Operación Rescate: «Juez y parte», de Joaquín Sabina y Viceversa

Autor:

sabina-cd-19-11-09

Joaquín Sabina y Viceversa
«Juez y parte»
Ariola, 1985

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

Con nuevo disco puesto en la calle esta misma semana, bien está que nos aproximemos al que, a mi modo de entender, representó la primera gran obra de Joaquín Sabina, este «Juez y parte» de 1985. Un álbum importante por diferentes motivos: Primero porque tras dos trabajos anteriores de búsqueda –el acústico «Malas compañías», el fallido «Ruleta rusa»; obviemos «Inventario», el debut–, por fin Sabina encuentra su tono eléctrico, su tono rockero; segundo, porque este es el primer álbum en el que colabora Pancho Varona, el que será, hasta la actualidad, su brazo derecho, el músico que siempre ha estado a su lado escribiendo y tocando; y tercero, y más accesorio, porque será el elepé con el que dará comienzo el despegue imparable de su carrera. Además, añadamos, «Juez y parte», supone el inicio de su relación con una nueva discográfica, la tercera y en la que permanece hasta el presente, la entonces llamada Ariola, más tarde BMG y en la actualidad Sony.

Ya la portada dejaba bien claras las intenciones de su autor, retratado en un típico piso del centro de Madrid –la placa reflejada en el espejo nos sitúa en la calle Tabernillas–, con pantalón de cuero negro, americana de lana a la moda, máquina de escribir y guitarra eléctrica al fondo: Joaquín Sabina, el narrador, apuesta por el rock, por la modernidad y por la ciudad. Y así es, «Juez y parte» ya contiene todas las claves del nuevo Sabina, el que conquistará audiencias merced a unos textos en los que combina un lenguaje culto y callejero con el que captura la realidad bajo su propio prisma, y lo hace por medio de la electricidad, de un rock con tendencia a los medios tiempos, que bebe tanto de Dylan como del francés Capdeville o del argentino Moris y sus viñetas madrileñas, buscando de manera clara un lugar que en España pocos han querido ocupar hasta entonces: el del cantautor urbano electrificado.

Un modelo que se adecua perfectamente a alguien con una excepcional capacidad comunicadora y narradora, capaz de pintar autorretratos –el rockero de «Whisky sin soda», el sincero de «Cuando era más joven», el sardónico de «El joven aprendiz de pintor» (él todavía no había alcanzado el éxito, pero juega a que sí) o el divertido de «Incompatibilidad de caracteres»–, firmar un relato de serie negra –el sólido y desolador de «Ciudadano cero»–, manejarse con mano certera para el retrato –la delicadísima «Tolito», la urgente «Kung-Fu», la imprescindible «Princesa»– e incluso entregar una de sus canciones más bellas y de las pocas de su cancionero que versan sobre amores felices cocidos en la cotidianidad, pero con su talento natural para la ficción, situando el arranque desde la casualidad: la grandísima y tan olvidada «Rebajas de enero».

«Juez y parte» es un disco que, en suma, nos muestra ya a un Sabina como autor completo, alguien que viaja con una maleta cargada de referencias pero que ha sabido filtrarlas y hacerlas suyas para desarrollar una voz personal que, tiempo al tiempo, le llevará a posicionarse como una figura imprescindible de la música popular en castellano. Producido por Jesus N. Gómez e interpretado por Viceversa, el grupo eléctrico de Sabina, con Varona al frente, el mayor problema de «Juez y parte» es que su sonido, excesivamente hijo de su tiempo, los años ochenta, no ha envejecido nada bien, lo que no impide disfrutar de este puñado de geniales canciones.

 

 

Anterior entrega de Operación Rescate: Nick Cave and The Bad Seeds.

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