
«Es el primer disco de Reznor rehabilitado. Justo fue salir de la clínica de rehabilitación y empezar a componer canciones»
Hasta el cuarto disco de Nine Inch Nails se remonta Ignacio Reyo, un álbum que ha ido ganando adeptos con el tiempo y que marcó un antes y un después en la vida de Trent Reznor.
Texto: IGNACIO REYO.
Acababa de salir de La Riviera, tras uno de esos conciertos que sabes que recordarás en los diez segundos antes de expirar. Audioslave presentando su segundo disco, aunque la mayoría de canciones que tocaron, por suerte, provenían del debut. La fecha encima coincidía con el cumpleaños de Tom Morello. Chris Cornell brilló y demostró por qué Alice Cooper le llama “La voz” y entre el fandom rock se le considera la voz de los noventa.
Un colega de la época me dio un cedé con el último disco de NIN grabado. Esperé hasta al día siguiente, en mi ciudad natal, para escucharlo entero. Había oído el single de adelanto, la bailable y con crítica social “The hand that feeds”, que hizo que todos mis sentidos se pusieran en alerta ante la excepcional canción. Tras terminar la escucha del disco, fui a una tienda para comprarme la edición oficial y pillar una entrada para el único concierto de la gira que recaía en el estado, concretamente en Barcelona.
Hace no mucho, preguntándole a Antonio Arias (quizá el músico más articulado de este país) por Robin Finck, guitarrista en directo de NIN, me confesó que sus tres discos predilectos del entonces proyecto de Reznor (desde el 2016 ahora es un dúo con Atticus Ross) eran The downward spiral, The fragile y With teeth.
Se puede casi hasta considerar la trilogía clásica. Su obra maestra, el doble salto mortal bien ejecutado y el disco donde ya se cierra el sonido que hibridaba la electrónica con furiosas guitarras de rock.
Es el primer disco de Reznor rehabilitado. Justo fue salir de la clínica de rehabilitación y empezar a componer canciones. Según declaraciones suyas, este disco iba a estar más basado en el concepto de canción que el material del doble álbum The fragile.
La secuenciación es perfecta, desde la inicial “All the love in the world” que empieza como un tempo lento para terminar subiendo revoluciones, pasando por temas tan potentes como “You know what you are?” o el que da título al álbum, la canción discotequera “Only” o ese final con dos nanas electrónicas, por no llamarlas baladas, que te terminan de satisfacer del todo. En varios temas colabora a la batería Dave Grohl. También Reznor dio las gracias a Rick Rubin. Supongo que tuvieron alguna que otra charla trascendental y motivadora.https://www.youtube.com/watch?v=9ww_JiQDz3U&list=RD9ww_JiQDz3U&start_radio=1
Hace no demasiado se me rompió el tocadiscos, así que tocaba cambiarlo. Vi que Reznor había reeditado muchos de los álbumes de NIN remasterizados para que sonaran bien en vinilo. Es el caso de With teeth, vinilo doble. Nada más llegarme el equipo e instalarlo, me puse a oscuras el disco, fascinándome como la primera vez que lo escuché en un cedé grabable.
El concierto en Barcelona es legendario, y no porque fuera un gran concierto, que lo fue, sino por el calor extremo que hizo en la sala Razzmatazz. Estuve en las primeras filas ocho canciones, hasta que mi cuerpo me pidió un descanso. Fui a la barra y pedí dos botellines de agua fría. Uno me lo tiré encima del cuerpo y el otro me lo bebí. Al final del mismo, podías ver a gente desmayada o con espasmos. Entrevistando a Jerome Dillon, batería de esa gira, se acordaba perfectamente de esa noche. Hasta Reznor estampó su guitarra contra el suelo suelo y nos dejó sin bis.
Reznor ha continuado sacando discos notables y sobresalientes (excepto The slip, la única mediocridad en su carrera), pero más orientados hacia la electrónica. Tal vez por eso fue toda una sorpresa cuando, el año pasado, viéndolos en Londres, empezó el concierto con “Right where it belongs”, de With teeth, un tema sin guitarras, pero con el espíritu clásico de NIN. Tocaron además “Only” con Boys Noize y, según vi en repertorios de la gira, otros temas del álbum en que Robin Finck hacía de valedor de la guitarra.
Han pasado veintiún años desde su publicación, el mismo tiempo en que un estadounidense puede pedirse algo con alcohol. Los tiempos cambian, pero los discos clásicos se mantienen.



















