“La seducción”, de Sofia Coppola

Autor:

CINE

 

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“Un prodigio de puesta en escena inteligente, ingeniosa y astuta”

 

 

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“La seducción”
Sofia Coppola, 2017

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ. 

 

Algunas obras de la literatura norteamericana realizadas en las décadas que siguieron a la Guerra de Secesión representaban el proceso y éxito de la reunificación del país haciendo uso del matrimonio entre un hombre del norte y una mujer sudista como una (más que obvia) metáfora. En “La seducción”, un soldado unionista herido es encontrado en un bosque de Virginia por una joven, que lo lleva de vuelta a la academia donde vive, un refinado internado sureño para señoritas que ha visto épocas mejores, pero que sobrevive a pesar del conflicto armado. La llegada del cabo John McBurney (Colin Farrell) desgarra de tal manera el delicado equilibrio alcanzado por el grupo de mujeres en la enorme mansión (entre ellas, destacan Nicole Kidman, Kirsten Dunst y Elle Fanning), que nos hace pensar más bien en la absoluta imposibilidad de un verdadero proceso de reconstrucción.

El film nos muestra elegante y sutilmente cómo se rompe poco a poco la insoportable tranquilidad y quietud del internado, enseñándonos grietas que ya estaban ahí pero que ahora se hacen visibles de la peor manera posible. El ambiente es falsamente pacífico y “La seducción” es capaz de construir un tono perverso y retorcido sin necesidad de recursos extremos o excesivos. La supuesta inocencia y delicadeza de las protagonistas esconde en realidad deseos, apetitos y anhelos salvajes y, en última medida, incontrolables. La incertidumbre se acumula rápidamente seduciendo y atrapando al espectador desprevenido en una ambigüedad moral tan atractiva y sugestiva que hace muy complicado alejar los ojos de la película.

La pantalla se llena de bellos decorados, apacibles paisajes, suaves movimientos, delicadas figuras y tensos silencios que se podrían cortar con un cuchillo, en ocasiones rotos por los aquí desasosegantes sonidos de las cigarras, dando como resultado un thriller exquisito y grácil a la par que oscuro y devastador. En una combinación fascinante que va desde la impecable interpretación de todos los protagonistas hasta la paleta de pasteles que dominan la pantalla, “La seducción” es un prodigio de puesta en escena inteligente, ingeniosa y astuta, capaz de aprovechar todos y cada uno de los elementos a su disposición para recrear una atmósfera húmeda, agobiante, sofocante.
Sin maniqueismos ni simplicidades morales, “La seducción” nos presenta un ambiente donde el horror y la calma son igualmente asfixiantes, recordándonos tanto la enorme capacidad disruptiva del deseo desbocado como lo absurdo de su represión.

Anterior crítica de cine: “Spiderman: homecoming”, de Jon Watts.

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