ se vale de su intensísima atmósfera y de un carismático Benicio del Toro –extensión aletargada, al otro lado de la ley y (aún más) temible que su personaje en ‘Salvajes’ (‘Savages’, Oliver Stone, 2012)– para adentrarse una vez más en los abismos del ser humano, aquí sin camino de vuelta”

 

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Sicario”
Denis Villeneuve, 2015.

 

 

Texto: JORDI REVERT.

 

 

A caballo entre 2013 y 2014, los estrenos separados por pocos meses de “Enemy” (2013) y “Prisioneros” (“Prisoners”, 2013) perfilaban la enorme complejidad de Denis Villeneuve como cineasta. De un lado, la críptica y retorcida inspección en los laberintos de la identidad, en la primera. Del otro, las conjugaciones crudamente morales de la segunda. Sin mucho que ver entre sí, ambas películas dejaban constancia de las habilidades del canadiense a la hora de retorcer las coordenadas del thriller contemporáneo con espíritu inconformista y a veces hasta provocador. Dos años después, “Sicario” incide más en la vertiente más física y agreste del género a la que se correspondía “Prisioneros”, pero tampoco renuncia a cierta densidad psicológica a la hora de trazar un estado de ánimo que inunda toda su narración. Este es el de un relato desesperado y fronterizo en el que el escenario es un protagonista más: en Ciudad Juárez y la frontera México-estadounidense la humanidad se descompone de manera dramática y cualquier contrato social queda reemplazado por la ley de la selva. En el tránsito hacia ese enclave tremebundo, el personaje de Kate Macer (Emily Blunt) empieza perfilándose como posible sucesora de la memorable protagonista de “La noche más oscura” (Zero Dark Thirty, Kathryn Bigelow, 2012), pero pronto ve revocada su ferocidad en la fatalidad del contexto. En su particular descenso a los infiernos, esta concentra la pesimista visión del director sobre el paisaje: una tierra sin esperanza que visita para advertir que existen inefables rincones de nuestra realidad gobernados por el caos y el mal, geografías donde la vida no vale nada y la convivencia con la más descarnada violencia forma parte de lo cotidiano –como bien se encarga de remarcar el plano final–. En ese dibujo harto brutal, destaca la llegada a Ciudad Juárez de los protagonistas, prodigiosa secuencia preñada de tensión y sequedad en la que se desmorona toda sensación de seguridad y cualquier certeza de civilización.

Con el ímpetu de la mejor Kathryn Bigelow y algo de la amargura McCarthiana de “No es país para viejos” (“No country for old men”, Joel y Ethan Coen, 2007), Villeneuve arma una suerte de descastado ejemplo de cine bélico en territorio western que desestabiliza al espectador desde su franca violencia, explícita o no. Historia de depredadores imponiendo su ley y presas aceptándola o muriendo en el intento, Sicario” se vale de su intensísima atmósfera y de un carismático Benicio del Toro –extensión aletargada, al otro lado de la ley y (aún más) temible que su personaje en “Salvajes” (“Savages”, Oliver Stone, 2012)– para adentrarse una vez más en los abismos del ser humano, aquí sin camino de vuelta. Allí donde no queda margen para la salvación y se impone la ansiedad de la supervivencia, continúa creciéndose un autor en plena expansión de sus posibilidades expresivas.

 

 

 

Anterior crítica de cine: “Niebla”, de Haemoo.

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