Aerosmith: Crisis y rock and roll

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“La idea de Aerosmith siempre fue la de responder a las grandes bandas inglesas, aquellas que tanto les gustaban. Grupos de sonidos hercúleos como Cream, Led Zeppelin o Yardbirds influyeron en una mezcolanza que también contaba con los Stones y los Beatles”

 

La banda de rock duro Aerosmith pasa por una enorme crisis, aunque no se trata de ninguna novedad. Su trayectoria ha sido de todo menos pacífica, tratándose de un grupo capaz de hacer frente a la crítica pero también de devorarse a sí misma. A continuación, las claves de su nuevo trance.

 

Texto: JUANJO ORDÁS.

 

INICIO Y GLORIA

Formados en Boston, la música de Aerosmith siempre tuvo unas influencias muy claras, aunque la banda pronto desarrolló una personalidad única a pesar de que la crítica más dura les acusara de ser una revisión estadounidense de los Rolling Stones. Y es que, más allá de los labios del cantante Steven Tyler y de una lógica influencia musical (¡hablamos de los Stones de los 70, los de “Sticky fingers” y “Exile on Main St.”!), Aerosmith bebían de fuentes musicales bastante alejadas del grupo de Jagger y Richards.

La idea de Aerosmith siempre fue la de responder a las grandes bandas inglesas, aquellas que tanto les gustaban. Grupos de sonidos hercúleos como Cream, Led Zeppelin o Yardbirds influyeron en una mezcolanza que también contaba con los citados Stones, los Beatles y el blues yanqui entre sus ingredientes. Respecto a Tyler, es indudable que Jagger era un referente a nivel musical y generacional, pero en su caso también pesaba la influencia de iconos como James Brown o de Little Richard.

Su sonido callejero les hacía sonar más sucios que cualquiera de sus referentes, el particular fraseo de Steven Tyler (lo mismo cantaba en la vieja tradición que ametrallaba palabras) pronto marcó la diferencia, igual que el muro sónico del bajo de Tom Hamilton y la batería de Joey Kramer, perfectos para sostener los macizos guitarrazos de Joe Perry y Brad Whitford. Desde la calle ampliaron horizontes, creando sucesivamente obras de gran calidad, de puro rock and roll aunque abierto a distintos prismas. Lo mismo firmaban canciones fulgurantes (‘Mama kin’, ‘Toys in the attic’) que se marcaban temas de tintes progresivos (‘Kings and queens’) o de estructuras más complejas (‘Lord of the thighs’). En este sentido, es indudable destacar sus siete primeros discos, incluido el menor “A night in the ruts” y el sabroso directo “Live bootleg”. Aunque si hay que destacar sus dos obras esenciales habría que citar “Toys in the attic” y “Rocks”, trabajos grabados en 1975 y 1976 respectivamente que les consagraron como la gran formación de rock duro norteamericano. En esos dos discos se encuentra la esencia de la banda en los setenta.

 

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“El abuso indiscriminado de drogas estuvo a punto de destruir su carrera, pero tras espantadas y un disco sin Perry y Whitford (el reivindicable “Rock in a hard place”), la banda se reunió de nuevo con la idea de volver a reinar. Y lo hicieron”

 

UN NUEVO TRIUNFO

El abuso indiscriminado de drogas estuvo a punto de destruir su carrera, pero tras espantadas y un disco sin Perry y Whitford (el reivindicable “Rock in a hard place”), la banda se reunió de nuevo con la idea de volver a reinar. Y lo hicieron.

Abandonaron CBS para iniciar una carrera en Geffen, regalando a su nueva discográfica en 1985 un incomprendido “Done with mirrors”, un buen disco de regreso que, pese a no ser explosivo, fue reventado por una producción floja y una mezcla nefasta. Fue entonces cuando la banda al completo pasó por rehabilitación, inaugurando una nueva etapa de éxito comercial que sería impulsada por su famoso dueto junto a Run DMC, en el que hermanaron rock y rap con gran acierto sobre un viejo clásico de los de Boston, ‘Walk this way’.

En manos del productor Bruce Fairbairn –un verdadero experto en producciones rockeras radiables (Bon Jovi, Kiss, Cranberries, AC/DC)– y con la ayuda de escritores artesanos en la fabricación de hits (Desmond Child, Jim Vallance) el grupo reflotó su carrera con éxitos brutales. La tríada formada por “Pemanent vacation” (1987), “Pump” (1989) y “Get a grip” (1993) dotó a los americanos de un nuevo repertorio comercial, con estribillos luminosos, guitarras limpias y, claro que sí, muy buenas canciones. En este sentido cabe destacar que en esta nueva etapa comercial de Aerosmith no hay ninguna canción en la que no aparecieran como coautores Steven Tyler y Joe Perry. Es decir, sí, se apoyaron en fabricantes de hits, pero como colaboradores, nunca como directores musicales. Así, con una nueva escudería y a pleno rendimiento, la banda alcanzó el éxito más masivo de su carrera, conquistando Europa por primera vez, reclamando EEUU y llegando a todos los rincones del planeta.

“Permanent vacation” presentaba nuevas credenciales. Ahora, los viejos diablos reflexionaban en sus canciones sobre su violento pasado, aunque sin perder fuerza. Básicamente se trataba de un nuevo nivel mental aplicado a una música y letras que aún incidían en cuestiones amatorias y en la juerga salvaje. Fue un muy buen trabajo, con algún punto flojo (‘Simoriah’), aunque notable en su conjunto –incluso temas como ‘Heart’s done time’ y ‘Magic touch’, que aún rezumaban melodías ochenta, suenan excelsos–. El grupo se manejó muy bien en tempos sinuosos (‘St. John’) y piezas pseudo folkies (muy buena ‘Hangman jury’), pero lo que mejor hizo fue parir hits como ‘Rag doll’ (con un gran slide por parte de Perry) y ‘Dude (looks like a lady’), ambas festivas y con arreglos de viento típicos del grupo. Por su parte, ‘Angel’ formulaba una nueva forma de hacer baladas por parte del grupo, cediendo ante el arquetipo “power ballad” (lenta melodía, rimbombancia emocional en los estribillos) quedando aún lejos los tiempos en los que los arreglos de cuerda dominarían a las guitarras.

En vivo, la desintoxicación propició que alcanzaran nuevas cotas de entrega, con una brillante combinación de clásicos y nuevos temas que demostraba que tenían una suculenta carrera a sus espaldas a pesar de su reciente renacimiento. Es muy recomendable el “bootleg” “The end of summer nights”, que documenta el tour de “Permanent vacation”. Ahí se puede comprobar lo bien que cuajaban entre sí canciones de distintas épocas, desde las antiguas como ‘Rats in cellar’ a las nuevas ya citadas, incluyendo una versión de los Beatles (‘Come together’).

El siguiente pasó superó de lejos al notable “Permanent vacation”. “Pump” era aún más explosivo que su hermano menor, conteniendo mejores canciones y pudiéndose considerar como el mejor disco de los renovados Aerosmith. Iniciando la batalla con la agresiva ‘Young lust’ y la refulgente ‘F.I.N.E’ (arrebatador puente el de esta última), el disco contaba con una única balada rompe listas (‘What it takes’), distribuyendo su minutaje entre joviales odas lujuriosas (‘Love in an elevator’), adrenalínicas reflexiones sobre la drogadicción (la potente ‘Monkey on my back’), nueva visita a su manera bastarda de entender el folk rock (‘Don’t get mad, get even’) y amalgamas de rock con certeros estribillos pop (‘The other side’). Pero también había lugar para el trepidante y siniestro rock de ‘Voodoo medecine man’ y el hit ‘Janies got a gun’, una canción de tétrica estrofa y atronador estribillo sobre una joven abusada por su padrastro que les valió un Grammy.

De nuevo, vertiginoso y exitoso tour del que recomendamos el pirata que registró su actuación en Boston, en abril de 1990. Los temas nuevos continúan encajando con sus hermanos mayores sin problemas, nueva audiencia se suma a los antiguos fans, Aerosmith ya son un fenómeno masivo.

Decir que con “Pump” tocaron techo sería mucho decir, especialmente si a este le siguió el multiplatino “Get a grip”, un disco que nació en plena revolución grunge y quizá de ahí que cierto ambiente alternativo y sombrío planeara sobre canciones como las buenísimas ‘Flesh’ y ‘Gotta love it’. De todos modos, se trató de un disco que reincidía en la formula ya planteada y explotada: Rock, balada y pulcra producción y mezcla. Pero si la fórmula funcionaba no había porqué cambiarla. Por última vez, Aerosmith facturarían rock grasiento a pesar de la limpieza sonora (‘Eat the rich’, ‘Fever’, ‘Get a grip’), aunque ahora la balada no sería una, sino dos (‘Amazing’, ‘Crazy’) y está vez la aproximación al folk electroacústico sería un single magnífico (‘Livin’ on the edge’). Sin embargo, es importante destacar un tema como el hit a medio tiempo ‘Cryin’’, una canción que pese a su comercialidad jugaba con acordes propios del blues que el oído atento apreciará.

La vorágine continúa y en su nueva gira la banda se ocupa de no ofrecer ningún producto edulcorado a su audiencia, centrándose en rockear con fuerza y garra. De nuevo, una visita al mercado de los piratas y recomendar ‘Live at Donington’, un «bootleg» que recoge su actuación completa en el festival con un sonido perfecto.

 

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“A partir de entonces todo comenzaría a cambiar para Aerosmith. Habían vuelto a la cima (recopilando sus nuevos éxitos en “Big ones”, de 1995), es más, habían llegado más lejos que nunca en su historia. Pero digerir la fama y canalizarla no siempre resulta fácil”

 

EN CAÍDA LIBRE

A partir de entonces todo comenzaría a cambiar para Aerosmith. Habían vuelto a la cima (recopilando sus nuevos éxitos en “Big ones”, de 1995), es más, habían llegado más lejos que nunca en su historia. Pero digerir la fama y canalizarla no siempre resulta fácil. Para la grabación de “Nine lives” (1997), abandonaron Geffen para volver a Columbia contrato millonario por medio. La grabación del disco reinició la crisis del mito, crisis que hoy día vive su momento más álgido. El grupo corrió una cortina de humo en torno a los problemas que habían tenido que solucionar durante la producción de “Nine lives”, aunque gran parte de sus asuntos internos se acabaron conociendo. Parece que Kramer, Hamilton, Whitford y Perry se enfrentaron a Tyler, Kramer llegó a abandonar la banda para acabar regresando, se grabó un disco inédito y desechado con producción de Glenn Ballard (Alanis Morrisette) y se despidió a Tim Collins, el manager que les ayudó a reconstruir su carrera. Collins no dudó en afirmar que Tyler había vuelto a recaer en las drogas, algo negado por el vocalista, aunque lo innegable es que todo este vórtice a punto estuvo de fulminar a Aerosmith.

Finalmente, volvieron a entrar en el estudio de la mano del productor Kevin Shirley para registrar “Nine lives”, un trabajo sobresaliente aunque muy distinto a todo lo que habían ofrecido hasta la fecha. “Nine lives” era un disco muy elaborado que contaba con melódicas canciones como espina dorsal. Sí, había fabulosos trallazos rockeros (‘Nine lives’, ‘Crash’ o el psicótico medio tiempo ‘The farm’) así como un comercial single (‘Falling in love (Is hard on the knees)’), pero eran las armoniosas ‘Hole in my soul’, ‘Full circle’, ‘Ain’t that a bitch’, ‘Kiss your past goodbye’, ‘Pink’ y ‘Fallen angels’ las que articulaban la obra. Canciones todas ellas hermosas, que desde la citada melodía tocaban palos distintos: Mientras que ‘Hole in my soul’ era la típica balada FM, ‘Full circle’ era casi folkie e ‘Aint’ that a bitch’ sonaba por momentos a jazz de salón. Manteniendo bien alto el estandarte creativo, el grupo se movió hacia nuevos terrenos más sedosos en parte, aunque nada forzados.

Tras la pertinente y triunfal gira (en la que llegaron a versionar el ‘Heartbreaker’ de Led Zeppelin), editaron un decepcionante disco en vivo denominado “A Little south of sanity”. El doble CD montaba un concierto del grupo tomando grabaciones de sus dos últimos tours, algo que chirriaba teniendo en cuenta que los Aerosmith de “Get a grip” no eran los mismos que los de “Nine lives”. Así, el espíritu de continuidad lógica se esfumaba por muy bien que sonaran las canciones, quizá demasiado perfectas y definidas para un disco rockero en directo. Pero lo que catapultó a la banda hacia el firmamento del éxito universal no fue un disco, sino una canción en una banda sonora. ¿Podían ir aún más lejos a nivel de popularidad? ¿Todavía más? No sin perder garra por el camino. El grupo no dudó en edulcorarse en exceso, en supurar miel para grabar ‘I don’ want to miss a thing’, el tema titular de la película “Armageddon”, film protagonziado por Bruce Willis y Liv Tyler (hija del cantante). Cualquier balada compuesta anteriormente por Aerosmith dista mucho de este azucarado tema firmado por Diane Warren (una autora maestra en componer singles). A nivel de producción, las guitarras eran enterradas, con una orquesta y un piano como protagonistas junto a la característica voz de Tyler, quien al menos cada vez cantaba mejor (en la grabación de “Nine lives” descubrió nuevos tonos en su ya de por sí rica voz).

Con todo, Aerosmith sobre el escenario mantenía el tipo. Ahí está otro pirata más que recomendable tanto en su edición en vídeo como en audio. Se trata de “Live in Osaka – Rockin’ into the year 2000”, donde el grupo realmente combustiona en escena en un documento excepcional filmado profesionalmente por la televisión japonesa. Imaginad la calidad.

Arena de otro costal fue la vergonzosa actuación en vivo junto a Britney Spears y Nsync interpretando ‘Walk this way’ en la Superbowl (¡ni más ni menos!), pero lo peor estaba por llegar y se llamó “Just push play” (2001), un disco sin carne, frío y por momentos aburrido. La Zeppeliniana ‘Beyond beautiful’ eran una buena canción, igual que la enérgica ‘Light inside’ o el tema titular (aunque no dejaba de ser un remedo de ‘Walk this way’), pero más allá poco aprovechable había. El problema de “Just push play” es la falta de buenas canciones. La producción moderna podría quedar a un lado si la materia prima sobre la que trabajó la banda hubiera sido de calidad, pero se trataba de canciones de esencia mediocre. Pero aún peores serían las contenidas en el recopilatorio “Oh yeah– Ultimate hits”, con las mediocres ‘Girls of summer’ y ‘Lay it down’ certificando la defunción creativa de un grupo más interesado en sonar en las radios que en el volumen de las guitarras. Ya puestos, la grabación del tema central de la película “Spiderman” de Sam Reimi también fue ridícula.

Todo cuesta abajo y llegó “Honkin’ on bobbo”, el disco de blues que deseaban grabar desde el 93 se concretó en un trabajo aburrido, sin poderío ni empuje al que seguirían ediciones de directos y recopilatorios que dilapidaban lo que había sido un resurgimiento fenomenal. La actitud se perdía en tours que no apoyaban ningún nuevo lanzamiento, haciendo caja y con críticas dispares. Mientras, Tyler combatió victoriosamente una hepatitis, se divorció y continuó girando con la banda. Igual que Tom Hamiltony, quien venció un cáncer de garganta para regresar al seno del conjunto. Afortunadamente recuperaban la salud para seguir con los tours, ¡eso sí, sin material de estudio que presentar!

 

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“La única manera en que podrían recuperar credibilidad sería entrando en el estudio, sin compositores externos y grabando una pieza de rock potente. Ahora mismo la vida de Aerosmith como banda en vivo no importa, tienen que demostrar que la idiosincrasia del grupo sigue funcionando”

 

ACTUALIDAD

La convulsionada actualidad del grupo pasa por un intento fallido de grabación junto al productor Brendan O’Brien, tours cancelados (caída del escenario de Tyler incluida), el anuncio por parte del cantante de que abandonaba la banda y la respuesta de Joe Perry diciendo que buscaría un nuevo vocalista si fuera necesario. Crispación absoluta parcialmente calmada por la reciente aparición de Tyler en un concierto de Perry en solitario clamando que no abandona Aerosmith e interpretando juntos ‘Walk this way’ (¿no hay otra canción para los momentos estelares?). La actitud de Tyler no dejó de resultar extraña en escena, especialmente el comentario que dirigió a Perry micro en mano: “Joe Perry, eres un hombre de muchos colores. Pero yo, hijo puta, soy el jodido arco iris”. Extraño e incluso arrogante.

La única manera en que Aerosmith podría recuperar credibilidad sería entrando en el estudio, sin compositores externos y grabando una pieza de rock potente, exactamente como han hecho Kiss recientemente. Ahora mismo la vida de Aerosmith como banda en vivo no importa, tienen que demostrar que la idiosincrasia del grupo sigue funcionando. Es más, descansar de tanta gira sin “leit motiv” les beneficiaría para plantear un nuevo espectáculo con repertorio renovado. Pero ello implicaría romper con las concesiones hechas a un público ya no masivo, sino hiper masivo y entrar de nuevo en el negocio de las grabaciones en estudio, que poco capital aportan a las bandas a día de hoy. Las razones deberían ser puramente creativas, sin pensar en listas de singles ni en colaboraciones, sino Aerosmith puro y duro.

Perry ha comentado que la colaboración con Tyler durante el concierto de The Joe Perry Project no ha cambiado en absoluto su manera de pensar y que mientras el cantante desea tomarse dos años alejado del grupo, lo que el guitarrista y el resto de la banda desean es continuar tocando. El futuro inmediato, como se ve, está abierto y resulta bastante incierto.

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