Babilonia, de El Hombre Garabato

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DISCOS

«Siguen teniendo esa potencia de aire pop, que los enlaza no solo con grupos anglosajones, sino también con la tradición de su ciudad»

 

El Hombre Garabato
Babilonia

Producciones Santafé, 2021

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Diez años de vida llevan los granadinos El Hombre Garabato como grupo, aunque en esta década solo han producido dos elepés tempranos, tres epés y este Babilonia, que tampoco es que sea demasiado extenso, aunque sí intenso. Es la nueva vertiente por las que va el cauce de muchos de los grupos en tiempos de pandemia, que en el caso que nos ocupa rodea temas como el miedo o la culpa, aunque las melodías siguen siendo muy adictivas y continúan con unas armonías muy trabajadas.

Siguen teniendo también esa potencia de aire pop, que los enlaza no solo con grupos anglosajones –suenan a Eels o The National–, sino también con la tradición de su ciudad, que desde Los Ángeles se ha desplegado en 091 o Napoleón Solo. El Hombre Garabato los acompaña con prestancia. En lo musical, la que abre el disco ya da el tono. “Azotados por un huracán” está perfectamente resuelta, con arreglos precisos, estribillo adictivo –casi épica– y buen gusto.

En cuanto a las letras –pandemia, repetimos–, recogen aspectos que hemos estado viviendo durante estos meses, las imágenes de aplausos en el balcón, por ejemplo; y llegan estas imágenes hasta aspectos emocionales que van a la esencia de la angustia y la soledad, pero que dejan un margen para la esperanza.

La canción más oída del disco, la anticipada como single, “Esto lo he escuchado antes”, es una ristra de frases hechas de esas que han perdido, gastadas por el uso, su sentido y acaban siendo nocivas. “Una sombra y una larga noche” tiene también frases sentenciosas con perfección pétrea –«avanza sin miedo el tonto hacia el abismo»– en unas letras que están enormemente pulidas. Y también pétrea en la canción es la instrumentación, densa y potente, en que destacan los teclados y el compacto solo de guitarra. Un punteo de cuerdas que en “Vuélvete” se acompaña de unos maravillosos coros.

También, en esas letras, hay una búsqueda de pureza, por ejemplo en “Hacia el norte o hacia el sur”, más brumosa en lo musical y que, al final, se acerca a los mejores momentos de Triana o de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba.

Son canciones que no van a cambiar la esencia del pop, pero resultan cautivadoras por sus guitarras y sección rítmica, por sus estribillos y porque apuntalan esa escuela musical que, al escucharla, no aporta ninguna novedad, pero aporta muchas sensaciones.

Anterior crítica de discos: The magnificent seven: Fisherman’s blues / Room to roam band, 1989-1990, de The Waterboys.

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