“Unplugged” (1996), de Alice In Chains

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ACÚSTICOS

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“Layne y los suyos dieron una lección de maestría, lúgubre elegancia y superioridad frente a otros coetáneos”

 

Nueve años después de su fundación, Alice In Chains fueron invitados a participar en los “Unplugged” de MTV. Ignacio Reyo se sumerge en el único registro acústico de la banda de Seattle.

 

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Alice In Chains
“Unplugged”
COLUMBIA, 1996

 

Texto: IGNACIO REYO.

 

Si hay un unplugged que tenga el sonido de un réquiem en vida, ese es el de Alice In Chains. No se preocupen los lectores, que también cabe en la misma etiqueta el del querido Kurt Cobain y compañía. Añadiendo un miembro más al equipo de toda la vida, el guitarrista Scott Olson, Layne y los suyos dieron una lección de maestría, lúgubre elegancia y superioridad frente a otros coetáneos.

A diferencia de muchas de las bandas de Seattle, en Alice In Chains el componente acústico estaba inherentemente unido a su ADN. Solo falta recordar su epé “Jar of flies”, que llegó al número uno de las listas estadounidenses. No tenían las profundas letras de Kurt Cobain, pero sí sentidas palabras que cualquiera podía extraer fácilmente sin necesidad de metáforas complejas. Tanto el tristemente fallecido Layne Staley como Jerry Cantrell jamás escondieron sus fantasmas, sean estos los recuerdos del padre de Jerry en la guerra de Vietnam a través de ‘Rooster’, o la alargada sombra de la parca y la heroína en Layne con ‘Down in a hole’.

 

 

Este disco llegó el en momento idóneo. Llevaban dos años y medio sin tocar en directo y realizaron esta concesión por ser una petición expresa de la antaño notable MTV. Es curioso que Jerry estuviera mal del estómago durante su grabación, porque no se le nota. Lo que sí se nota, y mucho, es el esqueleto en vida que era Layne Staley, consumido por sus diablos internos, o, siendo honestos, por los demonios de la heroína.

En el “Unplugged” hacen algún que otro homenaje a los sobrevalorados Metallica que se encontraban entre el público del neoyorquino Brooklyn Academy Of Music. Escucharlo o verlo entero puede cambiarte el día. Es como ponerse “Closer” de Joy Division, ya puede hacer una mañana soleada que en los laberintos de tu psique todo será oscuridad, el más absoluto averno. Así es como se siente uno escuchándolo. Pero seamos justos: también recuerdas todas las etapas de tu juventud divina, el seguro azar que prometió Pedro Salinas.

 

 

Es un álbum para almas valientes, que se atrevan a mirar al abismo y que el abismo les devuelva la mirada. Un disco cálido y a la vez tremendista en su sencillez. No voy a anotar todas las canciones que tocaron porque, al menos para servidor, son todo clásicos instantáneos de los noventa. No participó en la grabación el bajista original Mike Starr, sino Mike Inez, y este fue el punto de partida y final de la carrera del grupo. Tanto Layne como Mike Starr fallecieron, y el resto de la banda, cual ave fénix, regresó con William DuVall y el nostálgico “Black gives way to blue”, tiñendo de azul oscuro una historia marcada por la ausencia de color que dan el exceso de narcóticos.

 

 

En ese disco seguían siendo tan tenebrosos como siempre, con esa metálica muralla de sonido, esos textos que atenazan los sentidos y la mente, esa combinación vocal tan sobrenatural. Solo que esta vez, el final, desvirtúa la depresión para acercarse a la nostalgia, el grato y triste recuerdo por los capítulos vividos con alguien, Layne, a quien jamás olvidaremos, por mucho que para algunos medios, desde su trágico deceso, naufrague en el sueño eterno. Por desgracia no fue su “Made in heaven” y han continuado con un disco mediocre y prometen sacar nuevo material discográfico.

Despidámonos con unas palabras que el batería, Sean Kinney, me dijo por teléfono sobre el “Unplugged”: “Fue una cosa especial. Durante unos cuantos meses nos estuvieron casi rogando que hiciéramos aquel directo. Pero lo íbamos retrasando, y retrasando, hasta que llegó un momento en que estábamos ensayando y con un plan para hacerlo. Lo único que recuerdo es que estaba muy nervioso porque no habíamos ensayado mucho. Salimos al escenario y creo que tocamos las canciones de una manera estupenda. La fuerza de la banda hizo que todo saliera a la perfección. En esa época no queríamos tocar en directo, pero afortunadamente salió bien, y ahora lo rememoro con cariño.Fue un gran éxito que hizo que nos llovieran las ofertas para girar. Estoy realmente orgulloso de aquel ‘Unplugged’. Además sirvió para que viéramos las cosas de otro modo y nos hiciéramos más responsables. Al final, sobrevivimos. Personalmente, todo lo que sucede si no has pasado por una experiencia así es difícil explicarlo, pero te puedes imaginar cómo me siento cuando me acuerdo de aquello”.

Anterior entrega de Acústicos: “Mordiscos” (2006), de Barricada.

 

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