Bruce Springsteen: Oscuridad a las afueras

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«Darkness on the edge of town’ sería un trabajo muy distinto a ‘Born to run’ a lo cual ayudó el hecho de que comenzara a reflexionar sobre su lugar en el mundo, sobre quién era, qué quería y en que medida funcionan las relaciones personales»

 

Springsteen continúa editando ediciones lujosas de algunos de sus discos clásicos. Tras “Born to run” llega “Darkness on the edge of town”, el álbum más oscuro de su carrera hasta que llegara “Nebraska”; pero esa es otra historia, y hoy toca hablar de su estupendo cuarto álbum, recién puesto al día. Juanjo Ordás nos introduce en su escucha.


Texto: JUANJO ORDÁS.


EL CONTEXTO OSCURO

Hay oscuridad a las afueras de la ciudad, no hay lugar al que escapar, sólo cabe quedarse y aguantar. “Born to run” hablaba de correr, “Darkness on the edge of town” de estoicismo. Siempre con optimismo, el disco es un bloque musical cuyas notas y palabras versan sobre el alegre dolor de vivir. Los gritos de perseverancia de ‘Badlands’, el reclamo de un sueño que supone ‘Promised land’ y el rugido de ‘Streets of fire’ conforman vecindad con el retrato del duro mundo laboral elaborado en ‘Factory’, la imposibilidad de continuar corriendo para siempre en ‘Racing in the streets’ y la desolación de ‘Something in the night’. Cada canción ayuda a colorear en tonos grisáceos y oscuros un mural duro, nublado y emocionalmente frágil.

Precisamente desde la inspiradora ‘Badlands’ se cae directamente al infierno de ‘Adam raised a Cain’, del rock de estadio al rock de club. Así, el disco es en realidad una contraposición temática constante, por un lado se retrata un concepto para luego yuxtaponer otro. En ‘The promised land’ el trabajador se libera, mientras que en ‘Factory’ continúa con su rutina. ‘Candy’s room’ habla del amor por una prostituta mientras que en ‘Prove it all night’ el concepto se basa en sentimientos románticos y reales. Y más aún, en ‘Something in the night’ el protagonista reflexiona en soledad y amargura sobre la pérdida a lo largo de la vida, mientras que en ‘Streets of fire’ la tristeza no viene dada por la pérdida ajena, sino por la pérdida de uno mismo. Sin embargo, el tema que abre y el que cierra, pese a ser distintos, mantienen un nexo común. Tanto en ‘Badlands’ como en ‘Darkness on the edge of town’ el protagonista planta cara, en la primera al futuro y en la segunda al pasado, pero con identidad y valor.

Antes de su grabación, el litigio interpuesto contra Mike Appel (su manager hasta entonces) y la imposibilidad legal de entrar al estudio de grabación mantuvo ocupado a Bruce tocando en directo para sobrevivir mientras escribía canciones que no podría grabar hasta que judicialmente se llegará a un acuerdo. Una vez se resolvió el contencioso con Appel, Springsteen se encontró en un buen momento, con múltiples canciones en la cartera y la E Street Band engrasada, aunque por otra parte debía demostrar que no era un «one hit wonder», que “Born to run” sólo había sido el inició de su éxito. Por ello, el de New Jersey decidió que “Darkness on the edge of town” sería un trabajo muy distinto a su predecesor, a lo cual ayudó el hecho de que comenzara a reflexionar sobre su lugar en el mundo, sobre quién era, qué quería y en que medida funcionan las relaciones personales (Appel y él habían sido amigos hasta hacía muy poco). Por ello, “Darkness on the edge of town” es un disco triste aunque esperanzador, oscuro aunque iluminado por tenues luces. El genio creativo de Springsteen estaba orientado hacia un paraje muy distinto al luminoso “Born to run”.

 

LA

 

REEDICIÓN

32 años después llega la reedición «deluxe» del disco que permitió a Bruce seguir creciendo más allá de su primer álbum de éxito, demostrando que podía profundizar temáticamente en su obra y que estábamos ante un artista de larga duración.

No sólo se ha remasterizado para la ocasión, sino que el «package» es exquisito. Por una parte, en lugar de tratarse del típico box set, todo el material viene insertado en un cuaderno que replica aquel en el que Springsteen escribió las canciones y trabajó el «tracklist». Ahí están las anotaciones de su puño y letra, página tras página, y entre ellas algunas de cartulina dura contienen los CD y DVD que realmente dan valor a la obra. Lo más interesante es sin duda el doble que bajo el nombre de “The promise” recopila 21 temas que quedaron fuera del disco. Un disco que no tiene cohesión alguna (¡son descartes al fin y al cabo!) pero que hay que escuchar como si se tratara de lo que es, un compilatorio en el que hay que saborear cada canción de forma individual. Y es que se trata de grandes temas de excelente sonido que no habrían encajado en el disco jamás pero que rebosan calidad. Algunos habrían roto la temática sombría (‘Gotta get that feeling’, ‘Fire’), otros eran apartados por su madera de hit (‘Because the night’, que otorgaría el éxito a Patti Smith) y los que cuadraban en el guión podrían haber roto el ritmo (‘The promise’). En ese sentido, el único fallo de la recopilación es no haber incluido los «outtakes» que sí se sumaron a la caja recopilatoria “Tracks”. Ciertamente ya se habían editado y no eran inéditos, pero habrían permitido obtener en su integridad una visión del trabajo del músico en esta época.

En el cuaderno interior, Springsteen explica que ha retocado algunas de las canciones, majadería en la que también cayeron los Stones para los temas extras de la reedición de “Exile on Main St.”. No es lógico agregar nuevos instrumentos a una canción grabada hace más de 30 años, lo que el fan quiere es escuchar como eran esas canciones en ese instante. Si el tema está inacabado, que se edite como tal o que no se edite. Pero estos anacronismos no hacen más que restar interés a lo que son piezas arqueológicas. De hecho, ‘Save my love’ se ha grabado este año. Aún así, parece ser que Bruce no ha toqueteado en exceso y, en cualquier caso, las canciones son preciosas.

 

IMAGEN

Los tres DVDs son también maravillosos, aunque destaca el grabado en 2009 en el Paramount Theatre, con la actual E Street Band interpretando el disco de cabo a rabo sin público. Es interesante y hermoso ver a Springsteen reencontrarse con estas canciones con perspectiva y madurez, siendo la calidad de grabación perfecta. Dentro del mismo compacto, a modo de complemento, se incluyen grabaciones de archivo de la época en que el álbum se puso en la calle.

Los otros dos DVDs también tienen su importancia dentro de la caja. Por un lado está el documental “The promise”, el cual recorre la grabación de “Darkness on the edge of town” de cabo a rabo con entrevistas e imágenes de ensayos. Sin duda fundamental para disfrutar a fondo de la experiencia que supone escuchar el disco y sus outtakes. El último DVD contiene un concierto de tres horas grabado en Houston en 1978 pero, atención, es más bien un pirata oficial de buena calidad. Está grabado con los medios de la época; no tiene mal sonido ni mala imagen, pero la edición es torpe y su visionado puede acabar resultando agotador. Era importante que formara parte de esta reedición pero en comparación con otros bootlegs de otros artistas la realización a veces es estúpida. Olvídate de ver a Steve Vand Zandt más de unos cuantos segundos por canción, es Springsteen quien monopoliza la actuación, algo lógico, pero las cámaras se enfocan casi exclusivamente en él. En cualquier caso, un buen documento.

La costumbre de Springsteen de revisitar su obra esencial es digna de elogio, la caja conmemorativa de “Born to run” fue sobresaleinte, pero con este nuevo lanzamiento se ha superado a sí mismo. Suponemos que también se beneficiarám de un «package» de lujo las obras siguientes, aunque no estaría de más que también se acordara de “Greetings from Asbury Park” y de “The wild, the innocent and the E Street shuffle”. No, no fueron éxitos y fueron sus dos primeros trabajos, los de búsqueda, pero una reedición más sencilla estaría bien.

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